
Manuel Recio Abad. Suite Información.- Nadie podía imaginar que cuando la telefonía móvil comenzó a funcionar en España en 1976 con el servicio TAV, Teléfono Automático en Vehículos, un sistema analógico que estaba limitado inicialmente a coches en Madrid y Barcelona, este sistema de comunicación llegaría a revolucionar el mundo de los seres vivos racionales . La evolución del sistema nos llevó más tarde a la telefonía móvil automática de MoviLine que se popularizó en los años 90 y más tarde al sistema digital (GSM/2G) que arrancó en julio de 1995 con Telefónica/ Movistar.
En 2006 había ya más terminales en funcionamiento en España que habitantes tenía. El 2 de diciembre de 1985, España se conectaba por primera vez a internet. Este pequeño gran paso estuvo liderado por un equipo de la Universidad Politécnica de Madrid, que aspiraba entonces a tener un ‘mail’ para gestionar los proyectos europeos del centro académico. Con él, se introdujo al país en la red de redes.
Todo empezó con el correo electrónico. Se pasaba del correo postal tradicional a un nuevo sistema de comunicación más versátil, ágil e instantáneo. La Universidad Politécnica de Madrid protagonizó un papel importantísimo en este invento revolucionario. A mediados de 2025, España superó los 62 millones de líneas de telefonía móvil, lo que suponía 128 líneas en funcionamiento por cada 100 habitantes.
Y en esto llegaron las redes sociales y sorprendieron a los políticos en Belén con los pastores.
Las plataformas digitales en Internet permiten a sus usuarios crear perfiles, conectarse y compartir contenidos, fotos, textos y videos,todo ello en tiempo real. Estamos en un nivel de usuarios cercano a los 4.500 millones de almas. No existen los límites geográficos y quien las utiliza se convierte en consumidor y lo que es más importante, en productor de información y generador de opinión.
Destacan por encima del resto Facebook, con 3.070 millones de usuarios lidera el ranking, Instagram tiene 2.000 millones, TikTok con 1.590 millones ,YouTube conecta con 2.530 millones, y son los líderes mundiales, siguiéndoles Twitter/X y Lindekin.
La clase política mundial ha perdido definitivamente la posición del uso exclusivo de la limitación a la libre expresión. La libertad individual que supone el acceso y uso de las redes, es incontrolable. No se trata de escribir cartas al director en un periódico al que solo tenían acceso unos cientos de miles de lectores. Ni aparecer un día en un programa de televisión en horario prime opinando. Es algo infinitamente más importante y de mayor calado: las redes movilizan y aúnan opinión en grupos formados por millones de personas en contacto continuado.
La clase política ha perdido definitivamente la batalla del control de la opinión pública y la decisión sobre el apoyo social y sobre todo del voto. Se les nota nerviosos a aquellos que no quieren aceptar y reconocer esta realidad. La tendencia a legislar punitivamente sobre el abuso que una buena parte de usuarios practica, intentando castigar condenando a los responsables empresariales de las distintas redes, resulta más una infantil pataleta de político mal criado que un deseo real de protección de aquellos usuarios más jóvenes, que por su corta edad aún no puedan tener formado un criterio propio y la facultad de comprensión sobre aquellas páginas web a las que tienen libre acceso.
Una nueva era se abrió hace cuarenta años: la era de la libertad efectiva y diaria. El buen o mal uso de las redes es del todo incontrolable, salvo para padres y educadores. Estableciendo leyes parciales de ámbito nacional, no se consigue nada, porque los efectos y consecuencias de su utilización traspasan todas las fronteras posibles e imaginables.
Solo la ética, la razón, la empatía y el respeto a la privacidad de terceros, confirmando la veracidad de la información debidamente contrastada, antes de su publicación, pueden suponer el verdadero control del buen funcionamiento de la red de redes. La otra posibilidad de actuación para intentar controlar sus efectos devastadores para el socialcomunismo, consistiría en ordenar su desconexión pero… ¿se atreverían a ello?


