Xavi Altamirano. Suite Información.– Recuerdo cuando mi compadre JR. me descubrió el calificativo de «mamanabos», tuve la duda de si sería una barbaridad.
Hoy me sabe a muy poco.
Mientras el Jefe se pasea en la neumática «nuestra» por las aguas cercadas para él en la isla, los tontopoll@s ministr@s, se han tragado los deberes de ir a recibir palos hasta en las orejas, a la Ceuta a la que él no tiene bemoles de ir.
«Id vosotros, que a mi me da risa»

Y uno tras otro han ido desfilando por la ciudad, aguantando improperios merecidos, haciendo dos labores muy importante: una, tocar los coj. . . a los Caballas y otra, dejarnos a todos en ridículo internacional, No han servido esas visitas absolutamente para nada; ahora quieren callar las voces con el anuncio de una lluvia de millones que mientras ellos sigan en la poltrona, nunca llegarán a La Comunidad Autónoma, la tendrán que abonar los del gobierno entrante, que se va a encontrar bajo las alfombras, — que son muchas — algo impagable en mil frentes diferentes.
No se les cae la cara de vergüenza a Marlasca y a la «pájara», de contradecirse en lo más esencial. Una guerrilla que solo hace acentuar la imagen de idiotez de este gobierno creado desde un peugeot con el portero de un puticlub, el putero y el que no estaba, que fueron los veedores en aquella selección de mamanabos, que no se realizó solo para la mesa de ministros, si no que eligieron los «mamanabos jefes» de hasta las últimas Casas del Pueblo de los más recónditos pueblos. De ese modo se consiguió manejar el partido desde un grupo de whatssap que seguro se denomina «mis pelotas», nunca mejor dicho. Se han cargado todo el mecanismo al que un partido está obligado a cumplir según nuestra Constitución:
La clave está en el artículo 6 de la Constitución, que dice:
«Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.»
Esto significa que la Constitución no solo reconoce la libertad de creación de partidos, sino que les impone una obligación constitucional de democracia interna.
En la práctica, implica, entre otras cosas:
- Participación de los afiliados en la vida interna del partido.
- Elección democrática de sus órganos y dirigentes.
- Existencia de procedimientos internos para tomar decisiones.
- Respeto a los derechos de los afiliados, incluida su participación en los procesos internos.
- Que las decisiones importantes no puedan quedar sometidas exclusivamente a la voluntad personal de un dirigente, sin mecanismos democráticos.
- Que los estatutos y normas internas establezcan procedimientos para garantizar esa participación.
Esto se lo deben anotar todos los partiduchos cortijeros que hoy compiten por la sucesión del «guapo».
Ninguno cumple con los plazos de primarias, no ya generales, si no que provincialmente no las celebran. No dan ninguna oportunidad al relevo democrático de los cargos, ya que el resultado puede ser peligroso, si el entrante no ejerce de mamanabos.
Vox, eso lo borda.


