Entrevista a Antonio Fernández Páez, hijo de Tony Leblanc

Redacción Miguel Ángel Jiménez .- Honor es poco, para mí como amante del cine español de aquella época y fan número 2 de Tony Leblanc , con gran satisfacción hoy entrevistamos a Antonio Fernández Páez hijo  del gran Tony Leblanc. Muchos, al igual que yo, habréis disfrutado de películas como La dinamita está servida, Los tramposos, Los pedigüeños, Sabían demasiado y un larguísimo etcétera de horas de risas y entretenimiento protagonizadas por el gran Tony Leblanc. Hace pocos días  hubiera cumplido 99 años y que mejor homenaje que esta entrevista al mayor de sus 8 hijos. Desde Suite Información agradecemos enormemente a Antonio que nos haya atendido para recordar a su padre.

 Cómo hijo del inigualable Tony Leblanc cuéntanos,¿ como era como padre?.

– Cómo bien sabes, él era hijo único y posiblemente esa fue la primera razón para crear una familia numerosa, al haber echado en falta unos hermanos en su niñez y no querer que sus hijos pasásemos por esa situación. Por culpa de su trabajo no pudo dedicar todo el tiempo que quería a la familia, por ello se refugió en el recurso de que le acompañásemos en sus lugares de trabajo siempre que hubiera ocasión; esa relación no fue lo más natural para unos niños, pues aunque fuese una situación privilegiada, llena de enriquecedoras experiencias, también estaba sujeta a la responsabilidad profesional de mi padre y teníamos que frenar nuestra espontaneidad infantil, lo que no quitaba recibir constantes e innumerables muestras de cariño. El beso lo estableció como una obligada caricia cada vez que se unían nuestras presencias.

-¿ Cómo fue trabajar con él en la película El Pobre García? Cómo la viviste?

– Al hacer esa película con 9 años, yo ya contaba con una corta experiencia cinematográfica, al haber intervenido con 4 y 5 años en Un Abrigo a Cuadros y Los Ángeles del Volante, por esa razón no me sentí  agobiado al principio, pero como mi padre era el director de la película, fue inevitable que me llevase más de un regaño durante el rodaje y eso no lo supe gestionar bien, perdiendo  a partir de entonces mi interés interpretativo, a pesar de que hasta el final de su vida mi padre lamentó que yo no hubiese continuado con mi carrera de actor, argumentando que yo disponía de grandes condiciones para haber seguido en esa profesión. Hay algo de lo que me siento muy orgulloso en ese trabajo, y es haber realizado yo mismo el doblaje de la voz, con la dificultad que entrañaba a esa corta edad.

– Conociste a algunos actores de la época ¿Cómo eran fuera de las cámaras?

– Conocer a tantas figuras del espectáculo es sin duda uno de mis mayores patrimonios, sobre todo habiéndoles conocido desde niño y haber recibido de su parte un cariño muy especial en la mayoría de los casos. Se dice que engañar a un niño es muy fácil, pero yo puedo asegurar que no me podía equivocar en la sinceridad del cariño que recibía. Son innumerables las figuras del cine, teatro, copla, circo, deportes, televisión, cultura y sociedad, que conocí de forma muy cercana; de cada uno de ellos admiraba la cualidad artística que les distinguía, pero en todos ellos, salvo contadas excepciones, apreciaba una descomunal humanidad, cuando finalizaban sus actuaciones. Desde niño percibí el reconocimiento artístico que recibía mi padre por parte de sus compañeros de profesión.

– ¿No quisiste ser actor?

– Cómo comenté anteriormente, en el Pobre García sufrí una aguda decepción al descubrir que disfrutaba más como espectador que como protagonista, pero seria más tarde al finalizar mi adolescencia cuando fui consciente que si continuaba con la profesión de mi padre, serian inevitables las comparaciones, y ahí destacaba mi desigualdad con él. Además de no saber cantar, bailar, silbar e interpretar como él, sin duda sufriría la descalificación de gran parte del público tratándome de ventajista y me pareció un listón muy elevado de superar.

– ¿Cómo viviste el accidente de tu padre en 1.983

– El día 6 de Mayo de 1.983 llegué a la Estación de Trenes de Chamartín de Madrid a bordo del tren Correo procedente de Algeciras. En el andén me estaba esperando mi amigo Andrés Isbert para darme la noticia y montado en su Vespino me condujo al hospital 12 de Octubre, que era donde estaba ingresado mi padre. La experiencia fue muy traumática para toda la familia, empezando por él, pero poco a poco fuimos aceptando sin reparos que resultaba más saludable la opción de su retirada de los escenarios, que llevarle flores al cementerio.

– Sé que eres el fan número 1 de Tony Leblanc, ¿Cuáles son tus películas favoritas?¿ Y las de él?

– La admiración artística que tengo por mi padre es inconmensurable. Tengo debilidad especialmente por dos de sus películas, DOS CUENTOS PARA DOS, por ser la primera de protagonista y LOS TRAMPOSOS, la que considero una obra emblemática del humor en el Cine Español. Pero tengo que resaltar que si hizo una gran cantidad de películas, las horas dedicadas al teatro fueron miles de veces más a lo largo de su vida profesional.

– ¿Con que actores trabajaba más cómodo Tony?

– Mi padre compartió su trabajo con miembros de una maravillosa generación que hacían culto del compañerismo, por lo que resultaba muy ameno y divertido con ellos. Él siempre destacaba la importancia que tenían los actores secundarios con Francisco Bernal en la escena del Timo de la Estampita, para su lucimiento en la medida que le servían la escena, como se dice en el argot teatral.

– ¿Cómo fue lo de la manzana, estaba preparado?

– Fue la consecuencia de un reto con José María Iñigo para realizar algo que no se hubiera hecho nunca en una televisión. Y se le ocurrió hacerlo después de ver a mi hermana Silvia merendar regresando del colegio. Sin duda fue una de las primeras performances, aceptada por el gran cariño que disponía del público.

– Me consta que tu padre era un gran boxeador y bailarín de claqué,¿ por qué la comedia?

– El tiempo que le tocó vivir fue muy especial, y desde muy niño se dio cuenta de que tenía unas facultades para destacar en la vida y por ese motivo tocó todos los palos a su alcance para lograr un estrellato. Posiblemente su carisma personal le encauzó en la risa.

-¿ Qué película le hubiera gustado hacer que no hizo?

– Sentía una admiración extrema por LOS SANTOS INOCENTES.

– ¿Cómo vivió sus últimas películas con Santiago Segura?

– Fue maravilloso compartir la metamorfosis de su reencuentro interpretativo. Al principio se mostró muy reacio ante el temor de no dar la talla esperada, pero en la medida que iba recuperando la autoconfianza por las muestras de reconocimiento que recibía, se reafirmó la seguridad en sus cualidades artísticas, convirtiéndose en un Ave Fénix de los ingenios.