


Considerado Mártir y Santo por la Iglesia Católica, la figura de este teólogo ha influido enormemente en el humanismo del siglo XVI y enormemente en el mundo Católico. Su crítica a la tiranía y su defensa de la fe católica hizo que el Vaticano le otorgara un día festivo en su honor.
Felipe de Jesús Estrada Ramírez.
Cronista de la Ciudad…
Thomas More, en español Tomás Moro y en latín Thomas Morus, venerado por los católicos como santo Tomás Moro, fue un pensador, teólogo, político, humanista y escritor inglés. Además de haber publicado obras en las que abordaba aspectos religiosos y jurídicos también se le atribuye haber escrito varios poemas, puesto que era un hombre de inquietudes artísticas. Llegó a ejercer como Lord Canciller de Enrique VIII y, también, enseñó leyes y trabajó como juez de negocios civiles.

Entre sus obras destaca “Utopía”, un texto tan importante que se le ha considerado el precursor del género utópico en la novela moderna. Se trata de un texto que nos describe cómo sería un país perfecto, una sociedad ideal. Además de este texto también son famosos varios libros en los que se mostró duramente crítico con las nuevas ideas sobre el cristianismo promovidas por Martín Lutero y William Tyndale.
Fue muy amigo del Rey Enrique VIII, su posición contraria a la nulidad del matrimonio real y aversión a la reforma Anglicana acabaría haciéndole ser enjuiciado, acusado de alta traición contra el Rey y por no haber prestado el juramento antipapista cuando emergió la Iglesia de Inglaterra. Quiso que el matrimonio con Catalina de Aragón continuara, y no firmó el Acta de Supremacía en el que se daba plenos poderes religiosos al Rey. Esto sería lo que llevaría a la tumba a Tomás Moro, convirtiéndose en Mártir Católico.
Tomás Moro nació en Londres, Inglaterra, el 7 de febrero de 1478. Fue el hijo mayor de Sir John More, mayordomo del Lincoln ‘s Inn, uno de los cuatro colegios de abogados de la Ciudad de Londres, jurista y posteriormente nombrado Caballero y Juez de la curia real. Su madre fue Agnes More, cuyo apellido de soltera era Graunger.
En 1486, tras haber cursado 5 años de primaria en la antigua y destacada Saint Anthony’s School, fue conducido al palacio de Lambeth, siguiendo la costumbre llevada a cabo por las buenas familias londinenses. Allí sirvió como paje del cardenal John Morton, arzobispo de Canterbury y Lord Canciller de Inglaterra, defensor de las ideas humanistas del Renacimiento.
John Morton acabó teniéndole mucha estima al joven Moro, confiando en poder desarrollar su potencial intelectual y decidió en 1492 sugerir el ingreso de Tomás Moro en el Canterbury College de la Universidad de Oxford, teniendo el joven apenas 14 años. Ahí pasaría 2 años estudiando la doctrina escolástica y perfeccionando su retórica, siendo alumno de humanistas ingleses como Thomas Linacre y William Grocyn.
Tomás Moro acabó marchándose sin graduarse y, por insistencia de su padre, se dedicó a estudiar leyes en 1494 en el New Inn de Londres. Más tarde lo haría en el Lincoln ‘s Inn, lugar en el que había trabajado su padre. Empezó a ejercer la abogacía ante los tribunales y aprendió francés, porque era necesario para trabajar en las cortes de justicia inglesas y ejercer la diplomacia.
En 1497 empezó a escribir algunos poemas, los cuales estaban hechos con una intensa ironía, algo que le valió cierta fama y reconocimiento. De hecho, gracias a esto, tendría sus primeros encuentros con los precursores del Renacimiento, conociendo al mismísimo Erasmo de Rotterdam y John Skleton. Tomás Moro y Erasmo harían una muy fuerte amistad.
En 1501 Moro ingresó en la Tercera Orden de San Francisco, viviendo como laico en un Convento Cartujo hasta 1504, aunque aprovechando esos años para dedicarse al estudio religioso. En esta época traduciría diversos epigramas griegos al latón y comentó “De civitate Dei” de San Agustín de Hipona.
Gracias a varios humanistas ingleses pudo tener contacto con las ideas y artes renacentistas italianas, conociendo la figura de Giovanni Pico della Mirandola de quien tradujo su biografía en 1510. Dejó su estilo de vida ascético, en esta época conservaría algunos actos de penitencia, llevando toda su vida un cilicio en la pierna y practicando ocasionalmente la flagelación.
