Manuel Recio Abad. Suite Importación.– Hay tardes de toros que se cuentan por las orejas y hay otras en las que las orejas terminan siendo lo de menos. La de Écija fue una de estas últimas, aunque se cortaran muchas, porque lo verdaderamente importante ocurrió delante del toro, en ese espacio mínimo donde un hombre decide quedarse cuando el instinto le está diciendo que se quite.
La corrida de Luis Algarra fue, para empezar, una corrida preciosa. Muy bien presentada, para aficionados, seria sin exageraciones y con una variedad de capas que daba gusto contemplar: negros, castaños, salpicados… Una corrida de las que entran por los ojos antes de comprobar lo que llevan dentro. Y llevó bastante. Cinco toros permitieron el lucimiento con mayor o menor claridad y el sexto exigió bastante más imaginación. El segundo, “Librero”, el cuarto “Panadero” y el sexto, “Amapolo” fueron premiados con la vuelta al ruedo.
Alejandro Talavante estuvo correcto. Inspirado, elegante, con esa personalidad suya que hace que algunos muletazos parezcan distintos. Tuvo momentos de enorme calidad y dejó constancia de por qué sigue siendo una de las grandes figuras del toreo. Pero la tarde tenía otro nombre.
David de Miranda estuvo espectacular.
Y utilizo la palabra con toda intención, porque hubo momentos en los que toreó en una distancia que parecía imposible. Los pitones rozándole la taleguilla, el cuerpo quieto, la muleta mandando y una serenidad que impresionaba. No era cercanía buscando el efecto fácil, era cercanía con temple, dominio y verdad. Miranda se pasó los toros por donde únicamente se los pasan quienes están absolutamente convencidos de lo que hacen.
En sus tres toros mantuvo una intensidad extraordinaria, pero quizá fue el sexto el que terminó explicando mejor su tarde. «Amapolo» no tuvo la claridad de sus hermanos y Miranda tuvo que inventar, improvisar y arriesgar. Allí apareció el torero que no espera a que el toro le entregue la faena hecha, sino que se la construye. Se metió en terrenos comprometidos, buscó las vueltas a un animal que exigía mucho y terminó imponiéndose. Una buena estocada puso fin a la faena y llegaron las dos orejas. El toro recibió la vuelta al ruedo.
Los trofeos dirán lo que quieran decir y las estadísticas guardarán el resultado de la tarde, pero quienes estuvimos en Écija nos llevamos otra cosa. Nos llevamos la sensación de haber visto a un torero en plenitud, con hambre, valor, técnica y, sobre todo, una enorme capacidad para emocionar.
Porque el toreo, cuando es de verdad, no consiste solamente en dar pases. Consiste en detener durante unos segundos el tiempo, hacer que una plaza entera contenga la respiración y conseguir que miles de personas comprendan, sin necesidad de explicaciones, por qué siguen acudiendo a una plaza de toros.
David de Miranda salió hoy de Écija después de una tarde magnífica. Yo me quedo con una imagen: el torero inmóvil, el toro pasando, los pitones rozando la taleguilla y una plaza preguntándose cómo demonios podía seguir allí.
Quizá por eso esta crónica sólo podía titularse así:
DAVID DE MIRANDA, EL MAGNÍFICO.
Resumen del festejo: Se lidiaron seis toros de Herederos de Luis Algarra, corrida muy bien presentada, de bonitas y variadas capas y de interesante juego en conjunto.
Alejandro Talavante dejó una actuación de gran calidad cortando dos orejas a su primero.
David de Miranda fue el gran protagonista de la tarde, espectacular en sus tres toros, toreando con enorme temple, cercanía y valor, y culminando su actuación con seis orejas y dos rabos.
Una gran tarde de toros en Écija, con Miranda como nombre indiscutible del festejo.
En resumen:
•Alejandro Talavante: Dos orejas en el primero, ovación tras leve petición en el tercero y ovación en el quinto.
•David de Miranda: Dos orejas y rabo en el segundo, dos orejas y rabo tras aviso, tras pedirse el indulto, en el cuarto y dos orejas en el sexto.
Se lidiaron seis ejemplares de Luis Algarra, nobles y de buen juego en líneas generales.
El segundo , Librero, el cuarto de nombre Panadero y el sexto Amapolo recibieron el premio de la vuelta al ruedo en el arrastre


