

Redacción. Jorge Ponce Soto.- Muchas veces se ha dicho que El Quijote de Cervantes tiene más de hereje que de cristiano. Que como digo era un libro “herético”, no sin gracia añadida, pero que no resaltaba los valores propios de una España viajando por el siglo XVII. Época de contiendas y de sublevaciones espirituales, nos encontramos con un vencedor en pocas batallas y perdedor en otras muchas, escribiéndonos y dándonos a entender el amor por las palabras extraídas de los textos sagrados.Todos los amantes de El Quijote, (entre los cuales me incluyo), hemos leído y releído una y otra vez, nos ha gustado, nos ha encantado y hasta hemos llegado a comprender algunos mensajes ocultos contenidos en la magnificencia de la literatura, encarnada en la figura del descarnado caballero andante. Ahora ya estamos dispuestos a emitir un juicio de valor ajeno a la crítica destructiva, que es la que solemos hacer cuando algo no entendemos o nos resulta molesto…
Leyendo las andanzas del caballero de la triste figura, he podido constatar las múltiples alusiones que Cervantes hace a la Biblia en su obra inolvidable. Pues es cierto, que existen unas cien citas o alusiones bíblicas en la Primera Parte de El Quijote. Y en la Segunda Parte, seguramente esas citas han de superar la centena. Las menciones que hace Cervantes a la Biblia en su Quijote atañen de forma predecida tanto al Antiguo, como al Nuevo Testamento.

En el prólogo de la Primera Parte, Cervantes nos cita al gigante Goliat, de esta forma:
“Si nombráis algún gigante en vuestro libro, hacedlo que sea el gigante Goliat… El gigante Goliat fue un filisteo a quién el pastor David mató de una gran pedrada en el valle de Terebinto…”.
Cuando Cervantes se refiere a los hombres fuertes, cita de forma clara y expresa a Sansón, diciendo:
“El que con su muerte se vengó de sus enemigos”.
Cervantes también nombra a Jesucristo a quien llama:
“El mejor maestro de la Tierra y del cielo”
A Pablo de Tarso, Cervantes unos más que sonados elogios. Dijo Don Quijote:
“Este, fue el mayor enemigo que tuvo la iglesia de Dios Nuestro Señor en su tiempo y el mayor defensor suyo que tendrá jamás: caballero andante por la vida y santo a pie quedo por la muerte, trabajador incansable en la viña del Señor, doctor de las gentes, a quien sirvieron de escuelas los cielos y de catedrático y maestro que le enseñase el mismo Jesucristo”.
No cabe duda de que Cervantes sentía una profunda admiración por el apóstol. Resulta muy llamativa la encendida alabanza que le hace Cervantes a Pablo de Tarso, a la postre, San Pablo. El motivo que tiene el autor del Quijote para ensalzar la figura de San Pablo, es que él entendía que todo avivamiento de la fe cristiana se ha debido en gran parte a la figura del apóstol viajero. Son los escritos y Cartas de San Pablo, los que de alguna manera encienden la llama cristiana que Cervantes lleva dentro.
Otros santos como San Agustín, han ensalzado la figura del apóstol Pablo, pero ahora no es el momento de hablar de eso… Volvamos con Pablo de Tarso, del que Don Quijote dice que es el máximo exponente de la enseñanza del Maestro.
Los personajes bíblicos mencionados por Cervantes en el Quijote suman un total de 30. De la misma forma, Cervantes hace alusión a los pueblos de la Antigüedad mencionados en la Biblia, como por ejemplo, los caldeos: “Pues no tenga pena amigo, respondió Don Quijote que yo te sacaré de las manos de los caldeos, cuanto más de la Hermandad.”
Según nos dice la Biblia, los caldeos eran los babilonios, enemigos del pueblo de Dios, citados en numerosos pasajes del Antiguo Testamento en los libros históricos y en el del profeta Jeremías.
En los capítulos XX y XLII, Cervantes se hace eco de uno de los textos claves del Antiguo Testamento: “El principio de la sabiduría es el temor del Señor”. Este versículo se encuentra en todos los libros sapienciales de la Biblia, es decir en Job, Proverbios y Eclesiastés y también en el libro de los Salmos.
El temor a Dios y la alusión a versículos de la Biblia los encontramos de nuevo en el episodio Don Quijote instruye a Sancho acerca de cómo se debe comportar cuando sea gobernador de su ínsula: “Primeramente, oh, hijo, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada”,
La expresión, “temor de Dios” no debe significar en ningún momento, miedo a Dios, sino respeto, a Dios, por lo tanto no deberíamos mal interpretar esa frase. También me resulta llamativa la frase: “Mi paz os dejo…”, en la que Cervantes hace referencia explicita a las palabras de Jesús al repetir las palabras de este a sus discípulos, esta es una cita literal de Juan 14.27. esa Paz a la que Don Quijote llama: “joya que sin ella en la tierra ni en el cielo puede haber bien alguno”.
Otra de las más claras alusiones que hace Cervantes a alguno de los pasajes bíblicos es cuando Don Quijote es sacado de la cueva de Montesinos dice: “Ahora acabo de conocer que todos los contentos de esta vida pasan como sombra y sueño o se marchitan como la flor del campo”. En esta frase existe una clara referencia a Job 8.9, Salmo 40.5 e Isaías 40.6,7.
En el Capítulo XLIX de la Segunda Parte del Quijote, Sancho ya es gobernador de la ínsula y haciendo su ronda dice a un mozo: “Dime demonio, ¿tienes algún ángel que te saque y que te quite los grillos que te pienso mandar echar?”. En este capítulo, Cervantes alude al pasaje bíblico de los Hechos 12.6,7, en el que se relata como un ángel del Señor sacó milagrosamente al apóstol Pedro de la prisión en la que se encontraba encadenado.