Al abandonar el convento de cartujos en 1505 contrajo matrimonio con Jane Colt, naciendo ese mismo año su hija Margaret. En 1506 nacería su segunda hija, Elizabeth, en 1507 nacería su tercera, Cicely y en 1509 nació su hijo John. Al dejar atrás la orden de los cartujos pudo ejercer la abogacía con éxito, gracias a su preocupación por la justicia y la equidad y sus extensos conocimientos en leyes. Más tarde sería juez de pleitos civiles y profesor de Derecho.
En 1506 tradujo al latín a Luciano de Samosata con la ayuda de Erasmo. En esa época era pensionado y mayordomo en el Lincoln ‘s Inn, donde dictó conferencias entre 1511 y 1516. También participó en gestiones entre grandes compañías de Londres y Amberes, Flandes y aprendería de primera mano muchas de las visiones extendidas en el continente acerca la naturaleza del hombre y cómo debería ser un soberano respetuoso con el pueblo.
En 1510 Tomás Moro fue nombrado miembro del Parlamento y Vicesheriff de Londres, aunque poco después tuvo la gran pena por el fallecimiento de su esposa Jane un año más tarde. Poco tiempo después se casó con Alice Middleton, una viuda 7 años mayor que él y con una hija, de nombre Alice.
Siendo miembro del parlamento desde 1504, Tomás Moro fue elegido juez y subprefecto en la ciudad de Londres y empezó a manifestar su oposición a algunas medidas impuestas por el Rey Enrique VII. Con la llegada de Enrique VIII, hijo del rey anterior, visto como un “protector del humanismo y de las ciencias”, Tomás Moro integró el primer Parlamento convocado por el Rey en 1510.
Moro viajó por Europa y recibió influencias de distintas universidades. Durante estos viajes por el continente escribiría sus poemas para el rey recién coronado, poesía que llegaría en manos del nuevo monarca quien lo hizo llamar. Así nacería una fuerte amistad entre ambos.
Entre 1513 y 1518 escribió su “History of King Richard III” escrita en latín e inglés, aunque no pudo finalizar la versión en su lengua materna y acabó siendo impresa en inglés de forma imperfecta en la “Chronicle” de Richard Grafton en 1543. Este texto sería usado por otros cronistas de la época, como John Stow, Edward Hall y Raphael Holinshed, transmitiendo así material que posteriormente sería usado por el célebre William Shakespeare en su obra dramatúrgica “Ricardo III”.
En 1515 Tomás Moro fue enviado con una embajada comercial a Flandes, siendo ese mismo año en el que escribiría “Utopía”, cuya versión completa fue primeramente publicada en Lovaina. En 1517 entró a trabajar para el rey Enrique VIII y se le nombró “Master of requests”, pasando a ser miembro del Consejo Real. El rey se sirvió de su diplomacia y tacto, confiando en la figura de Tomás Moro algunas de las misiones diplomáticas más importantes por todo tipo de países europeos.
En 1520 ayudó a Enrique VIII a escribir “Assertio Septem Sacramentorum” (“Defensa de los siete sacramentos”). A ello siguió su designación para diferentes cargos y su condecoración con diferentes títulos honoríficos. En el año 1521 fue honrado con el título de caballero y designado como vicecanciller del Tesoro. Ese mismo año su hija mayor, Margaret, se casaría con William Roper quien sería el primer biógrafo de Tomás Moro.
Tomás Moro veía a la Reforma protestante como una herejía en toda regla que amenazaba a la unidad de la iglesia y la sociedad. Sus primeras acciones en contra de la Reforma incluyeron ayudar al Cardenal Wolsey a deshacerse de libros luteranos que se habían internado clandestinamente en Inglaterra. También se dedicó a espiar e investigar a presuntos protestantes, especialmente los editores, y detener a toda persona que estuviera en posesión, transportara o vendiera libros que hicieran apología a la reforma protestante.
Sus acciones hablaban de todo tipo de malos tratos a los herejes cuando ejerció como ministro de Justicia. Las críticas procedían de muchos anticatólicos, entre ellos John Foxe, alegando que Moro usaba frecuentemente la tortura y la violencia al interrogar a los supuestos herejes.
