




Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 serán recordados para siempre por las 2977 personas inocentes que perdieron la vida, así como por los socorristas y los transeúntes cuyas acciones heroicas salvaron a muchas más personas.
Después de los ataques, los deportes se convirtieron en parte del proceso de curación y en una forma de honrar a los que murieron. El golf tiene un lugar destacado en esta narrativa. Tres equipos de golf, recuperados el mismo día por diferentes personas que trabajaban en áreas separadas en la Zona Cero, subrayan cómo el juego tocó y enriqueció la vida de las personas que trabajaban en el World Trade Center. Fueron donados al Museo y Biblioteca de Golf de la USGA y forman parte de la colección permanente:
- Un hierro medio, encontrado entre los escombros de la Torre Norte. Donación del reverendo Jeffrey Skopak.
- Una pelota de golf, con el logotipo de New York Shipping Alliance (NYSA), recuperada entre los escombros que se cree que está en el piso 20 de la Torre Sur. Donación de Juan Caputo.
- Fragmento de un conductor, encontrado por el bombero Rob Kiernan de la ciudad de Nueva York. Obsequio de TaylorMade Golf Company.
A diferencia de muchos artefactos en la colección de la USGA, estos no se usaron para ganar un campeonato importante o establecer un récord de puntuación. Sin embargo, culturalmente pueden tener más significado, un recordatorio aleccionador de los ataques del 11 de septiembre y pequeños símbolos del espacio que ocupa el golf en nuestra vida cotidiana. Uno puede imaginar los palos apoyados contra la pared de una oficina, o la pelota expuesta sobre un escritorio.
El golf es un juego de esperanza, optimismo y generosidad. Estos artefactos brillan con una luz de recuerdo reflexivo de uno de los días más oscuros de la historia humana.

