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©Robert Scharr
El barco elegido por un capitán se convierte en un espejo de su personalidad y su estilo de navegación. Robert Scharr y su embarcación Yako irradian originalidad y minimalismo. Robert no adquirió su barco, sino que lo hizo con sus propias manos, construyó el sueño que le permitirá cumplir con su gran desafío: el Global Solo Challenge, una travesía en solitario y sin escalas alrededor del mundo.
El nombre que escogió para su embarcación, Yako, se remonta a sus raíces maternas en África, en Costa de Marfil. «Trascurrí mi infancia con mis abuelas maternas, quienes me criaron. Cuando sufría algún percance, solían decirme ‘Yako’, que significa ‘Lo siento’, ‘Perdona’, ‘Todo está bien’. Decidí bautizar a mi barco con esta bonita expresión. A la hora de construirlo, le he dedicado mucha energía y ahora es parte de mí. Para un marinero, el barco es su hogar, su refugio. Cuando me enfrente a condiciones adversas, diré ‘Yako’, ‘Lo siento’. Le atribuyo un gran valor sentimental a mi embarcación, aunque el aspecto humano siempre ha sido y seguirá siendo primordial en mi manera de ver la vida.»
En los años 80 y 90, Robert navegó mucho a bordo de barcos pesados de aluminio, siguiendo la moda de aquellos años. «A los 30 años, emprendí un travesía a África, concretamente a Costa de Marfil, tierra natal de mi familia materna. Me quedé allí unos años y cuando llegó el momento de volver a Francia, decidí hacerlo en barco y en solitario, tardé dos meses. En 1989, abrí mi panadería y trabajé duro. Cada año, alquilaba un barco para navegar con mis hijos. No elegía barcos de crucero clásicos, sino embarcaciones que no eran muy cómodas pero sí deportivas y rápidas, para añadirle un toque de emoción a las vacaciones.»
«A principios del nuevo milenio, en la revista «Loisirs nautiques», vi diversos proyectos concebidos por los arquitectos navales más destacados del momento, de su ‘barco ideal’. Me cautivó él de Patrick Balta, se trata de un arquitecto atípico y de un barco igualmente original, ‘Enfant perdu’, muy estrecho, ligero y con francobordo bajo.»
El arquitecto Patrick Balta es un entusiasta del mar y de la madera. Tras vivir una aventura a bordo de «L’Aviateur», un atunero a vela de 20 metros sin motor, con sus padres en la década de 1950, desarrolló una profunda conexión con el mar. Posteriormente, comenzó a diseñar y construir barcos, especializándose en el uso de la madera y estudiando diferentes formas de utilizarla de manera racional, prestando especial atención tanto a la estética como a las cualidades mecánicas. Su experiencia, combinada con habilidades matemáticas y computacionales, le permitió llevar a cabo proyectos ambiciosos, como el diseño de un barco de 50 pies para Bob Escoffier, que participó en la Transat Jacques Vabre en 2001 y 2005, y en la Route du Rhum en 2002.
Su pasión y habilidad continúan dejando su huella en la industria de la navegación. El nombre del proyecto de Balta elegido por Robert, «Enfant perdu», tiene un profundo significado en el contexto del argot militar, al referirse a las unidades que se enfrentan a acciones arriesgadas. Esta expresión simboliza un desafío que va en contra de la corriente, personifica la audacia y la valentía, e incita a una profunda reflexión sobre los retos que nos impone la vida y a buscar la fuerza interior necesaria para superarlos.

«En 2005, trabajaba mucho en mi panadería y, a veces, si era necesario, tenía que permanecer despierto incluso durante 24 horas. Sin embargo, los domingos solían resultarme tediosos y, durante uno de esos días, un amigo me habló de su deseo de construir un barco, un anhelo que encontró eco en mí. Le mostré el proyecto de Balta y a él también le gustó. Adquirí los planos directamente del arquitecto y decidimos embarcarnos en la construcción de nuestras respectivas embarcaciones en un taller, propiedad de mi amigo, en las cercanías de París. Así, también tuve la oportunidad de trabajar con la madera ya que, de joven, había tenido algo de experiencia en la construcción de barcos utilizando fibra de vidrio y metal. Juntos, construimos el casco y la cubierta, compuestos en un 90% de madera y el 10% restante de fibra de vidrio. Para la madera, decidí utilizar pino local.»