Durante su período como canciller fueron quemadas en la hoguera por herejía seis personas: Thomas Hitton, Thomas Bilney, Richard Bayfield, John Tewkesbery, Thomas Dusgate y James Bainham. Quemar en la hoguera a los herejes era una tradición en la época. 30 personas fueron quemadas en la hoguera en el siglo anterior a que Moro ejerciera como Canciller, y siguió siendo usada tanto por católicos como por protestantes durante los tiempos convulsos de la Europa en plena reforma religiosa.
Los historiadores están divididos a las acciones religiosas que realizó Moro como Canciller. Algunos biógrafos, como Peter Ackroy, le atribuyen una posición moderada y tolerante en la lucha contra el protestantismo. Otros, como Richard Marius, escribió que el propio Moro llegó a promover el exterminio de los protestantes. Peter Berglar escribió que durante los 12 años de la influencia de Tomás Moro como Vicecanciller del Tesoro en 1521, portavoz de la Casa de los Comunes 1523, canciller del Ducado de Lancaster 1525, juez de la Cámara de la Estrella 1526, asesor del cardenal Thomas Wolsey en numerosos asuntos hasta su nombramiento como Lord Canciller el 26 de octubre de 1529 no se pronunció ni una sola sentencia de muerte por herejía en la diócesis de Londres.
Poco antes de que Tomás Moro renunciara como Lord Canciller fue cuando empezaron las ejecuciones de herejes, atribuidas a la influencia de John Stokesley, nuevo obispo de Londres y líder de la recién fundada Iglesia de Inglaterra.
El rey Enrique VIII se enemistó con Tomás Moro por las diferencias por la validez de su matrimonio con Catalina de Aragón. Tomás, como Canciller, apoyaba que la unión siguiera adelante y no era partidario de la nulidad. Enrique VIII había pedido al Papa que no considerara su matrimonio con Catalina, y la negativa supuso el inicio de la ruptura de Inglaterra con la Iglesia de Roma, proclamándose el Rey como cabeza de la Iglesia de Inglaterra.
El motivo era el deseo de Enrique VIII de tener un hijo varón, algo a lo que la ya anciana Catalina de Aragón no le podía concebir. La nulidad del matrimonio hubiera borrado la infidelidad de Enrique con Ana Bolena, y hubiera legitimado los hijos que hubiera podido tener con ella. De haber anulado el real matrimonio el asunto hubiera quedado en simplemente una anécdota, quizás con alguna desavenencia diplomática entre Inglaterra y España pero poco más.
El papado no concedió la nulidad y Tomás Moro era contrario a aceptar algunos de los deseos del Rey acabaron por terminar la amistad. Enrique VIII vio como un enemigo a Tomás Moro y, tras romper con Roma y ver que Moro se negaba a pronuncia el juramento que reconocía a Enrique como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, el Monarca ordenó que encarcelaran al teólogo.
El rey, mandó juzgar a Moro quien acabó siendo acusado de alta traición y condenado a muerte. Otros dirigentes europeos, admiradores del gran pensador que fue Moro, entre ellos el papa y el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio pidieron que se le perdonara la vida, pero no lo lograron. Tomás Moro sería ejecutado por decapitación en Tower Hill una semana después de haber sido condenado, el 6 de julio de 1535 tenía 57 años de edad.
