Esfuerzo sin premio de la terna ante una desabrida corrida de Alcurrucén

Alcurrucen

Paco Aguado

Madrid, 15 may (EFE).- Los tres matadores que hicieron hoy el paseíllo en el Palacio Vistalegre tuvieron que realizar un notable esfuerzo, sin premio por distintos motivos, para imponerse al desabrido y complicado lote de cinqueños de la divisa de Alcurrucén, que marcaron para mal la tercera de la feria alternativa de San Isidro.

Alternativo, sí, y despreciado por cierta parte de la afición, pero, con la plaza de Las Ventas todavía cerrada, el abono de Carabanchel al menos ha permitido que pudiera haber toros en Madrid el día del Patrono labrador y que, tras la ausencia forzada de 2019, se retomara la antigua tradición de las fiestas de la capital de España.

Aun así, los serios cinqueños de Alcurrucén no se sumaron a la alegría, pues, sin regalar absolutamente nada a sus lidiadores con unas embestidas reservonas, violentas, desclasadas y de ritmo cambiante, cuando no propensas a la huida, los llevaron a hacer un notable esfuerzo añadido para resolver la dura papeleta.

En el balance final se salva solo el primero de la tarde, un bonito toro colorado que, aunque sin gran fondo, si que sacó nobleza y se dejó hacer por El Juli, desde sus primeras arrancadas, más fuertes, a las últimas, ya más desentendidas.

Fue faena de desigual intensidad la del madrileño, que sacó más del toro cuando lo enganchó suavemente con los flecos que cuando lo citó con más brusquedad, aunque en todo momento supo llegar al tendido antes de perder algún trofeo por sus fallos con la espada.

También marró El Juli con los aceros ante el cuarto, solo que este, que marcó pronto sus intenciones de rajarse, le hizo desplegar un estrategia más concreta para sujetarlo en el engaño, lo que, una vez conseguido, le permitió torear con relajo en el tramo final, sin que el animal acabara tampoco de rematar sus arrancadas.

El lote más duro y exigente de la corrida fue el de José María Manzanares: uno protestón y rebrincado que nunca quiso ir hacia adelante y otro con una seca y defensiva violencia. Y con ambos puso el alicantino toda la carne en el asador.

Eso le costó una muy seca voltereta con el segundo de la tarde, antes de que lo tumbara de una soberbia estocada sin necesidad de puntilla, lo que motivó una petición de oreja que fue desatendida. Pero mayor mérito aún tuvo su pelea con el quinto, un astado muy serio y quebrado de riñones con el que se fajó en un descarnado cara a cara.

Manzanares se asentó en la arena para aguantar cada amenazadora embestida del de Alcurrucén, todas distintas e insospechadas, en un esfuerzo más de actitud que de técnica para imponerse a la voluntad del animal y no verse desbordado, solo que esta vez no lo remató con la misma contundencia estoqueadora.

En ese mismo aire se encajó también la actuación de Paco Ureña con el tercero, otro toro brusco y sin entrega con el que el murciano se dio a un largo y sereno empeño, sin un paso atrás, muy por encima de la falta de respuesta positiva de un animal al que acabaría pinchando con la espada para quedarse sin el primero que no pudo llevarse tampoco del manso y desentendido sexto.

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FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Alcurrucén, todos cinqueños, con cuajo y seriedad, dentro de cierta disparidad de hechuras, y con mayor volumen los tres últimos. A excepción del primero que tuvo nobleza sin gran fondo, el resto desarrollaron complicaciones, por su falta de clase y verdadero entrega, con brusquedad y aspereza en sus embestidas.

El Juli, de gris plomo y oro: pinchazo, estocada desprendida y dos descabellos (ovación); pinchazo, pinchazo hondo y tres descabellos (ovación).

José María Manzanares, de grana y azabache: buena estocada (ovación tras petición de oreja); dos pinchazos y estocada delantera (ovación).

Paco Ureña, de tabaco y oro: pìnchazo, estocada desprendida y descabello (ovación tras aviso); media estocada desprendida (silencio).

Gran actuación en conjunto de los seis picadores, y en especial Óscar Bernal, que dejó un meritorio y efectivo puyazo al sexto. Entre los de a pie, Daniel Duarte saludó tras banderillear al segundo.

Tercera de la feria de San Isidro en el Palacio de Vistalegre, con algo menos de media entrada respecto al abondo reducido de 6.000 espectadores.