
Javier NadalHispanismo del siglo XXI
Un 23 de mayo de 1493, comenzaba la historia del caballo en América. Los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, firmaban la cédula que autorizaba la exportación de caballos al Nuevo Mundo.
Europa ha construido su civilización a caballo. Para un europeo, y más en el siglo XV, la vida sin caballos era incomprensible. Pero en América no había caballos. Por eso se pidió a los reyes que autorizaran el envío. Aquel primer contingente quedó constituido por veinte caballos y cinco yeguas del Reino de Granada. Así entró el caballo en el nuevo continente.
Aquellos caballos españoles, de raza ibérica, eran un compuesto genético de caballos del Valle del Guadalquivir, rocines y jacas de trabajo del norte de la península y caballos berberiscos del norte de África. El resultado era un animal fuerte y valiente, resistente y apto lo mismo para el trabajo que para el combate. De hecho, los caballos fueron decisivos para la conquista de América tanto en la guerra como en el transporte.
Con el tiempo, algunos de estos animales pioneros se escaparon de las haciendas y misiones, o fueron capturados por los indios, constituyendo manadas que se desarrollaron de manera salvaje en las grandes praderas tanto del sur, en la Pampa argentina, como en el norte, donde los indios los domesticaron. Así nacieron las razas autóctonas americanas. Los caballos de los pieles rojas eran hijos de los caballos españoles. La cultura del cow- boy y del gaucho, del ganadero de grandes espacios, es igualmente una herencia directa de la colonización española. El caballo terminaría convirtiéndose en animal emblemático de América. Y todo eso salió de aquella cédula firmada por los Reyes Católicos en 1493, tal día como hoy.