Fue un injusto y triste final la muerte de Tomás Moro. Aun sabiendo que iba a perder la cabeza esto no le hizo perder su particular sentido del humor, sobre todo confiando plenamente en Dios misericordioso que le recibiría al cruzar el umbral de la muerte. Mientras subía al cadalso se dirigió al verdugo y le dijo:
“Le ruego, le ruego señor teniente, que me ayude a subir, porque para bajar ya sabré valérmelas por mí mismo”. Tras arrodillarse dijo: “Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel; es decir, ella no ha sido desobediente al rey, por lo tanto no hay por qué cortarla. Permítame que la aparte”. Finalmente, dejó su ironía al lado y se dirigió a los presentes: “Muero siendo el buen servidor del rey, pero de Dios primero…”

La obra cumbre de Tomás Moro fue “Utopía” publicada en 1516, un libro que fue el precursor del género novelístico utópico. En esta obra aborda los problemas sociales de la humanidad y los expone en un mundo perfecto e idealizado, una nación que se encuentra en una isla con el nombre de Utopía. Por este libro le valió a Moro el reconocimiento de todos los eruditos de Europa, habiéndola redactado durante una de sus misiones asignadas por el rey en Amberes. Entre sus grandes inspiradores estuvo su amigo íntimo Erasmo de Rotterdam. Las demás obras son diversas, pero siempre tratan temas comunes como el idealismo y la condena de la tiranía. Entre ellas tenemos su “Vida de Pico della Mirandola”, que como hemos mencionado es una traducción de la biografía de este humanista italiano, quien era reivindicador de la primacía de Platón frente a Aristóteles. Puede que la figura de della Mirandola no sea muy popular fuera de Italia, pero gracias a la traducción de Moro ha podido tener una cierta repercusión en el resto de Europa. También está su “History of Richard III”, en la que criticó despiadadamente al rey tirano, quien asesinó a su hermano mayor y a los hijos pequeños de Eduardo IV para asumir el máximo poder. Esta obra la escribió en inglés y en latín, aunque la versión latina es bastante más extensa que la inglesa y ha sido erróneamente atribuida al cardenal John Morton. Moro representa al personaje como un triste antihéroe, representante de la degeneración política y de la tiranía. También compuso algunos poemas en inglés, destacando homenajes al fallecimiento de reinas inglesas y diversos epigramas de su juventud, poemas que emanan un pensamiento antiabsolutista. Para Moro la raíz de la tiranía se encontraba en la avaricia, la avidez de riquezas y de poder, que se alimentan y se excitan mutuamente. No se pueden omitir tampoco sus diálogos y tratados en defensa de la fe tradicional, atacando duramente a los reformistas. Podemos encontrar “Responsio ad Lutherum”, “A Dialogue Concerning Heresies”, “The Confutation of Tyndale’s Answer” y “The Answer to a Poisoned Book”. En otros libros profundiza sobre diversos aspectos espirituales, teniendo “Treatise on the Passion”, “Treatise on the Blessed Body” y “De Tristitia Christi”, siendo éste último texto redactado de su puño y letra en la Torre de Londres cuando estuvo recluido ahí hasta su decapitación. Fue salvado posteriormente de la confiscación decretada por Enrique VIII, texto el cual pasó por voluntad de su hija Margaret a autoridades españolas y a través de fray Pedro de Soto, confesor del emperador Carlos V, acabó llegando a Valencia a manos de Luis Vives, amigo íntimo de Moro.
Por su lucha a favor de la fe católica, Tomás Moro fue beatificado junto con otros 52 mártires, entre ellos John Fisher, por el papa Leóin XIII en 1886 y finalmente fue proclamado santo por la Iglesia Católica el 19 de mayo de 1935 por Pío XI, estableciéndose originalmente su fiesta el 9 de julio. No obstante, tras una serie de reformas a mediados del siglo XX, su fiesta fue cambiada el año 1970 para celebrarse el 22 de junio. El 31 de octubre de 2000 el papa Juan Pablo II lo proclamó Santo Patrón de los políticos y los gobernantes.
Por sorprendente que pueda parecer, también es considerado santo y un héroe dentro de la Iglesia Cristiana de Inglaterra, pese a que fue el fundador de esta institución, Enrique VIII, quien mandó ejecutarle por justamente criticar esta nueva visión del cristianismo. Está junto con John Fisher dentro del grupo de los mártires de la reforma y se conmemora a Moro el 6 de julio.
Tomás Moro, publicó en 1515, en Flandes, la segunda parte de Utopía, esa que da cuenta pormenorizada de cómo se organiza la isla maravillosa, el libro significaría el inicio del género utópico y tendría grandes implicaciones en la política, la filosofía y la literatura que aquella época y en la actualidad…
“Si yo propusiera a cualquier rey decretos justos (…) ¿no pensáis que sin tardanza me despedirían o bien me convertirían en objeto de irrisión?”.
“Ninguna de estas ciudades desea extender sus fronteras y límites de sus demarcaciones pues se consideran más bien a los trabajadores que a los poseedores de sus tierras”
“el padre o cabeza de familia va a buscar todo lo que él y los suyos necesitan y se lo lleva sin dinero, sin intercambio, sin fianza, prenda ni garantía». ¿Por qué se ha de pensar que aquel hombre tenga que pedir más de lo suficiente si está seguro de que nunca le
faltará?
En Utopía no hay pobres ni mendigos, “aunque nadie tiene nada todo el mundo es rico”
“Tienen muy pocas leyes, pues para un pueblo instruido y organizado así muy pocas bastan”
Antes del matrimonio los esposos se han de ver totalmente desnudos para evitar “decepciones” posteriores. Por si acaso, en Utopía también existe el divorcio



