Fernando Villena Madrid. Suiteinformación.- Las próximas elecciones autonómicas andaluzas se presentan como una cita clave para consolidar o reorientar el rumbo político de la comunidad. En este contexto, el debate sobre el papel de las distintas fuerzas políticas vuelve a situarse en el centro de la conversación pública. Sin embargo, hay una cuestión que merece especial atención: ¿qué sentido tiene, en el escenario actual, reforzar el apoyo a VOX?
Durante la última legislatura, el gobierno presidido por Juanma Moreno ha logrado proyectar una imagen de estabilidad y eficacia que pocos cuestionan, incluso entre sectores tradicionalmente críticos. Andalucía ha experimentado avances notables en materia económica, con indicadores que reflejan crecimiento, atracción de inversión y generación de empleo. A esto se suma una gestión social que, sin ser perfecta, ha mantenido un equilibrio razonable entre responsabilidad presupuestaria y atención a los servicios públicos.
En este contexto, la irrupción o el refuerzo de VOX en el tablero autonómico plantea más interrogantes que soluciones. Su papel, hasta ahora, ha estado más vinculado a la presión política y al discurso ideológico que a la gestión efectiva. Y gobernar —como ha demostrado esta legislatura— requiere algo más que posicionamientos contundentes: exige experiencia, conocimiento técnico y capacidad de negociación.
Resulta difícil identificar qué valor añadido aportaría VOX a un gobierno que ya ha demostrado solvencia. Más aún cuando algunos de sus perfiles carecen de una trayectoria clara en gestión pública o privada de relevancia. La política autonómica no es un escenario para la improvisación ni para el protagonismo simbólico; es un espacio donde las decisiones tienen consecuencias directas sobre millones de ciudadanos.
Apoyar una opción cuya principal función parece ser “marcar perfil” o “condicionar desde fuera” puede terminar generando más ruido que soluciones. Andalucía, en esta etapa, parece necesitar continuidad, estabilidad y profundidad en las políticas ya iniciadas, no tensiones adicionales dentro del propio bloque de gobierno.
En definitiva, el voto a VOX en estas elecciones autonómicas se presenta, para muchos analistas, como una apuesta de dudosa utilidad práctica. Cuando un liderazgo ha demostrado capacidad de gestión y resultados tangibles, introducir factores de incertidumbre no parece la opción más coherente. La política, al fin y al cabo, debería centrarse menos en la escenificación y más en la eficacia. Y en ese terreno, la experiencia reciente en Andalucía ofrece ya suficientes elementos de juicio.
En mi humilde opinión, Juanma Moreno no necesita a una persona sin experiencia ninguna, soplándole al oído toda la legislatura. Dejadlo tranquilo.


