Pablo Barrón. suiteinformación.- No podíamos esperar mas para sentarnos con Mar Casas, protagonista indiscutible de esta obra maestra pensada para los mayores y para los niños.
Cómo nace este libro
La fiesta de la mesa nace con mi maternidad y el deseo de educar a mi hijo, un niño inquieto y a veces desobediente; si le pedía que me ayudara él se resistía. Para captar su atención decidí unir a mis conocimientos de protocolo, mi experiencia como docente y la necesidad de implicarle en las tareas de casa de un modo divertido. Un día le propuse que inventáramos una historia. También compusimos juntos una rima cantada, La canción de los cubiertos; poco a poco, con esas “herramientas”, memorizó el orden y las normas del servicio de mesa. Así logré que me ayudara en una tarea que le aburría sin enfados ni riñas.
Los niños por naturaleza no se implican en las tareas domésticas.
Durante los primeros años demandan actividades entretenidas que implican movimiento. A veces les cuesta cumplir las órdenes porque su interés principal es divertirse. Ellos aprenden jugando, cantando, experimentando. Sin embargo es importante que conozcan las normas; facilitan el control de su entorno, se desenvuelven con soltura y prestan atención; una habilidad vinculada a la inteligencia y a la supervivencia del ser humano.

¿Por qué iniciaste esta aventura en solitario?
Cuando me propuse publicar hablé con alguna editorial pero las respuestas eran lentas. Yo tenía fe en este libro, estaba segura de que mi proyecto iba a gustar y con esa seguridad decidí arriesgar. No es menos cierto que algunos docentes y pedagogos me alentaron a autopublicar, pensaron que este libro de conocimientos era una herramienta importante para trabajar en las aulas; me aseguraban que los lectores más pequeños necesitaban un libro de estas características, un manual con “reglas disfrazadas”; La fiesta de la mesa es un juego de normas; cuenta una historia, incluye ilustraciones preciosas, un mantel desplegable con el servicio de mesa y una canción que le ayuda a recordar las pautas más básicas. Los niños (y no tan niños) pueden practicar, memorizar y aprender sin darse cuenta.
El resultado es exquisito
Estoy muy satisfecha; la edición impecable a cargo de la imprenta Q de H, los preciosos dibujos de Cristina Velado y las revisiones de un experto en literatura infantil han “alumbrado” este libro dedicado a mi hijo, y a todos los niños.
Este libro de conocimientos es una herramienta pedagógica, sin duda.
Desde el primer día mi confianza en este trabajo fue absoluta. Hoy tengo la respuesta de los niños y adultos que lo han leído, y los centros escolares que lo utilizan como material curricular de tres a diez años; el conjunto de este álbum ilustrado les ayuda a memorizar y a comprender. Los pequeños aprenden con los ojos, con los oídos, con las manos, y descubren en La fiesta de la mesa, jugando, leyendo y cantando, un punto de referencia para aprender buenas maneras y la cultura de la mesa; uno de los ejes esenciales de nuestra civilización.
¿Por qué nos reunimos para comer?
Tenemos que remontarnos al descubrimiento del fuego, ese elemento tan arcano y misterioso que desde las comunidades prehistóricas se convirtió en el centro vital y un agente a la hora de cohesionar un grupo y la estructurar el espacio doméstico. Sin él tampoco existiría la cocina.
La mesa, o cualquier rincón destinado a comer, nos permite socializar; compartir palabras, emociones y gozar de los cinco sentidos. A lo largo de la vida, en torno a la mesa, se concentran momentos importantes; disfrutar de la comida, la bebida, la música y la conversación nos regocijan en cada encuentro. En torno a la mesa también nacen los agasajos, los diálogos y el refinamiento.
La fiesta de la mesa es un libro para grandes y pequeños
Está orientado al comportamiento de niños entre cuatro a diez años, pero también a padres y tutores, a centros de enseñanza, a hosteleros y a adultos que sientan curiosidad por este espacio de convivencia que tiene sus reglas, o quieran disfrutar con sus hijos, nietos o alumnos del “juego de la mesa”, una pauta de aprendizaje divertida.
Poner la mesa es todo un ritual…
El hecho de sentarnos a la mesa para comer es un acto trascendental, y está cargado de simbolismo, de tradición, de método, de arte. Las normas y los ritos nos civilizan, nos calman, estructuran la mente, ordenan las emociones y logran que prestemos atención (un aspecto fundamental para desarrollar la inteligencia). Todos, incluidos los adultos, necesitamos puntos de referencia, especialmente ahora cuando nos asaltan tantos dispositivos y perdemos la concentración y otras habilidades necesarias para la supervivencia y la convivencia.
¿Crees que se han diluido los puntos de referencia en la actualidad?
Sin duda. Hoy aceptamos que no hay reglas; se ignoran, se cuestionan y se desprecian. Esto confunde a los niños hasta el punto de no reconocer si una determinada acción es correcta o no. El proceso de la globalización ha diluido las distancias y franqueado nuevas perspectivas. Sin embargo bajo este fenómeno la única norma admitida es que no hay normas, y este error arrastra peligrosas consecuencias.
Hay en La fiesta de la mesa una esencia invisible que no se precia a primera vista, sin embargo deja un poso en el lector.
Me alegra que perciba esas derivadas; el cuidado del detalle y el orden de las cosas. El rito de poner la mesa va más allá de su apariencia; supone un primer paso para la educación del niño; cuando se sienta en una mesa bien dispuesta se comporta mejor, observa todo lo que hay frente a sus ojos, desarrolla otras habilidades e intereses, y a partir de ahí aceptan otras normas; sin darse cuenta se adentran en el gusto por lo bello, lo conveniente, la pausa, la disciplina y un largo etcétera.
¿Somos demasiado permisivos con los niños?
En mi opinión sí. Pensamos que la prohibición y la negación generan frustración, pero los límites son necesarios; necesitan normas, una guía, un orden, un mapa… Tampoco es adecuado imponer un “no” de forma repetitiva porque pierde efectividad. Por eso lo más conveniente es invitarles a cooperar y esta es la finalidad de La fiesta de la mesa.


