Nico Rodríguez: «En los Juegos hay tres vencedores; el resto, desgraciadamente, son vencidos»

El vínculo que se ha generado entre Jordi y yo no desaparecerá nunca

rfgvela.es.- Nicolás Rodríguez García-Paz (Vigo, 1991), analizó en conferencia de prensa todas las vicisitudes pasadas en los Juegos Olímpicos de Tokio hasta llegar a morder la medalla de bronce en la clase 470 (“no sabe bien, ya te lo digo”, bromeó), que en los Juegos de París abandonará su formato actual (podio masculino y podio femenino) por la competición mixta.

Acompañado por el presidente de la Real Federación Gallega de Vela, Manuel Villaverde, y por su vicepresidenta, Viviana García, el regatista del Real Club Náutico de Vigo repasó ante los medios de comunicación la dureza de la competición olímpica.

“Es un placer y un honor tenerte aquí no solo como deportista de alto nivel y olímpico, sino también como vigués, gallego y español. Te hemos seguido los pasos desde muy joven”, introducía Villaverde para presentar a “Nico”, que acudió a la sede federativa en Bouzas con su flamante medalla de bronce, conquistada con el catalán Jordi Xammar.

“Quiero agradecer a la RFGV y al Náutico, y a todas las instituciones que han estado con nosotros en todo este camino, la Xunta, Deporte Galego, la Deputación y nuestros patrocinadores. Jordi y yo somos la punta del iceberg, la cabeza visible de un equipo y detrás nuestra hay mucha gente”, explicó Nicolás Rodríguez. “Tenemos dos entrenadores que a diario han estado trabajando con nosotros, un preparador físico, una psicóloga, que considero que ha sido clave para el desarrollo y el desenlace en Tokio”.

Nico realizó varias confesiones a lo largo de su intervención ante los medios que permitieron revivir la dificultad de estos Juegos. “A pesar de que el campeonato no empezó bien y las cosas no se pusieron fáciles, nunca le perdimos la cara. Supimos sufrir. Sabíamos que el campeonato iba a ser muy largo y al final las cosas salieron bien”.

Y compartió su felicidad con todos los medios de comunicación, directivos de la RFGV y el director técnico de la misma, Bruno Gago. “Os puedo asegurar que estoy como un niño pequeño y sin duda para mí es una pasada estar aquí disfrutándolo y compartiéndolo”. Después, respondió a las preguntas que a continuación transcribimos:

– ¿Medalla de todos los regatistas gallegos?

– Sin duda el equipo en general ha sentido todas las medallas como propias. Además de tener un equipo, teníamos un equipo unido. Compañeros que no han competido, por ejemplo en las clases de Iago López Marra y Támara Echegoyen, han llorado con sus derrotas. Nosotros lo hemos pasado muy mal cuando nos hemos enterado, se nos ha puesto la piel de gallina. Todavía teníamos un día muy importante en el campeonato y debíamos abstraernos de todos esos sentimientos que afloran al final; les hicimos ver que nos dolía un mundo por ellos. El 3 de agosto fue un día difícil para toda la delegación española de vela en Tokio. Todo el mundo se alegraba mucho por Joan (Finn), pero había gente con una derrota propia muy profunda. Se vivieron cosas que seguramente solo se viven en unos Juegos porque al final creo que todos ellos se merecían tanto o más que Jordi, que yo y que Joan esa medalla.
Tenemos que estar preparados para asumir las derrotas. El día 4 salí al agua sabiendo que podía ser un vencedor o un vencido, pero que la vida sigue y que si era de los vencidos, tendría que asimilarlo de la mejor manera posible a pesar del dolor que ello iba a conllevar después de tres años de trabajo. Puedo asegurar que los he visto disfrutar mucho con mi medalla, cosa que me hizo llorar. He llorado más que en toda mi vida estos días.

– La presión con la que va a tener que convivir.

– Bendito problema, sinceramente. Siempre he soñado con llegar a este día con una medalla olímpica. Soy un afortunado, una de esas pocas personas que se pueden llegar a pensar que han hecho historia. He escrito una parte de mi historia personal, que va a quedar para toda la vida. Lo que me depare el futuro lo afrontaré de la mejor manera posible y asumiré ese reto encantado.

– El futuro del 470 olímpico.

