



Tradicionalmente los campos de golf formaban parte de lo que todos llamábamos Clubs, era prácticamente una simbiosis habitual, el campo y el club formaban parte de lo mismo. Esta identificación estaba basada en otro elemento imprescindible que era el concepto de socios, ya que eran los propios socios de los clubs tanto el origen, como el fin de esas entidades que nacían y se gobernaban bajo un concepto especial que era el de “sin ánimo de lucro”. De esa forma, promovidos por personas con intereses parecidos y unas características socio-económicos similares, es como nacen, se desarrollan y se mantienen una gran parte de los espacios donde se practicaba, y aún se sigue practicando, mucha de la actividad del golf. Este esquema de socios/clubs/golf se ha repetido no solo en España, sino que también era habitual en la mayoría de los países con tradición golfística, y se sigue repitiendo de forma muy mayoritaria en Latino-América.
El concepto Club era el marco en el que se situaban los campos tradicionales, generalmente promovidos y gobernados por sus socios
Pero como las cosas cambian y evolucionan, también el golf empezó, hace ya tiempo, a tener otras utilidades y se convirtió en un gran “valor” para desarrollos inmobiliarios, turísticos…Esa nueva corriente de golf-valor derivó en la creación de numerosos campos que nacían con un concepto muy distinto a los tradicionales, y antes mencionados, en los que los socios eran toda su razón de ser. En estos nuevos desarrollos los objetivos con los que se creaba un campo de golf eran mucho más mercantiles, y se demostró enseguida que lo que aportaban a las actividades principales de sus promotores eran muy significativas, y en la mayoría de los casos incluso superiores al coste de su desarrollo.
Los campos de golf ya llevan tiempo siendo activos desrarrollados por promotores inmobiliarios, turísticos…con el objetivo de generación de valor añadido
Una vez expuestas las principales diferencias en los objetivos de esos dos tipos de campos de golf, los promovidos por sus socios, y los promovidos por un promotor, surge la cuestión de cómo se debe orientar su funcionamiento, y ahí es donde vuelve a plantearse la cuestión que encabeza este artículo. ¿Se plantea el campo de golf como un espacio físico orientado básicamente a la práctica de este deporte sin mayor intención emocional?, ¿o, por el contrario, se enfoca ese campo de golf para que, además de ser una instalación deportiva y un decorado inmobiliario, se convierta en un punto de encuentro donde se fomenten las relaciones humanas y se generen otras actividades para satisfacer el “alma” de las personas?
La diferencia principal entre campo de golf y club de golf es el concepto de «alma» adicional al de «cuerpo»
En mi opinión, ahí reside la gran diferencia entre el concepto de campo de golf y el de club de golf. Ya no es tan determinante el hecho de que sean sus socios los promotores y gestores, puesto que en un campo de “promotor” también se puede generar el concepto “alma”, generador de emociones y relaciones, superior al concepto de únicamente “cuerpo” donde su gran valor son las instalaciones. Por tanto, aunque jurídicamente no sea tan simple de enmarcar, podemos diferenciar los clubs de los campos en que los primeros se preocupan por algo más que la utilización deportiva de sus clientes, ya que su objetivo es generar, además, una experiencia humana y emocional adicional a lo puramente deportivo.
Ahora la cuestión es si es conveniente, o no, desarrollar el concepto de Club en todos los campos de golf, o no siempre es necesario crear algo adicional a la condición de solo campo. La respuesta, como siempre, no es soberana, pero si estamos seguros que la sostenibilidad, término tan de moda, de un campo de golf será mayor en tanto que sea capaz de aportar esos valores emocionales adicionales a la actividad deportiva, que generan los campos con alma en comparación con los que solo plantean su cuerpo, sus instalaciones, como valor principal.
Para terminar, solo unos pocos aspectos que caracterizan a los campos de golf que tienen los valores adicionales del concepto de club:
– Ofrecen productos de uso a plazo más largo que un green-fee diario.
– Toda su organización está orientada en reconocer a los clientes como amigos y no tratarlos solo como una pura transacción económica.
– Fomentan actividades extra-golf para generar felicidad a sus usuarios.
– Se convierten en un punto de encuentro para los residentes en la zona.
– Animan a la relación entre sus usuarios por medio de equipos del club, viajes…
– Y, en general, plantean una experiencia completa como valor adicional al juego.
En resumen, este pequeño debate solo pretende reflexionar sobre la importancia de que los campos de golf sean algo más que una instalación deportiva y que el concepto Club se puede promover aunque el origen de su desarrollo no venga promovido siempre por sus socios.
Gracias por la atención.
Francisco Aymerich
CEO