Existen otras alusiones a la Biblia por parte de Cervantes, que al estar estas tan disimuladas, solamente un perfecto conocedor de las Escrituras podría “desencriptarlas”, concretamente, en el episodio de la Arcadia Fingida ante la aparición de las dos pastoras, leemos: “Vista fue esta que admiró a Sancho, suspendió a Don Quijote, hizo parar el sol en su carrera para verlas…”. En esta cita quijotesca existe una muy clara referencia a Josué 10.13, donde se afirma que: “… el sol se paró en medio del cielo…”.
En el capítulo XXI de la Primera Parte, dice Sancho: “ Pues, ¿Qué será cuando me ponga un ropón ducal a cuestas, o me vista de oro o de perlas, a uso de conde extranjero? Para mí tengo que me han de venir a verme de cien leguas”. En esta cita, Sancho está aludiendo a la reina de Saba, aquella que vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría del rey Salomón. La reina de Saba aparece en algunos pasajes de la Biblia, como 1 Reyes 10.1-10 y Mateo 12.42, (entre otros).
No son pocas las ocasiones donde Cervantes introduce varias citas de textos bíblicos. Así, en el Capítulo XXVII de la Segunda Parte, en el episodio en el que Don Quijote pretende pacificar los ánimos de los del pueblo de los rebuznadores dice: “A estas cinco causas, como capitales, se pueden agregar algunas otras que sean justas y razonables y que obliguen a tomar las armas, pero tomarlas por niñerías y por cosas que antes son de risa y pasatiempo que de afrenta, parece que quien las toma carece de todo razonable discurso; cuanto más que el tomar venganza injusta, que justa no puede haber alguna que lo sea, va derechamente contra la santa ley que profesamos, en la cual se nos manda que hagamos bien a nuestros enemigos y que amemos a los que nos aborrecen, mandamiento que aunque parece algo dificultoso de cumplir, no lo es sino para aquellos que tienen menos de Dios que del mundo, y más de carne que de espíritu; porque Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que nunca mintió, ni puede mentir, siendo legislador nuestro, dijo que su yugo era suave y su carga liviana, y así, no nos había de mandar cosa que fuese imposible el cumplirla”.
En esta ocasión, Sancho Panza se muestra admirado, y dice: “El diablo me lleve si este mi amo no es tólogo, y si no lo es, que lo parece como un güevo a otro”. Cervantes no menciona de forma explícita el contenido de algunos Evangelios, pero cita Evangelios de , Juan, Lucas y Mateo, y con una habilidad realmente prodigiosa menciona la Epístola de Pablo a Timoteo.
Huelga decir que, la habilidad de Cervantes uniendo citas es realmente asombrosa. Con esta destreza el autor del Quijote nos revela su familiaridad con la Biblia y con los textos sagrados, y en discursos como este ¡se nos revela Cervantes como un hábil predicador de la Palabra de Dios!
En algunos pasajes del Quijote nos encontraremos las alusiones de algunos textos bíblicos, comentados con la “inestimable ayuda” de algún célebre teólogo de la Antigüedad. Este es el caso cuando Don Quijote afirma que: “Solamente Dios conoce el futuro, y que a solo Dios está reservado conocer los tiempos y los momentos, y para Él no hay pasado ni porvenir, que todo es presente”. Aquí Cervantes está refiriéndose a un pasaje de Hechos de los Apóstoles, concretamente Hechos 1.7., pero lo curioso de este caso reside en el hecho de que Cervantes se está haciendo eco aquí de la definición de la eternidad que hace Boecio, que fue un conocido patricio y teólogo romano.
Boecio afirmaba que: “Dios contempla todo como un eterno presente…”. Cervantes también alude a las doctrinas contenidas en el mismo texto bíblico, ya sea mencionándolo, o recitando la enseñanza contenida en el mismo. Así, es sorprendente notar como hay numerosas referencias a la Providencia divina, al hecho de que “Dios, el buen Creador de todo, en su infinito poder y sabiduría, sostiene, dirige, dispone y gobierna a todas las criaturas y cosas”.
En este último caso, aquí destacan dos citas. Una en las palabras de un Don Quijote derrotado por el Caballero de la Blanca Luna, en las que advierte a Sancho: “ Lo que te sé decir es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos…”,
Y también en el capítulo III de la Segunda Parte, donde Don Quijote le aconseja a Sancho: “encomendadlo a Dios que todo se hará bien, y quizás mejor de lo que vos penséis, que no se mueve la hoja del árbol sin voluntad de Dios”. Asimismo, hay numerosas citas sobre la necesidad de vivir a la luz de la brevedad e incertidumbre de la vida.
Así en el capítulo LIII de la Segunda Parte se nos dice: “La vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten”. La Biblia y el Quijote como único objetivo de encaminarnos a Dios, poniendo en el toda nuestra confianza.
Así el ilustre hidalgo merecedor de mejor suerte, aconseja a Sancho mostrarse como gobernador “piadoso y clemente, porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia”.
Aquí, Don Quijote alude a uno de los textos fundamentales de la Biblia, pasaje que se encuentra en el libro de Éxodo capítulo XXXIV y versículo VI. Son las palabras en las que Dios revela a Moisés su gloria. La gloria de Dios que consiste en la revelación de su carácter.
Estas son esas palabras capitales del Antiguo Testamento: “Y pasando el Señor por delante de Moisés, proclamó: ¡El Señor!, ¡El Señor! Fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad”.
La conclusión a la que he llegado a la hora de escribir este artículo es que se puede predicar el Evangelio, en el sentido anteriormente inscrito, es decir, con cierta precisión doctrinal, basándose en las citas bíblicas tomadas de las obras de Cervantes.