En 2013, tras muchos años de trabajo en el astillero, Robert finalmente botó su barco, tras obtener su licencia de navegación en Dieppe, Normandía, superando así este primer reto. Llevó su barco al sur de Bretaña, donde reside, y durante ocho años, disfrutó de relajadas navegaciones entre las Azores y las Islas Canarias. En 2021, se enteró del Global Solo Challenge, lo que reavivó un viejo sueño.
«Desde joven, siempre sentí una gran pasión por las regatas alrededor del mundo. Tuve la oportunidad de trabajar con navegantes experimentados como Philippe Jeantot, el creador del Vendée Globe, y Marc Guillemot. Ante la incertidumbre de si mi barco sería adecuado para el GSC, consulté al arquitecto quien corroboró que la embarcación está sólidamente construida y apta para afrontar el desafío de circunnavegar el globo.
Además, tuve la ocasión de conversar con Jean Luc Van Den Heede, un navegante que ya ha completado la vuelta al mundo a bordo de un barco ULDB similar (Barco de Desplazamiento Ultra Ligero), que también manifestó su confianza en el éxito de mi empresa.
Pedí permiso a mi pareja Nathalie e informé a mis cinco hijos, tres chicos y dos chicas, con los nombres Oceane y Alizes en homenaje al mar, quienes me animaron a tener cuidado y ser cauteloso, y luego me inscribí.»
Robert, en línea con la filosofía del GSC, decidió usar el barco que ya tenía, demostrando que es posible realizar grandes hazañas que brinden una profunda satisfacción sin necesidad de tener abundantes recursos. Su principal objetivo es completar el Global Solo Challenge, cumpliendo así un sueño que ha tenido desde la infancia. Su barco, construido enteramente por él mismo, es un símbolo tangible de cómo la dedicación y la pasión pueden superar las limitaciones materiales.

Durante los preparativos para participar en el Global Solo Challenge, Robert ha realizado una serie de modificaciones para que su barco cumpla con los requisitos del GSC.
«En cuanto a la quilla, originalmente equipada con un cabrestante hidráulico que permitía levantarla, he realizado las modificaciones pertinentes para bloquearla, para así garantizar su inmovilidad en caso de que el barco vuelque. Además, he instalado una «crash box» tanto en la proa como en la popa, en caso de una fuga. Para garantizar la estanqueidad de distintas secciones del barco, he instalado puertas entre los mamparos, reemplazando la lona que estaba presente anteriormente. Marco Nannini, el organizador del evento, ha sido de gran ayuda en todo el proceso.»
«En materia de seguridad, solicité una revisión completa y una pericia de la quilla y de los timones que tienen 20,000 millas de navegación. A pesar de que estaban en perfecto estado, Balta y yo decidimos rehacerlos en carbono para asegurar la máxima fiabilidad. El arquitecto los está actualmente diseñando y se espera que su construcción finalice este verano.»
El patrón francés también ha invertido tiempo y recursos en optimizar el rendimiento de su barco. Se realizaron controles en el mástil de aluminio y se reemplazaron algunos obenques. Se reemplazaron todas las poleas de las escotas, todas las velas y los enrolladores de las velas de proa. Además, se optimizó el peso del barco, por ejemplo vaciando el armario de la cadena y del ancla, para reducir el desplazamiento de la embarcación a 4,5 toneladas sin carga. Durante la circunnavegación, Robert estima que Yako alcanzará un desplazamiento de aproximadamente 5-5,5 toneladas.
