Xavi Altamirano conversa con Manuel Recio Abad, uno de los artífices de AHIVA, Asociación Habitacional para el Impulso de la Vivienda Asequible, sobre la necesidad de aumentar la producción de vivienda, movilizar suelo y establecer una colaboración permanente entre las administraciones públicas y quienes tienen que construirla.
XAVI ALTAMIRANO.— ¿Por qué nace AHIVA?
MANUEL RECIO.— Porque tenemos un problema de vivienda que ya no admite soluciones parciales. Llevamos demasiado tiempo hablando del precio de la vivienda, del alquiler, de ayudas al comprador, de financiación… y todo eso es importante, pero hay una pregunta anterior: ¿dónde están las viviendas que necesitamos?
Si no producimos vivienda suficiente, y especialmente vivienda a precios asequibles, podremos adoptar muchas medidas, pero seguiremos administrando la escasez. AHIVA nace precisamente con esa idea: ayudar a que se construyan viviendas.
X.A.— ¿Quién puede formar parte de AHIVA?
M.R.— Queremos que sea una asociación sin ánimo de lucro y muy abierta. Promotores, constructores, arquitectos, ingenieros, urbanistas, economistas, entidades financieras, propietarios de suelo y, en general, profesionales y empresas capaces de aportar experiencia, conocimiento, proyectos o soluciones.
No pretendemos crear un club cerrado. Todo lo contrario. Cuanta más experiencia seamos capaces de reunir, más útil podrá ser AHIVA.
X.A.— ¿Y cuál es el principal problema que encuentran actualmente quienes quieren promover vivienda asequible?
M.R.— No hay uno. Ese es precisamente el problema.
Está el suelo, su precio, los plazos urbanísticos, las licencias, la urbanización, la financiación, los costes de construcción, la fiscalidad y finalmente la capacidad económica del comprador.
La vivienda es una cadena. Si falla uno de esos eslabones, la promoción puede dejar de ser viable.
Por eso nuestro lema resume bastante bien lo que pensamos: «No hay vivienda asequible sin suelo asequible, ni vivienda a tiempo sin agilidad administrativa».
X.A.— ¿AHIVA nace entonces para reclamar a las administraciones?
M.R.— No. Nace para colaborar con ellas.
Reclamar cuando sea necesario, naturalmente, pero nuestra filosofía no es colocarnos enfrente de la Administración sino sentarnos en la misma mesa.
Precisamente acabamos de mantener una reunión con responsables de Vivienda de la Junta de Andalucía y salimos con una impresión muy positiva. Existe conciencia de la magnitud del problema y voluntad de buscar soluciones.
Ahora lo importante es convertir esa voluntad en mecanismos estables de trabajo.
X.A.— Usted insiste mucho en la creación de una mesa permanente con la Administración.
M.R.— Porque me parece fundamental. Una reunión puede ser muy útil, pero el problema de la vivienda no se soluciona en una reunión.
Necesitamos continuidad.
Nuestra propuesta es establecer una mesa de trabajo en la que Administración y sector privado puedan analizar periódicamente proyectos concretos, obstáculos concretos y soluciones concretas.
No una mesa para hacernos fotografías. Una mesa para trabajar.
Si una promoción de quinientas viviendas lleva meses detenida por un problema urbanístico, estudiemos cuál es. Si un municipio dispone de suelo pero no puede asumir determinados costes de urbanización, busquemos una fórmula. Si una ayuda pública existe pero no llega a las promociones porque su tramitación es demasiado compleja, detectémoslo.
Se trata de bajar desde las grandes declaraciones a los expedientes reales.
X.A.— La Junta de Andalucía está preparando precisamente el Consejo Andaluz de la Vivienda. ¿Quiere AHIVA estar presente?
M.R.— Por supuesto que nos gustaría participar y aportar nuestra experiencia, siempre que cumplamos los requisitos que finalmente se establezcan.
Nos parece especialmente interesante que se creen espacios estables de participación y colaboración. AHIVA nace precisamente con esa vocación.
Queremos trasladar a esos órganos la experiencia de quienes están todos los días buscando suelo, haciendo números, urbanizando, solicitando licencias, buscando financiación y tratando de conseguir que una vivienda llegue al mercado a un precio que una familia pueda pagar.
La Administración conoce una parte del problema y el sector conoce otra. Hay que sentar ambas partes alrededor de la misma mesa.
X.A.— ¿Una de las grandes reivindicaciones será entonces la agilización administrativa?
M.R.— Sin ninguna duda.
Y quiero dejar algo claro: agilizar no significa eliminar controles.
Significa que los controles se produzcan en plazos razonables.
El tiempo también cuesta dinero. Una promoción que tarda años adicionales en desarrollarse acumula gastos financieros, técnicos y empresariales, y finalmente una parte de ese coste termina repercutiendo en la vivienda.
Por eso creemos que deberían existir compromisos de plazos y una coordinación mucho mayor entre Junta, ayuntamientos, diputaciones y demás administraciones implicadas.
X.A.— ¿Qué importancia tiene el suelo?
M.R.— Toda.
Podemos discutir durante horas cuánto debería costar una vivienda protegida, pero si empezamos comprando suelo caro será muy difícil terminar vendiendo vivienda barata.
Necesitamos movilizar suelo público y privado, acelerar su transformación cuando urbanísticamente sea posible y buscar fórmulas que permitan repercusiones de suelo compatibles con el precio final de una vivienda asequible.
Por eso repetimos que sin suelo asequible no habrá vivienda asequible.
X.A.— ¿Y la financiación?
M.R.— Es la otra gran pata.
Hay que financiar al promotor para que pueda producir y hay que financiar al comprador para que pueda comprar.
Si hacemos una vivienda de 160.000 o 180.000 euros pero una familia solvente no dispone del ahorro necesario para afrontar la entrada, seguimos teniendo un problema.
Por eso son importantes los avales, las ayudas y las fórmulas financieras que reduzcan esa barrera inicial.
X.A.— ¿Qué papel deberían tener las grandes constructoras y promotoras?
M.R.— Fundamental.
Si realmente queremos producir vivienda a gran escala, necesitamos capacidad empresarial a gran escala.
AHIVA quiere incorporar tanto a pequeñas y medianas empresas como a grandes promotoras y constructoras. Cada una puede aportar algo diferente.
Aquí no sobra nadie.
X.A.— ¿Estamos ante un problema coyuntural o estructural?
M.R.— Claramente estructural.
La vivienda necesita planificación a muchos años. Desde que identificamos un suelo hasta que una familia recibe las llaves pueden pasar años.
Por eso no podemos trabajar únicamente pensando en las necesidades del próximo ejercicio presupuestario. Tenemos que preguntarnos cuántos hogares va a necesitar Andalucía durante los próximos diez años y empezar hoy a preparar el suelo y las viviendas que necesitaremos entonces.
X.A.— ¿Qué sería para usted un éxito de AHIVA?
M.R.— Que dentro de unos años nadie recuerde quién propuso una medida concreta.
Me explico. Si conseguimos que una propuesta surgida de AHIVA termine incorporándose a una norma, a un programa de ayudas o a un procedimiento administrativo y eso permite construir miles de viviendas antes, me dará exactamente igual quién se atribuya el mérito.
El objetivo no es que se hable de AHIVA.
El objetivo es que se construyan viviendas.
X.A.— Entonces, si tuviera que resumir AHIVA en una frase…
M.R.— Diría que queremos sentar alrededor de una misma mesa a quienes tienen capacidad para hacer posible una vivienda y preguntarles algo muy sencillo: ¿qué tenemos que hacer para construirla?
Y después hacerlo.