– Asumimos que el 4 de agosto fue el último día del 470 masculino como tal. La verdad que para nosotros es una derrota como equipo. En cinco años hemos sido capaces de pelear de tú a tú con gente que llevaba veinte años en la clase, Mat Belcher. Medalla de oro, tres medallas olímpicas consecutivas, siete títulos mundiales… Él nos consideraba rivales directos en la primera prueba como se demostró porque vino a por nosotros en la salida. Eso es un orgullo. En cinco años hemos podido pelear de tú a tú y poder mirar a los ojos a alguien con tanta experiencia. Demostramos que podíamos haberlo peleado, luego las cosas salieron de otra manera y nosotros tampoco tuvimos nuestra mejor semana. Creo que en parte ser nuestros primeros Juegos con opciones de medalla nos ha pesado un poco. Pero al final pusimos todo el trabajo encima de la mesa y demostramos que nos lo merecíamos. El equipo australiano no iba a seguir, son los cuartos Juegos del equipo sueco y probablemente no iban a seguir, el equipo americano tampoco… El nuestro es un equipo joven, que venía desde atrás y que tenía margen de mejora. Hay que asumirlo. Creo que esto se podía haber defendido de mejor manera. Pero como estos temas son de nivel político que desconozco y no soy capaz de llegar a entender, tampoco voy a emplear mucho tiempo en algo que no me concierne.

– El siguiente paso.

– No tengo ni idea, de verdad. Mi vida se acababa el 4 de agosto, así me había planteado el objetivo. Llevaba cinco años sabiendo que el 4 o 5 de agosto, porque era el día de reserva, mi sueño se acababa y lo realicé. Estoy enormemente orgulloso. Y ahora lo único que quiero es contarlo y decir “tío, es que no sabes lo contento que estoy, lo que lo estoy disfrutando, y que es una maravilla, una gozada”. Es un bronce, pero cuando pasé la línea de llegada me supo a una gloria que no está escrita, no tengo manera de verbalizar lo que he sentido ese día. En septiembre empezaré a pensar.

– ¿Seguirá unido a Jordi Xammar?

– El vínculo que se ha generado entre Jordi y yo no desaparecerá nunca. Es algo muy especial: llevas cinco años rompiéndote el culo con esa persona, sufriendo, peleándote, porque obviamente nos hemos peleado con el mismo objetivo de seguir empujándonos, auto exigiéndonos e intentando seguir siendo mejores. Cuando esto ha llegado a su final te das cuenta de que hay un vínculo que es para siempre. Jordi será parte de mi familia toda la vida, sé que seré parte de su familia, ya lo siento. Y seguro que nos seguiremos liando en algún proyecto en el futuro.

– ¿Cómo les ha ayudado la psicóloga?

– Antes de llegar a Tokio, a ser mejores profesionales, a ser mejores personas. Y allí nos ha ayudado a ser conscientes de que íbamos a tener que sufrir, que pelear y que también había que disfrutarlo. Hubo días no fáciles de llevar, empezamos el campeonato un poco agarrotados, y eso son cosas que hay que ir gestionando. Tuvimos problemas con el barco: el segundo día se nos habían despegado los labios (las bandas) e hicimos dos mangas con ellos despegados. Los que navegan saben lo jodido que es y éramos conscientes de que ese día nos jugábamos el campeonato. Veíamos que estábamos lentos, que se movía agua dentro de la cajera de una manera que no era lo normal, y asumimos ese día. Si te soy sincero, creo que la medalla se ganó ese día, que lo salvamos con un décimo y un sexto que valen mucho más que cualquiera de los dos primeros. Ella forma parte de que nunca nos diésemos por vencidos. Hubo una zona de más de treinta centímetros que se despegó, seguramente por el calor y la humedad, muy altos. La nuestra era una cinta de doble cara que teníamos más que testeada. Llevábamos más de un año usándola en Europa sin ningún problema. En cinco años fue la primera vez que nos pasó. Siempre crees que llegas con todo controlado. Asumo parte de la culpa porque ese era uno de mis departamentos, pero son cosas que a veces no puedes controlar y hay que saber sobreponerse. Ese día tocó trabajar hasta las nueve de la noche, que nos echaron del club porque cerraba. Al día siguiente salimos al agua y también tuvimos una penalización en barlovento y acabamos haciendo un decimocuarto. Por eso digo que ese décimo del segundo día seguramente nos salvó la medalla.

– ¿Diferencias con un Mundial?

