Del Fast Food al Slow Food

| El Slow Food gana la batalla al Fast Food

REDACCIÓN. Pedro I. Altamirano. 19 abril 2021.- Hace unas décadas, los chicos del Wall Street, aportaron al mundo moderno algunas ideas que parecían que cambiaría la sociedad, entre ellas nos enviaron la moda “yuppie” y el “Fast Food”, un modo rápido de vestir y de comer. En definitiva, un mundo donde se imponía el rendimiento sobre las relaciones sociales, donde imperaba el vivir para trabajar. Hoy se ha demostrado como un fracaso social rotundo.

Este modo rápido de vivir la vida, se ha manifestado como causante de la mayoría de los problemas psicológicos, de convivencia familiar y colectiva, con un resultado contrario al que, en principio, se pensaba como medio para incrementar la productividad, cuando solo trajo un descenso continuo de la calidad de vida, y por tanto de rendimiento individual y colectivo.

Parece que aquello que inventaron el Fast Foot, hoy comienza a darse cuenta del error cometido. No por correr se llega antes y mejor, han concluido. Han sido conscientes del ¿porqué? no ha triunfado su sistema de vida y trabajo rápido fuera del ámbito sajón, y han comenzado a mirar al Mediterráneo y al Oriente para replantearse su American way life con respecto a la alimentación.

Comer de pie y de forma rápida un “hot dog” puede ser más rápido, pero esa persona no producirá lo mismo que si se toma un trozo de tortilla de patatas con una caña en la barra de un bar mientras habla con un compañero. Ingerir alimentos precocinados saturado en grasas animal, llenas de colesterol y sin sentido alguno de la nutrición, sólo lleva al sedentarismo, a la obesidad y, por tanto, a la perdida de capacidad física e intelectual que pasan de padres a hijos, lo que produce un gravísimo problema de salud colectiva, que se ceba de forma especial con la gigantesca ola de obesidad infantil. Todo ello lleva, al final, a la falta de productividad por falta de calidad de vida.

Descubren ahora que sentarse a comer de modo “Slow Food” o lo que es lo mismo, comer con calma, pero sobre todo con buenos alimentos, puede que nos “robe” más tiempo, pero al aumentar la calidad de vida y de salud, ganamos en la calidad de la productividad individual y colectiva. El hombre sano, feliz, siempre produce más, y con más calidad.

Por ello, el mundo que nos “regaló” el “Fast Food” comienza a ceder ante un echo incuestionable, que la alimentación para el ser humano no es capricho, es una necesidad vital fisiológica. Si fallamos a nuestras necesidades vitales, el cuerpo, la mente comienza a morir. Este “boomerang” de modo de vida regresa al mundo sajón vestido de azul turquesa mediterráneo, en forma de calma, de buenos alimentos, de modo de vida mediterránea y oriental.

Los clásicos carros de “hot dog” comienzan a desaparecer de las calles de Wall Street, al mismo tiempo que crecen los restaurates de “Slow Food” europeos, con los que todos ganan en salud, felicidad y productividad a través de una alimentación mediterránea al ritmo mediterráneo. Todos, incluso los grandes ejecutivos, que se han dado cuenta que, sentado en una mesa de un buen restaurante, con una buena carta de platos y vinos, con el tiempo necesario, es cuando más rápido y mejores contratos consiguen. Triunfo sin apelativos del Slow Food sobre el Fast Food.