Por otra parte, Scharr tuvo que actualizar por completo la electrónica, instalando nuevos dispositivos conforme a los requerimientos del Global Solo Challenge. Esto implicó colocar numerosos cables y realizar conexiones estandarizadas en todo el barco con la inestimable ayuda de su amigo Philippe. “Siempre he navegado con sextante y cartas náuticas, ahora tendré que acostumbrarme a ver todos estos cables por el barco.”
En cuanto a la gestión energética, se instalaron nuevas baterías de litio, un hidrogenerador y dos paneles solares, maximizando así el uso de los recursos naturales. Además, dispone de una reserva de 100 litros de combustible diesel, garantizando así una autonomía suficiente. «Antes de consumir energía, hay que saber ahorrarla.»
Por último, se instaló un sistema de dos pilotos automáticos Raymarine, esencial para la navegación en solitario. Cada intervención fue cuidadosamente planificada y llevada a cabo en colaboración con expertos de la industria para garantizar la seguridad y un buen rendimiento, en línea con las especificaciones exigidas por el evento.
Debido a su pasado como panadero, a Robert le apasiona la buena cocina, lo que se convierte en un elemento importante para que se sienta cómodo a bordo. Vegetariano desde hace muchos años, durante el primer mes de navegación, tiene intención de priorizar el consumo de alimentos frescos como repollo, zanahorias y patatas, luego comerá platos liofilizados y una buena cantidad de fruta deshidratada. «La cocina a bordo está equipada con un fogón de gas y un pequeño horno, lo que me permite preparar pan, postres e incluso pizza cuando quiera darme un capricho y aprovechar el calor de la cocina cuando haga frío. Afortunadamente, al ser el barco de madera no retiene la humedad. De todas formas, tengo previsto utilizar la calefacción unos días, pero como dice Van Den Heede, si el barco es demasiado cómodo por dentro, uno nunca sale.»

Cuando se le pregunta sobre las virtudes y los puntos débiles de Yako, Robert dice: «Es una embarcación que surca las aguas con notable agilidad, incluso en condiciones de viento suave. Se desliza con suavidad sobre las olas de moderada altura y gestiona con destreza vientos fuertes de 25 a 30 nudos, ofreciendo una agradable experiencia de navegación. No obstante, uno de los desafíos es la imprevisibilidad de los mares del Sur; no estoy seguro de cómo se comportará mi barco. Por otro lado, Yako tiene un diseño minimalista, lo que implica un espacio limitado en la cabina y requiere un cuidadoso estudio de la distribución del peso y la selección de las velas.»
Durante sus muchos viajes a bordo de Yako ha vivido numerosas experiencias excepcionales, como inolvidables encuentros con las ballenas en las Azores. «Es común que los delfines nos honren con su presencia, pero el avistamiento de ballenas resulta un espectáculo extraordinario y majestuoso. Nadan con gracia cerca de la embarcación, mirando con sus enormes ojos. Cada vez que las encuentro, me hacen reflexionar sobre la misteriosa conexión que compartimos. En una ocasión, me aventuré a asomarme desde el pulpito de proa e intenté tocar una con mi pie. Fue un momento muy intenso.»
Otras experiencias placenteras fueron cuando navegó con su gato o cuando, inesperadamente, se encontró, en medio del mar, con personas que había conocido en puerto quince días antes. «Es bastante inusual que los rumbos coincidan, lo que lo convierte en una maravillosa coincidencia.»
Sin embargo, Robert no tiende a detenerse en el pasado. «En la vida, pongo punto final a los capítulos concluidos y dirijo mi atención hacia el presente. Soy un hombre que vive en el aquí y ahora, aunque siempre con la vista puesta en el horizonte.» Por lo tanto, espera cerrar el capítulo de preparación y trabajos en el barco para embarcarse en su ambicioso proyecto de dar la vuelta al mundo a bordo de su Yako. «Estoy ansioso por vivir muchos momentos especiales durante el Global Solo Challenge.»
Redacción
Redactor de contenidos y director de Suite Información.
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