Manuel Recio Abad. Suite Información.– Hubo un tiempo en que cumplir los cuarenta era, deportivamente hablando, una especie de esquela anticipada. En los veintidós primeros campeonatos mundiales de fútbol de la historia participaron únicamente siete futbolistas de cuarenta años o más. En este Mundial de 2026 hay ocho. Jamás el fútbol había sido tan joven… a los cuarenta añazos cumplidos. A esa edad, los futbolistas empezaban a escuchar frases tan piadosas como demoledoras: “Ha sido muy grande”, “ya no está para estos trotes” o el ya clásico “debería retirarse antes de hacer el ridículo”. La fecha de caducidad parecía venir impresa en el carné de identidad.
Sin embargo, basta echar un vistazo al Mundial para descubrir que alguien olvidó avisar a algunos de sus protagonistas. Estos son los auténticos geniales “cuarentones” del Mundial: Craig Gordon, escocés de 43 años, el portugués Cristiano Ronaldo con 43 años, Guillermo Ochoa de México con 40 años, Luka Modric, croata con otros 40 ya cumplidos. El bosnio Edit Dzeko también pisa césped a la edad de 40 años, al igual que el Alemán Manuel Neuer. El portero Vozinha de Cabo Verde nos asustó con sus magníficas intervenciones en el partido inaugural de la Selección Española. ¿Que edad tiene? : 40 felinos años.
Y si amplías el foco a los 38 y 39 años, aparecen otros nombres ilustres para completar este artículo:
Lionnel Messi de 38 años camino de los 39, Tim Ream (38), Nicolás Otamendi (38), Weverton (38), Yuto Nagatomo (39). Allí siguen. Algunos con alguna cana estratégicamente disimulada con el otrora famoso “charipé” y otros con la barba ya plateada, pero con la misma mirada de quien ha visto de todo sobre un terreno de juego. Mientras los veinteañeros corren como gacelas, ellos parecen deslizarse por el terreno de juego con la tranquilidad de quien conoce el camino antes incluso de que empiece la jugada.
El fútbol, como en la vida, tiene una curiosa costumbre y es que al principio se juega con las piernas para después hacerlo con la cabeza.
La velocidad disminuye unos metros por hora, sí. Pero aumenta la velocidad en el pensar. Se pierde algo de explosividad pero se gana una virtud infinitamente más valiosa: saber exactamente cuándo merece la pena correr y cuándo basta con dar un pase al lugar adecuado.
No es casualidad que sigamos viendo sobre el césped a futbolistas que rozan o superan los cuarenta. No han llegado hasta ahí por nostalgia ni por hacer un favor a los aficionados. Siguen ahí porque continúan siendo extraordinariamente buenos.
Mientras algunos se empeñan en convertir la edad en un defecto, ellos responden con una asistencia imposible, un pase de cuarenta metros o un gol que demuestra que el talento no entiende de calendarios.
Vivimos en una sociedad excesivamente obsesionada con la juventud. Todo debe ser joven: las empresas, los políticos, los modelos, los directivos, los presentadores y … hasta las ideas. Parece que cumplir años fuera una enfermedad tan penosa como contagiosa.
Curiosamente, cuando tenemos un problema serio buscamos a un médico con experiencia, a un abogado veterano, a un piloto que haya volado miles de horas o a un arquitecto que haya diseñado decenas de edificios. Pero, por alguna extraña razón, seguimos pensando que en el deporte la experiencia pesa menos que la fecha de nacimiento.
Este Mundial está demostrando exactamente lo contrario. La experiencia también corre y lo hace por dentro. Corre en forma de decisiones acertadas, evitando errores. Corre anticipándose en la jugada dos segundos antes que los demás. Porque hay una velocidad que no aparece en las estadísticas: la velocidad para comprender lo que va a ocurrir.
Quizá por eso los cuarentones ya no necesitan perseguir el balón con ansiedad, sin levantar la mirada y desesperadamente. Mas bien a menudo es el balón el que termina buscándolos a ellos.
Lo más interesante de esta generación no es únicamente su estado físico, admirable por disciplina y profesionalidad. Lo verdaderamente sorprendente es la serenidad con la que compiten porque ya no necesitan demostrar nada. Han ganado, han perdido, han sido héroes y villanos, han levantado copas y han salido entre silbidos. Han aprendido que un partido dura noventa minutos y que la vida, afortunadamente, dura bastante más.Tal vez ahí resida la gran lección.
Los cuarenta no significan el principio del final. En muchas ocasiones representan el comienzo de la mejor versión de uno mismo, con menos impulsividad y más criterio, con menos ansiedad y más confianza, con menos prisa y mucha más inteligencia.
Quizá deberíamos dejar de llamar veteranos a quienes simplemente han acumulado una enorme experiencia. Ser
veterano no significa ser viejo. Significa haber sobrevivido al tiempo sin perder el talento y eso, en un mundo que idolatra lo efímero, es casi un acto de rebeldía.
Así que, mientras siga rodando el balón y haya un cuarentón capaz de poner en pie a un estadio con un pase soñado, un gol difícil de olvidar o una lección silenciosa de liderazgo, convendrá recordar una verdad que este Mundial está dejando bien clara: La juventud puede ganar carreras, pero la experiencia sigue ganando partidos.
Y, con bastante frecuencia, también acaba ganando a la vida.


