Manuel Recio Abad. Suite Información.- Fortes bordó el toreo ante Borracho, premiado con la vuelta al ruedo; Emilio de Justo impuso su valor frente a la exigencia y Manuel Escribano, herido, se negó a abandonar la pelea antes de lidiar a Murallón, hijo de Cobradiezmos. Victorino Martín regresó a Málaga recordando a todos que la emoción comienza cuando el toro importa.
Habían pasado años desde la última vez que el hierro de Victorino Martín se luciera por el ruedo de La Malagueta. Su regreso, precisamente en la feria que conmemora los 150 años de la plaza, era uno de esos acontecimientos que aportaba aliciente y llegaba rodeado de expectación.
Victorino Martín embarcó una corrida seria, encastada, exigente, con dificultades y con emoción. Una corrida que obligó a los tres matadores a mostrar algo más que técnica. Manuel Escribano desde el territorio más antiguo del pundonor, Emilio de Justo desde el poder y Jiménez Fortes desde la sensibilidad. Los tres volvieron a crear afición.
Pero la corrida alteró muy pronto el guion previsto.
Manuel Escribano recibió a Garrochista, primero de la tarde, a portagayola. Como tantas veces. Después llegó un emocionante tercio de banderillas, rematado con un par al violín cerrado en tablas. Garrochista humillaba, pero detrás de cada embestida reponía con rapidez y exigía que el torero no perdiera nunca la posición. En una serie con la derecha lanzó el derrote y lo cogió.
El pitón entró en la pierna derecha de Manuel Escribano a la altura del gemelo. Quince centímetros de cornada. La sangre empezó a empapar la media, pero Escribano siguió toreando como si nada de eso hubiese ocurrido. Y quizá ahí comenzó realmente su faena, consiguiendo algunos de los mejores muletazos precisamente después de resultar herido, cuando encontró la manera de enganchar a Garrochista con los vuelos y llevarlo largo para impedirle reponer. La estocada fue perfecta, de libro, tirándose detrás de la espada. Gran ovación.
La puerta de la enfermería estaba esperando. Pero Escribano sabía perfectamente lo que significaba cruzarla. Sabía que llevaba una cornada y que, si entraba allí, los médicos no iban a permitirle volver a salir. Y todavía le quedaba un toro. Además, no era un toro cualquiera. Era Murallón, hijo de Cobradiezmos.
Escribano tomó entonces una decisión que explica mejor que cualquier tratado qué significan algunas palabras demasiado utilizadas en el toreo. Pundonor. Profesionalidad. Casta y coraje. Mucho coraje.
Pidió a Emilio de Justo y Jiménez Fortes que le permitieran alterar el orden de lidia. Quería matar su segundo toro antes de entrar en la enfermería. Sus compañeros aceptaron. Y así, Murallón, anunciado inicialmente como cuarto, se convirtió en el segundo toro lidiado de la tarde.
Manuel Escribano volvió a salir herido, sangrando, para enfrentarse al hijo de Cobradiezmos. Murallón tuvo inicialmente mayor recorrido y humillación. El que ya califican como el Héroe de Gerena comenzó doblándose con él, obligándolo por abajo, y consiguió momentos importantes con la mano derecha. Pero cada movimiento tenía ya otro significado. El dolor estaba ahí. Conforme avanzó la faena, Murallón fue reduciendo recorrido y comenzó a reponer, especialmente por el pitón izquierdo. Escribano entendió que no era momento de alargar nada. Misión cumplida. Estocada entera. La Malagueta comenzó a gritar: Torero, torero! Escribano se fue andando hacia la enfermería tras colocar la oreja en el albero. Probablemente fue la ovación más importante de toda la corrida.
Con Escribano ya atendido por los médicos, la corrida recuperó el turno de los otros dos espadas.
Emilio de Justo tuvo que escribir su página desde el poder y el conocimiento. Planetario, tercero en el orden efectivo de lidia, fue un Victorino serio, codicioso de salida, que terminó enseñando unas complicaciones que exigían precisión absoluta. Tuvo recorrido, cara arriba, capacidad para reponer y peligro.
Una faena bien estructurada que mostró el gran momento de forma y conocimiento por el que atraviesa el torero de Torrejoncillo. Improvisación en cada pase. Fue arrancándole derechazos de buen trazo y, cuando se echó la muleta a la izquierda, aceptó todavía más riesgo. Tragó, esperó y consiguió naturales allí donde Planetario parecía empeñado en negar cualquier posibilidad. Mató de una gran estocada.
La Malagueta pidió con fuerza una oreja que la presidencia no concedió por falta de pañuelos blancos. Continúa la manía de ir a los toros sin ese complemento o la de pedir trofeos con las almohadillas o los abanicos. En fin…000. Emilio de Justo dio la merecida vuelta al ruedo.