– Todo es diferente. La cara de la gente es diferente, su mirada es diferente, el ambiente es diferente. Llegas allí y ya eres consciente de que hay gente que no lo va a hacer bien. Hay gente que no te da los buenos días, otra que no te habla… y luego hay gente que es directamente normal, como mucha. Se mascan muchas cosas. Al final mucha gente llega muy focalizada en ese trabajo, en llegar a ese día, y cada uno al final lo toma de una manera. Nosotros intentamos ser nosotros mismos, hacer lo que hacíamos siempre, y abstraernos de todo lo mediático, porque éramos conscientes de que íbamos a pelear por una medalla, de que se generará un poco de revuelo o presión, pero queríamos que no nos afectara y decidimos cambiar los números de teléfono y abstraernos de todo eso para intentar normalizar los Juegos en la medida de lo posible. Pero una vez vividos, no tienen nada que ver con cualquier cosa. Es todo mucho más complicada, las cosas pesan mucho más, tomar una decisión cuesta más, tienes más miedo al error, más miedo a fallar. Nuestro rendimiento, y estoy siendo objetivo, ha sido inferior al que hemos demostrado en otras competiciones o entrenando, pero también te diría que el de nuestros rivales, también. El único que realmente ha mantenido ese gran nivel que tenía fue el australiano, y por eso ganó la medalla antes de la Medal Race, porque estuvo directamente en lo que él era capaz de hacer y no falló nunca. El resto cometimos errores que muchas veces no cometeríamos, y en una competición de ocho días, gana el que menos errores comete. Nosotros hemos cometido errores y toca sacarse el sombrero. Otra cosa que aprendí es que hay tres vencedores y el resto, desgraciadamente, son vencidos.

– ¿Tuvo tiempo de vivir la experiencia olímpica?

– Cuando acabó todo estuve dos días en la villa olímpica, en Tokio. Lo disfruté como un enano. Vas allí con una medalla y lo disfrutas mucho más porque pasas a ser un poco el centro de atención en ciertas cosas. De repente te vas a sacar una foto con un amigo y viene gente a sacarse la foto contigo. Son cosas que no estás acostumbrado y que nunca habías pensado. Pero de repente te encuentras con una chica de Sudáfrica que te dice “¿me puedo sacar una foto contigo?”. Y le preguntas que de qué deportes es. “De cross country, pero has ganado una medalla y quiero hacerte una foto contigo”. Hemos vivido en una nube desde que hemos pasado la línea de meta. Solo la sensación de esos días te da ganas de hacer cinco Olimpiadas más para ver si en al menos en una vuelves a conseguir un buen resultado.

– ¿El momento más difícil y el más gratificante de estos cinco años?

– El peor fue quedar segundo del mundo en Enoshima, el mismo sitio de los Juegos, porque perdimos el Campeonato del Mundo, que creo que es algo que a veces solo hay una oportunidad en la vida. Y perdimos por un fallo propio, un descalificado por salida anticipada. Eso lo recuerdo como uno de los peores días de mi vida. Y creo que quedar tercero de unos Juegos lo considero el día más importante de mi vida.

– Galicia, a extraordinario nivel.

– Conozco a Carlos (Arévalo) y un poco a ‘Teri’ (Teresa Portela). He tenido la suerte de compartir un documental que hemos hecho con ellos, que sale la semana que viene. Fui a ver competir a Carlos la serie eliminatoria del K4, me hizo mucha ilusión verlo y sacarme una foto con él. Creo que lo que ha hecho el deporte gallego es indescriptible. La nota que le doy es un sobresaliente muy alto. La única pena que me queda es que Támara y Iago no estén sentados hoy a mi derecha e izquierda porque se lo merecen. Para mí tienen una medalla.

– Tercera medalla viguesa tras la de Moncho Gil (fútbol, Amberes, 1920), la de Begoña Fernández (balonmano, Londres 2012) y esta. ¿Qué supone entrar en la historia de la ciudad?

– Si soy sincero, eso nunca lo piensas. Me parece una anécdota muy positiva. Pero al final cuando piensas en esto lo haces a nivel personal. Luego son cosas que se suman al carro y, sinceramente y de forma coloquial, molan. Pero tengo claro que quiero compartirlo con todo el mundo. Y sobre todo en Vigo, porque es la que considero mi casa, donde he crecido y porque también creo que a través de esto me gustaría aportar para intentar fomentar el deporte, el mundo náutico y la vela. Es duro, se sacrifican cosas, hay mucho trabajo detrás, pero la satisfacción es tan grande y merece tanto la pena… Si puedo ayudar a alguien a que de aquí a los próximos 50 años pueda sentir lo que yo siento…

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