foto portada: Damien Guillou y su Solarem, líder de la Golden Globe Race 2026. © Don McIntyre / GGR2026
Clara Villalba. Suite Información.- Hay regatas en las que una ventaja de doscientas millas puede parecer importante. En una vuelta al mundo de más de 30.000 millas, podría parecer incluso anecdótica. Pero la Golden Globe Race tiene una particularidad: las diferencias no siempre se construyen porque alguien sea mucho más rápido que los demás. A veces se construyen porque unos encuentran el viento y otros siguen buscándolo. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo ahora.
Damien Guillou continúa al frente de la flota con su Rustler 36 Solarem y, después de cuatro semanas de navegación, empieza a convertir su liderato en algo mucho más serio. El francés está aprovechando con enorme eficacia los vientos alisios del sureste y en las últimas 24 horas ha conseguido recorrer alrededor de 160 millas, manteniendo un ritmo cercano a los siete nudos. A su espalda continúa Pat Lawless. El irlandés navega con Saltram Saga y se mantiene aproximadamente a 220 millas del líder. No es una distancia definitiva, ni mucho menos, pero Guillou está consiguiendo aumentarla poco a poco.
La verdadera noticia, sin embargo, está detrás de ellos. El tercer clasificado, Ertan Beskardes, se encuentra ya alrededor de 950 millas por detrás de Guillou. Es decir, la diferencia entre el primero y el tercero está a punto de alcanzar las 1.000 millas. En una regata que apenas acaba de entrar en el Atlántico Sur, semejante distancia comienza a ser algo más que una simple anécdota de clasificación. Beskardes navega con Miss Beagle, otro Rustler 36, pero su ritmo en las últimas jornadas está siendo sensiblemente inferior al de los dos hombres que encabezan la regata.
Mientras Guillou y Lawless están aprovechando unos vientos favorables, buena parte de la flota perseguidora continúa intentando escapar de las zonas de calmas. Y ahí aparece una de las grandes enseñanzas de esta Golden Globe: no siempre gana el que navega más rápido; muchas veces gana el que consigue estar en el lugar adecuado cuando llega el viento. La situación meteorológica está empezando a favorecer a los líderes. Guillou y Lawless han conseguido entrar en una zona de vientos alisios del sureste bastante estable, lo que les permite mantener velocidades elevadas y, sobre todo, navegar durante muchas horas sin tener que pelear con las condiciones que están encontrando sus perseguidores.
Mientras tanto, el grupo que viene por detrás sigue mucho más condicionado por las calmas y por unas condiciones meteorológicas menos favorables. Algunos barcos apenas han podido avanzar durante determinadas horas y las diferencias comienzan a crecer. Pero todavía estamos hablando de los primeros capítulos de una aventura que tiene por delante Cabo de Buena Esperanza, el océano Índico, el Pacífico, Cabo de Hornos y, finalmente, el regreso a Les Sables-d’Olonne. Queda muchísimo.
También merece atención lo que está ocurriendo con Guy deBoer. El estadounidense continúa en Lanzarote después de haber tenido que realizar reparaciones estructurales en su barco. Según el último informe de la organización, los trabajos están prácticamente terminados y su intención es abandonar la isla este lunes, aunque todavía necesita la autorización definitiva de la dirección de carrera después de completar algunos ajustes, entre ellos uno relacionado con el aparejo. El problema para deBoer es evidente: la flota principal está ya aproximadamente entre 1.400 y 1.500 millas por delante. Volver a la competición será ya, por sí mismo, una pequeña victoria.
Y es que la Golden Globe no está siendo amable. Desde la salida de Les Sables-d’Olonne el pasado 6 de septiembre, los navegantes han tenido que enfrentarse a condiciones muy diferentes: temporales, calmas, problemas técnicos, reparaciones y, en el caso de algunos participantes, decisiones que pueden terminar condicionando toda la vuelta al mundo. La flota ha ido encontrando además los restos de la tormenta tropical Gonzalo, que obligó a algunos navegantes a enfrentarse a vientos próximos a los 50 nudos y olas de varios metros. Ahora, en cambio, el panorama empieza a cambiar y el Atlántico Sur se presenta como el siguiente gran escenario de esta aventura.
El próximo objetivo importante para los líderes será la isla de Trindade. Guillou se encuentra ya a unas 550 millas de ese punto y, si mantiene su ritmo actual, podría alcanzarlo alrededor del 8 de octubre. Lawless, que navega detrás, necesitaría aproximadamente dos días más. Después vendrá todo lo demás.
Porque aquí es donde conviene recordar algo que puede perderse cuando miramos una clasificación: la Golden Globe no se gana en septiembre ni en octubre. Se gana después de cruzar todos los océanos. Se gana cuando el barco empieza a acusar el cansancio de meses de navegación. Se gana cuando llega el Pacífico, cuando aparece el Cabo de Hornos y, sobre todo, cuando después de haber dado la vuelta al mundo todavía eres capaz de poner rumbo a Francia. Por ahora, Guillou manda. Lawless persigue. Y el resto intenta que la distancia no se convierta en una condena.
El cuaderno de bitácora de Clara
Cada día entiendo un poco mejor por qué esta regata resulta tan difícil de explicar desde tierra. Miramos el tracker y vemos puntos que avanzan sobre un mapa. Uno va primero, otro segundo, otro tercero. Parece sencillo. Pero detrás de cada punto hay una persona sola dentro de un barco. Y mientras nosotros vemos una línea que avanza hacia el sur, ellos están viviendo viento, frío, calor, sueño, averías, decisiones y miles de millas de océano.
Por eso, cuando veo que Guillou ya está cerca de sacarle mil millas al tercero, no pienso solamente en la clasificación. Pienso en todo lo que todavía tendrá que ocurrir antes de que podamos decir quién ha ganado. Porque en la Golden Globe, el océano siempre tiene la última palabra.