Y entonces llegó el gran encuentro artístico de la corrida. Borracho, cuarto toro lidiado, dejó desde su salida señales de su clase y Fortes las vio. Un buen recibo de inicio toreando a la verónica. Esperando después a comprobar si aquellas buenas maneras que apuntaba el de Victorino se confirmaban. Borracho quería embestir y lo hacía por abajo, con nobleza y clase. Fortes no lo estropeó. Ahí comenzó una faena de enorme sensibilidad. El malagueño echó la muleta con suavidad, encontró la distancia y fue llevando la embestida hasta detrás de la cadera. Hubo ligazón, temple y profundidad y, sobre todo, hubo armonía.
Derechazos largos, reunidos, sin prisas. También al natural hubo pases de auténtica categoría y el tramo final tuvo ese abandono que aparece cuando el torero deja de pensar en cómo está toreando y simplemente torea.
Con la espada necesitó dos tiempos. Dos orejas y vuelta al ruedo para Borracho.
Con Escusano, quinto de la tarde, llegó la confirmación de Emilio de Justo. Fue otro toro serio, largo, que nunca terminó de humillar y que obligaba a soportar mucho después de cada toque. Cada muletazo parecía tener detrás una negociación. Emilio no cedió. Por el pitón izquierdo Escusano soltaba la cara y aumentaba la dificultad. Por el derecho, el de Cáceres terminó imponiendo su ley hasta conseguir una serie que abrió definitivamente la faena.
Naturales con la mano derecha, sin estoque, largos y templados, que tuvieron el sabor de las grandes conquistas, como colofón de una gran faena. Estocada. Dos orejas. Puerta Grande.
El triunfo de Emilio de Justo no estuvo en las dos orejas, sino en haber conseguido que fuera posible lo que durante buena parte de la faena parecía imposible.
Cerró plaza Bárbaro, segundo del lote de Jiménez Fortes y sexto en el orden definitivo. Fue otra historia. Tuvo raza y exigencia, pero también genio y peligro. Bárbaro metía la cara entre las manos y obligaba a resolver cada embestida. Fortes hizo el esfuerzo, robó algunos muletazos, pero allí el lucimiento fue prácticamente imposible. Peligro sordo.
Pero Fortes ya había dejado escrita su página.
Manuel Escribano terminó en la enfermería. Emilio de Justo y Jiménez Fortes salieron por la Puerta Grande. A Borracho se le dió la vuelta al ruedo.
Victorino Martín volvió a ocupar el lugar que siempre debería corresponder al toro bravo: el centro de la corrida. Porque hubo nobleza y hubo peligro. Hubo clase y también hubo genio. Toros que permitieron crear y otros que obligaron a sobrevivir, pero ninguno dejó indiferente.
Durante demasiadas tardes hemos terminado acostumbrándonos a que el toro sea simplemente el colaborador necesario para construir una faena. Ayer en La Malagueta ocurrió justamente lo contrario.
El toro volvió a ser el argumento.
RESUMEN DEL FESTEJO
Plaza de toros de La Malagueta (Málaga). Noveno festejo de la Feria del 150 aniversario. Casi lleno.
Toros de Victorino Martín, bien presentados en líneas generales, serios y con trapío. Corrida encastada, exigente y emocionante.
Por orden efectivo de lidia:
Garrochista, para Manuel Escribano: exigente, humillador y pronto para reponer.
Murallón, para Manuel Escribano: hijo de Cobradiezmos, con recorrido y humillación iniciales antes de acortar su embestida y desarrollar mayores complicaciones. Estaba anunciado como cuarto, pero fue lidiado en segundo lugar debido a la cornada sufrida por Escribano.
Planetario, para Emilio de Justo: serio, encastado y complicado.
Borracho, para Jiménez Fortes: noble, profundo y con clase. Premiado con la vuelta al ruedo.
Escusano, para Emilio de Justo: serio y exigente. Ovacionado en el arrastre.
Bárbaro, para Jiménez Fortes: más deslucido, con raza, genio y peligro.
Manuel Escribano: ovación y oreja.
Emilio de Justo: vuelta al ruedo tras petición y dos orejas.
Jiménez Fortes: dos orejas y silencio tras aviso.
Incidencias: Manuel Escribano sufrió ante Garrochista una cornada de quince centímetros en la pierna derecha. Consciente de que, si entraba en la enfermería, no podría volver a salir, solicitó alterar el orden de lidia para enfrentarse inmediatamente a Murallón, segundo toro de su lote e hijo de Cobradiezmos. Tras matarlo de una estocada y cortar una oreja, se dirigió por su propio pie a la enfermería entre gritos de «¡Torero, torero!».
Debido al percance se modificó el orden previsto de lidia. Antonio Chacón se desmonteró tras parear al quinto.
Puerta Grande: Emilio de Justo y Jiménez Fortes.



