
Felipe De Jesús Estrada Ramírez
«Desgraciadamente pienso que el amor trae más pesares que placeres. Ahora claro que la felicidad que da el amor es tan grande que más vale ser desdichado muchas veces para ser feliz algunas. ¡Es también una cuestión de estadística!
Yo creo que todos nosotros hemos sido muy felices con el amor alguna vez y también creo que todos hemos sido muy desdichados muchas veces.
El amor le ofrece a uno esa incertidumbre, esa inseguridad del hecho de poder pasar de una felicidad absoluta a la desdicha; pero también de poder pasar de la desdicha a la brusca, a la inesperada felicidad.
Pienso que es una experiencia y uno no debe rehusar experiencias.
Yo diría que el amor no puede prescindir de la amistad. Si el amor prescinde de la amistad es una forma de locura. Una especie de frenesí, un error en suma.
Que en la amistad haya algún elemento del amor puede ser; pero son dos cosas diferentes.
El amor exige pruebas sobrenaturales, uno querría que la persona que está enamorada o enamorado de uno le diera pruebas milagrosas de ese amor.
En cambio la amistad no necesita de pruebas
La amistad no necesita frecuencia, el amor sí. Pero la amistad – sobre todo la amistad de hermanos, no- el amor está lleno de ansiedades, de dudas, un día de ausencias terribles, pero yo tengo amigos a los que veo cuatro veces al año y a otros no los veo porque se han muerto.
La amistad puede prescindir de la confidencia, el amor no, si en el amor no hay confidencia uno siente como una traición».
-Jorge Luis Borges
(Fragmento de la entrevista con Joaquín Soler Serrano para el programa «A fondo», abril 1980)

