
Manuel Recio Abad. Suite Información.- Las próximas elecciones generales en España se presentan como un momento crucial, marcado por el ascenso de VOX y el declive de formaciones tradicionales de izquierda. También las autonómicas que se vayan celebrando como son el caso de Extremadura y casi con toda seguridad de Valencia, darán una idea aproximada de cuales sean las futuras decisiones del hasta la presente, incauto e irresponsable electorado hispano. Este artículo trata de explorar las razones detrás de estos posibles cambios y las implicaciones que pueden representar para el futuro político del país.
El aumento en las expectativas de voto de VOX se puede atribuir a varios factores. Por un lado la insatisfacción con la gestión económica y de seguridad del Gobierno ha llevado a muchos votantes a buscar alternativas más radicales, sólidas, claras, entendibles y urgentemente necesarias. Votantes de opciones izquierdistas han caído en la cuenta del engaño y prefieren ahora opciones de defensa de intereses empresariales a otras que sólo sirven para engordar estructuras sindicales y a sus líderes.
VOX ha utilizado las redes sociales de manera muy efectiva para conectar con un electorado que se ha sentido tradicionalmente ignorado. Todo ello se ha traducido en que también un número considerable de votantes del PP haya cambiado su intención de apoyo dirigiéndola hacia VOX, buscando una postura más firme y clara en temas como la seguridad ciudadana e inmigración.
El Partido Popular (PP) también enfrenta desafíos significativos, pues no ha sabido abordar adecuadamente la solución a problemas claves, lo cual les ha conducido a la pérdida de apoyo social de su electorado tradicional. Sus líderes no ven clara la opción de plantear una moción de censura para desbancar al inquilino monclovita, dando la espalda a lo que hoy es un clamor. Nadie lo entiende y tanto Nuñez Feijóo como José María Aznar y Mariano Rajoy coinciden en ello: no es momento de plantear una moción de censura. Mientras, los españoles observan tal decisión ojipláticos, con el agua al cuello y agotados ya por tanta escandalera.
La falta de una dirección clara y un liderazgo ramplón de segunda, ha generado demasiada incertidumbre entre sus votantes, frente a la emergencia de VOX que ha sabido captar la atención de votantes que antes no habían dudado en apoyar al PP.
Las formaciones de izquierda, como son el PSOE, Sumar y Podemos, también enfrentan un futuro incierto. No así Bildu, que va a hacer sudar la gota gorda al PNV en su interesada y aburrida versión “progresista”. El Euzkadi Buru Batzar se está cubriendo de gloria.
Muchos votantes se sienten decepcionados por el incumplimiento diario de promesas. La aparición de múltiples partidos de izquierda ha dividido el voto y debilitado su influencia y por último, las luchas de liderazgo y la ausencia de coherencia, han afectado a la cohesión e imagen pública de estos partidos.
La demonización de VOX al grito de “…que viene la ultra derecha!!!”, que ya solo causa hilaridad, puede tener efectos contraproducentes, sobre todo cuando se comprueba que su programa es coincidente en un noventa por ciento con el que la UCD esgrimió en sus primeros encuentros electorales, bajo el paraguas protector del centrismo político, al que hoy todos quieren agarrar, no queriendo reconocer aún que ese artilugio se marchó junto a la insigne figura del presidente Adolfo Suárez. Hoy España se divide en dos partes separadas por un muro cada vez más alto e infranqueable al que llaman “polarización. La difusión de información engañosa violenta el debate y dificulta tomar decisiones acertadas a todos los niveles. Los ataques, está ocurriendo con VOX, pueden reforzar el apoyo a un partido, al ser visto como una falta de respeto a la libertad de elección del votante.
Los medios deberían estar presentando la información de manera objetiva para fortalecer la confianza en la democracia, pero no es así. Sólo los medios digitales, defendiendo con valentía la libertad y la veracidad a ultranza, están dando la talla.
El futuro político de España dependerá de la capacidad de los partidos para adaptarse a un electorado en continua evolución y de la calidad del debate público, hoy carente de ella por zafio y peligroso. El enfrentamiento y la desinformación son desafíos que deberán ser abordados para asegurar el sistema democrático robusto y avanzado que España se merece.



