foto portada y en texto: El equipo de Estados Unidos celebra en Medinah la conquista de la Presidents Cup 2026. Foto: UPI / Getty Images.

Juan Carrión. Suite Información.– La Presidents Cup volvió a escribir una página de esas que explican por qué el golf por equipos tiene una capacidad extraordinaria para convertir un torneo aparentemente decidido en una historia completamente diferente. Estados Unidos llegó a la jornada decisiva en Medinah con tres puntos de desventaja, 10,5-7,5, y con el equipo internacional acariciando una victoria que habría tenido un enorme valor histórico. Pero los doce partidos individuales del domingo cambiaron todo en apenas unas horas.
El equipo dirigido por Brandt Snedeker reaccionó con una contundencia extraordinaria y se impuso por 9,5-2,5 en los individuales, cerrando la Presidents Cup con un marcador de 17-13. No fue solamente una victoria más. Fue la mayor remontada en una última jornada en la historia de la competición y permitió a Estados Unidos mantener una hegemonía que se prolonga desde 1998, con la única excepción del empate de 2003.
La historia parecía escrita de otra manera el sábado por la tarde. El equipo internacional de Geoff Ogilvy había conseguido algo que ningún conjunto visitante había logrado anteriormente en la Presidents Cup: llegar a los individuales del domingo con ventaja. Y además lo hacía en un campo con una enorme carga histórica para el golf estadounidense, Medinah Country Club, escenario también de la inolvidable Ryder Cup de 2012.
Estados Unidos necesitaba una reacción inmediata y la encontró desde los primeros partidos. Cameron Young abrió el camino derrotando a Ryo Hisatsune por 3 y 2, y Justin Thomas aportó después otro punto con una contundente victoria sobre Corey Conners por 5 y 3. Thomas, que llegaba al domingo sin haber ganado todavía un individual en sus apariciones anteriores en la Presidents Cup, encontró precisamente en el momento de mayor presión su mejor versión.

Después apareció Scottie Scheffler. El número uno mundial había vivido una semana complicada en los partidos por parejas, hasta el punto de quedar fuera de una de las sesiones de foursomes. Pero en el momento decisivo respondió como se espera de un jugador de su categoría y derrotó a Nico Echavarria por 2 y 1. Su actuación tuvo además un episodio que trascendió el resultado: cuando un espectador interrumpió el swing de Echavarria, Scheffler reaccionó inmediatamente y dejó claro que ese tipo de comportamiento no tenía lugar en el golf.
Pero la remontada estadounidense no fue exclusivamente obra de sus grandes estrellas. Uno de los nombres propios del torneo fue el joven Jackson Koivun. Con solamente 21 años y en su primera Presidents Cup, el jugador estadounidense mostró una personalidad impropia de un debutante y terminó derrotando a Si Woo Kim por 2 arriba. Su punto fue especialmente importante porque llegó cuando la presión ya era máxima y Estados Unidos comenzaba a convertir la remontada en una posibilidad real.
Y entonces apareció Jacob Bridgeman.
El estadounidense llegó al último hoyo con la posibilidad de conseguir el punto que certificara matemáticamente la victoria de su equipo. Min Woo Lee necesitaba ganar el hoyo para prolongar la esperanza internacional, pero un bogey del australiano dejó abierta la puerta. Bridgeman hizo lo que tenía que hacer y su resultado en el 18 terminó convirtiéndose en el golpe que cerraba oficialmente la Presidents Cup de 2026. Estados Unidos volvía a levantar el trofeo.
La remontada tiene todavía más valor si se observa el desarrollo de los cuatro días. Estados Unidos comenzó ganando el primer four-ball por 3-2, pero el viernes sufrió un contundente 5-0 en foursomes. El sábado recuperó terreno por la mañana, aunque los internacionales conservaron la ventaja al terminar la jornada. Con 10,5-7,5 en el marcador, todo quedaba pendiente de los doce individuales. Y ahí el equipo estadounidense fue sencillamente superior.
El resultado vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que acompaña desde hace años a esta competición: ¿por qué Estados Unidos domina de una manera tan contundente la Presidents Cup mientras el equipo internacional no consigue repetir su histórica victoria de 1998?
La respuesta no parece estar únicamente en la calidad individual de los jugadores. El golf estadounidense dispone de una profundidad extraordinaria y, cuando llega la jornada de individuales, esa profundidad puede convertirse en una diferencia decisiva. En Medinah, además, los jugadores elegidos por Snedeker para los partidos individuales respondieron prácticamente en bloque.
El equipo internacional, por el contrario, estuvo muy cerca de hacer historia. Durante tres jornadas fue capaz de poner contra las cuerdas al conjunto estadounidense y llegó al domingo con una ventaja que jamás había tenido un equipo visitante en esta competición. Finalmente, sin embargo, no pudo resistir la reacción.
La Presidents Cup deja así dos historias completamente diferentes. Para Estados Unidos, la undécima victoria consecutiva y una nueva demostración de fortaleza en el momento decisivo. Para el equipo internacional, la sensación de haber tenido al alcance de la mano una oportunidad histórica y haberla perdido en apenas unas horas.
Y quizá esa sea precisamente la grandeza del golf por equipos: durante tres días puede parecer que la historia está escrita y, de repente, doce jugadores salen al campo, cada uno con un partido por delante, y todo vuelve a empezar.
En Medinah, el domingo comenzó con tres puntos de ventaja para los internacionales. Terminó con diez estadounidenses celebrando el undécimo triunfo consecutivo. El golf, una vez más, había decidido que todavía quedaba historia por escribir.


