



En el espacio que tengo asignado a los inventores españoles “olvidados”. Hoy traigo a Blasco de Garay.
Fue marino e inventor. Según algunas fuentes consultadas, nacido en Toledo en 1500, de ascendencia de familia hidalga y de origen vasco, -esto último ya se presupone por el nombre y apellido-. Tenía dos hermanos, por lo menos, Diego de Alarcón -muerto al servicio del Rey-, el mayor; y una hermana cuyo nombre se desconoce. Se casó y tuvo varios hijos.
Consultados los archivos de las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca, no se han encontrado indicios de su paso por dichas universidades, ni que hubiese cursado estudios superiores de ingeniería o disciplina académica similar. Pero al parecer, debió de haber recibido cierta educación relativa al estudio de las ciencias. Y de forma autodidacta el mismo configuró su programa de enseñanza.
Estuvo sirviendo en la Armada Real del emperador Carlos V, llegando al grado de capitán. Es en ese momento fue cuando se le empezó a conocer por sus ingenios, -inventos-.
Según el ilustre historiador Martín Fernández de Navarrete; Blasco, Blasco de Garay tiene el mérito del invento y puesta en funcionamiento de la primera máquina de vapor de la historia, -barco a vapor-. Este hecho se descartó posteriormente, porque se trató sin duda alguna, de una errónea interpretación de algún documento desaparecido.
Recordemos que este archivo fue saqueado por las tropas napoleónicas y la mayor parte de lo robado nunca fue recuperado, o también podemos citarlo como un claro ejemplo de polémica apologética, originada por el apasionamiento o fanatismo de algunos sectores cercanos a la Corona; más que por los rigurosos estudios históricos. Pero esta circunstancia idealista y un tanto anecdótica, no nos debe sorprender, pues era muy propia de la época.
Lo único que hay de cierto en todo esto, es que Garay fue un hombre de ingenio y un excelente mecánico, construyó una máquina “para hacer caminar las galeras y grandes embarcaciones, aun en tiempo de calma y sin velas”.
Blasco de Garay, hizo llegar a Carlos V una serie de cartas y documentos, en los que le ofrecía diferentes proyectos aplicables a la Armada. Entre los proyectos enviados al Emperador se encontraban: aparatos para la destilación del agua del mar, primitivas escafandras, dispositivos técnicos y aparatajes para el buceo y molinos de mano, para moler el trigo en alta mar, aparte de otras invenciones rudimentarias propias de la época.
Con fecha de marzo de 1858, se conoció el primer memorial que dirigió Blasco de Garay al emperador, datado sin duda, a principios de 1539, que no mereció, por de pronto, más que una simple nota rubricada y no por el monarca: “al Consejo de Guerra”. El 22 de marzo, éste expedía una Real Cédula en Toledo, comunicándole que llevase a cabo el ingenio y prometiéndole mercedes si los resultados fueran positivos. Todos estos documentos se encuentran actualmente en el Archivo de Simancas.
El talento de Blasco de Garay es innegable, tenia la habilidad propia del maestro que todo lo sabe; y basándose en sus conocimientos mecánicos ya empleados en la construcción de sus molinos, ideó y perfeccionó, reduciendo su número de seis a dos, un sistema consistente en unas ruedas de paletas colocadas en los costados de las naves, a la manera de los antiguos vapores, modo de reemplazar a los remeros que tenía por más ventajoso.
He de decir que tanto Blasco de Garay, como otros inventores no muy alejados en el tiempo, basaron sus ingenios en otros anteriores. En este caso Garay tomó como modelo de las ruedas de propulsión del barco -paletas-, a otros realizados por el ingeniero romano Vitruvio, y este contaba: que en la antigüedad se usaban tales ruedas, movidas por bueyes, para suplir la fuerza de los remeros, -Doc.64 del Archivo de Simancas-.
A finales del siglo XV y principios del XVI el ingeniero italiano Valturio y el “inventor” renacentista da Vinci, diseñaron “máquinas de navegar”, que proponían la transmisión del movimiento mediante ruedas accionadas por manivelas, en el caso de Roberto Valturio y de pedales en el caso de Leonardo da Vinci.
Los primeros experimentos que se llevaron a cabo con las máquinas de Blasco de Garay, tuvieron lugar en los años: 1539, 1540 y 1542, en Málaga todos ellos.
En estas pruebas se encontraron algunos defectos, los cuales, fueron subsanados de forma inmediata por el autor. Posteriormente en 1543, se repitió la prueba en el puerto de Barcelona. En esta prueba se encontraba presente una junta dictaminadora que seria la que diese el visto bueno al ingenio, en caso de resultar práctico y funcional. Esta Junta dictaminadora fue designada por el propio emperador y su hijo el príncipe Felipe; y en ella se encontraban algunos notables de la Corte, entre los que figuraba el tesorero Rávago, enemigo del proyecto e incondicional de la nao Trinidad, -capitaneada por Pedro de Scarza-, cargada de grano y que desplazaba doscientos toneles.
En esta comisión calificadora, se encontraban marinos y hombres de mar con una experiencia contrastada. Estos navegantes dieron fe de la viabilidad del ingenio de Garay. La nave de paletas de Blasco de Garay, caminaba mucho más rápido que las naves conocidas hasta entonces. Esta nave, podía recorrer tres leguas en una hora, haciendo varias veces ciaboga mejor que una galera. Carlos V, influido seguramente por Rávago, advirtió inconvenientes y puso algunas objeciones al ingenio de Garay. La mayor objeción impuesta por el emperador fue la de que; definía todo aquello como complicado, costoso y susceptible de resultar peligroso; además, estaba ocupado en asuntos de política exterior, y no podía costear el ingenio. No obstante, al creador del ingenio, se le concedió, entre otras mercedes, una única asignación monetaria, remitiéndole al príncipe Felipe.
El mecanismo propulsor de esta máquina de navegar, quedó guardado como oro en paño. La naturaleza, planos, croquis o bocetos se encuentran a buen recaudo y en el más absoluto secreto en el Archivo de Simancas, -Doc. 60-.
Posteriormente a estas pruebas Blasco de Garay escribió nuevamente al Rey acerca de su invento, pero para curarse en salud, esta vez fue más astuto e inteligente, y no quiso facilitar ninguna descripción, ni planos del mismo, por miedo a que Rávago, tomase buena nota de su ingenio.
Se habla de “una gran caldera de agua hirviendo”, pero Rávago se opuso nuevamente, exponiéndole al emperador, el peligro que correrían los marinos que manipulasen dicha caldera. El peligro estaba claro y era evidente, en cualquier momento la caldera podía estallar y abrasar a los marineros que estuviesen cerca de ella.
Rávago emitió su correspondiente informe negativo al Emperador, el 22 de junio de ese mismo año. Todo esto debería venir recogido en el Doc. 59 del Archivo de Simancas, pero la verdad, es que no aparece nada parecido a una caldera, y eso que estuvo a bordo de la Trinidad.
La situación económica de Blasco de Garay, empezaba a ser angustiosa. Es por este motivo, que escribió senda misivas al Emperador, demandando fondos para continuar con los proyectos, y sobre todo para poder comer. La situación lamentable por la que estaba atravesando el capitán Garay, hizo que vendiese su espada para poder llevarse algo a la boca, que no fuese la raspa de una sardina.
Las misivas que envió Garay a su Majestad imperial nunca recibieron respuesta de ninguna clase. Finalmente, pidió por instancia -al hallarse en caso de extrema necesidad- que se le diese algo, aunque sólo fuera por amor de Dios…
Autor del texto: Jorge LS.



