Xavi Altamirano. Suite Información.– No deben ser los niños quienes paguen los platos rotos del desastroso resultado de una gestión política lamentable, protagonizada por politicuchos sin alma que anteponen su estrategia electoral y su búsqueda desesperada de votos a la más elemental actitud humanitaria.
¿Tendrán estos políticos hijos o nietos de doce años, como aquel niño que, entre lágrimas, le suplicaba a un militar que no lo devolviera? Afortunadamente, su teniente coronel reaccionó a tiempo y le espetó: «¡¿Dónde vas con el niño?! ¿No ves que es menor?».
Pues sí. Esos niños que hoy vemos en Ceuta mendigando un poco de agua son exactamente iguales que los que tenéis en vuestra familia. Ni tus nietos ni esos menores tienen absolutamente ninguna culpa de lo que está ocurriendo.
Son niños que no tienen quien les prepare unos cereales o un ColaCao por la mañana; que no tienen quien les dé un mínimo de cariño, una palabra de consuelo o un abrazo. Su responsabilidad en esta tragedia es exactamente la misma que la de cualquier niño que hoy juega tranquilamente por nuestras casas: ninguna.
Y, sin embargo, entre unos y otros, los hemos condenado a mendigar un techo, un mendrugo de pan y un poco de agua, mientras estos energúmenos se enzarzan en una pelea política para ver quién gana el tan manoseado «relato».
Pegaos, insultaos y haced el ridículo todo lo que queráis. Pero dejad una cosa muy clara: los niños hay que cuidarlos.
El torpe sistema que hemos permitido instaurar a estos inútiles solo protege las exageradas prebendas de la clase política — que hace años dejaron muy atrás cualquier límite razonable —, mientras se ha ignorado por completo una realidad evidente: las fronteras de Ceuta y Melilla no son defendibles únicamente con medios policiales y recursos ordinarios.
Desde que se optó por su desmilitarización, se ha querido vender la apariencia de una relación de buenos vecinos con un Marruecos gobernado por un auténtico animal, que utilizando las redes sociales y la presión migratoria como arma, es capaz de empujar a cientos de personas hacia una muerte casi segura en las aguas del Estrecho, simplemente porque le ha molestado una visita de Pedro Sánchez a Argelia.
Eso no es de recibo.
No hay otra forma de afrontarlo:
Deben existir los muros físicos, una muy fuerte presencia militar y el acopio de los vehículos terrestres y marítimos que hagan materialmente imposible que, en cuestión de unas horas, puedan lanzar sobre nuestras fronteras a setenta mil personas.
Pero a estos dirigentes les da exactamente igual.
Tú eres del PP; yo, del PSOE. O al revés. Lo único importante es fastidiar el relato del adversario, aunque para ello haya que ignorar una tragedia humana. Es lo único que consideran útil para subir unos puntos en las encuestas.
Más de un centenar de cadáveres en una morgue improvisada en Ceuta no merece para ellos ni un comentario, ni un gesto, ni una mínima reflexión.
Esa ausencia absoluta de humanidad deberíamos esperar encontrarla en el gobernante marroquí, cuya forma de actuar conocemos de sobra. Lo incomprensible es reconocerla entre nodotros.
Y llegados a este punto conviene hacerse una pregunta.
¿Somos capaces de imaginar una final de un Mundial en Madrid entre España y Marruecos?
Porque, si ese día ocurre cualquier incidente de gravedad…
¿Quién cojones va a defender la fronterita?
Políticos, a los niños hay que cuidarlos. No seáis energúmenos. Maltratarlos no es la solución para lo que habéis gestionado mal.
Hay que repartirlos ente todos y desde esos enclaves, buscar a sus progenitores; no dejarles todo el marrón a los Ceutís.
Esa actitud dejádsela a Junts.



