Tediosa e insufrible corrida de Núñez del Cuvillo, de desigual presentación, descastada hasta las cepas, justa de fuerzas, y desfondado y rajado comportamiento muletero, algunos sacaron cierta nobleza y el lote de Fortes se movió. Para buenos aficionados al tenis de mesa.
Morante estuvo muy responsable y entregado. En su primero, noble y de escaso fuelle, realizó un trasteo desigual con pasajes bellos y encajados. Se le pidió la oreja. En el cuarto, muy molestado por el viento, realizó una faena de más enjundia y contenido, buscando hasta el final el lucimiento. Nada que objetar. Lo único que busque otras ganaderías. Con este material mal vamos.
Urdiales, con el peor lote, dejó una tarde de profesional entrega y sólido oficio. En el segundo, dejó detalles de su personal y clásico concepto, pero era un pozo seco. En el quinto, el peor del encierro, realizó un gran esfuerzo, en una meritoria e imposible faena. Recetó la estocada de la tarde.
Fortes, firme y estoico, se llevó la tarde. Se inventó la faena al tercero, con el viento soplando fuerte, y con el sexto, el mejor, realizó un trasteo emocionante y templado, destacando por el derecho con ligazón y cadencia. Estocada baja, pero tres orejas muy paisanas y puerta grande. Salvo la función, sin duda.
Sigan apuntándose a estos hierros y algún día solo estará en la plaza la banda. Morante estará retirado y le importará poco, pero a la Fiesta hay que darle una vuelta de tuerca



