Xavi Altamirano. Suite Información.- Viendo cómo se está desarrollando este Mundial de MotoGP, podría parecer que todo el que no lleve una Ducati está muy por debajo. Pero no es así. Hoy, en la primera línea de parrilla, junto a la Ducati de Marc, teníamos a la Honda LCR de Zarco y a la Aprilia de Bezzecchi. La lucha contra el crono se la han llevado estas dos marcas, mientras que las Ducati de Álex y Bagnaia han quedado relegadas más atrás.
También se podría pensar que el nivel de los pilotos está flojo… pero sería un error de bulto. De los 18 que han salido hoy, solo 10 han visto la bandera a cuadros. Han salido a pista con el cuchillo entre los dientes y se han ido al suelo peleando, no ya por un podio, sino por rascar algún punto. Lo de hoy ha sido una auténtica batalla de gladiadores, con un nivel como pocas veces se ha visto en la categoría.
Antes había tres gallitos y el resto de comparsa, pero ahora cualquiera te hace un tiempo de récord con un palo de escoba. Me refiero a los Zarco, Quartararo, Bagnaia, Morbidelli… sin olvidar al descarado de Pedro Acosta o al recién llegado Fermín Aldeguer. Todos tienen la técnica y la actitud para marcar una pole o romper un récord de circuito en cualquier momento. Son detalles que antes solo estaban al alcance de tres elegidos, y este año cualquiera de ellos puede lograrlo. Nivel altísimo de pilotaje y ambición.
¿Y cómo se explica entonces el dominio de Marc en lo más alto? Solo había que verlo hoy en los cambios rápidos de dirección, desde la curva 1 a la 7, donde su Ducati parecía ir sobre raíles. Hay que recordar la locura de Honda, que casi termina con su carrera y con su físico. Solo una bestia como él podía superar aquello y volver para colocarse en el Olimpo de la categoría, monopolizando las victorias. Si nada raro pasa —y los toros le respetan—, este año puede ser histórico e irrepetible.
La semana próxima, en Austria, más y mejor para los dos hermanos que están escribiendo una historia inédita en este deporte.
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