Manuel Recio Abad. Suite Información.- Al final habrá elecciones y quizá haya llegado el momento de que, además de decidir quién gobierna España, nos preguntemos seriamente cómo vamos a resolver algunos de los grandes problemas que llevamos años arrastrando, entre ellos, probablemente el más urgente para millones de familias: la vivienda.
Pero quiero introducir una cuestión que pocas veces aparece cuando hablamos de vivienda asequible en cantidad y calidad suficiente y que, a mi juicio, resulta absolutamente imprescindible: la paz social, porque la solución al problema de la vivienda en España solo será posible en un escenario de estabilidad, seguridad jurídica, confianza y entendimiento. Sin paz social no habrá inversión suficiente, los fondos de inversión seguirán a medio gas, no habrá colaboración entre propietarios e inquilinos, será mucho más difícil conseguir financiación, los promotores tendrán más razones para pensárselo antes de asumir riesgos y resultará casi imposible alcanzar acuerdos duraderos entre las administraciones públicas, las empresas y los ciudadanos.
Podemos llenar las calles de pancartas, organizar acampadas, convocar huelgas y convertir la vivienda en el nuevo campo de batalla ideológico, pero nada de eso construye una sola casa y, cuanto mayor sea el enfrentamiento, más difícil será conseguir aquello que todos dicen perseguir: que las familias españolas puedan acceder a una vivienda digna a un precio que realmente puedan pagar. La vivienda necesita justamente lo contrario, necesita acuerdos, suelo asequible, administraciones ágiles, financiación para el promotor y para el comprador, seguridad jurídica para quien invierte, para quien alquila y para quien vive de alquiler, colaboración público-privada y una planificación que pueda mantenerse durante muchos años con independencia de quién gobierne.
Porque no estamos ante un problema que pueda resolverse en una legislatura. Las viviendas que España necesita requieren suelo que en muchos casos todavía tiene que desarrollarse, proyectos que deben tramitarse, urbanizaciones que hay que ejecutar y miles de millones de euros que alguien tendrá que invertir, y es muy difícil comprometer semejantes cantidades de dinero en un escenario permanente de inseguridad, enfrentamiento social y cambios continuos en las reglas del juego.
Por eso sería un error monumental convertir la vivienda en otra batalla entre izquierdas y derechas. La vivienda no tiene ideología, la necesita el trabajador, el funcionario, el autónomo, el empresario, el pensionista, el joven que quiere independizarse y la familia que necesita una habitación más, y precisamente por eso debería existir alrededor de ella un gran acuerdo que sobreviviera a los gobiernos y a las legislaturas.
Las elecciones decidirán quién gobierna España, para eso están las urnas, pero al día siguiente de las elecciones seguirá faltando vivienda y habrá que sentarse a trabajar, administraciones, promotores, constructores, entidades financieras, propietarios, inquilinos y representantes sociales, cada uno defendiendo legítimamente sus intereses, pero entendiendo de una vez que ninguno puede resolver el problema por separado.
Llevamos mucho tiempo diciéndolo: no hay vivienda asequible sin suelo asequible, ni vivienda a tiempo sin agilidad administrativa. Quizá haya llegado el momento de añadir una tercera condición, tan sencilla como imprescindible: sin paz social tampoco habrá vivienda.
Podemos seguir enfrentándonos durante otros diez años o podemos empezar, de una vez, a construir.


