Manuel Recio Abad. Suite Información.– Hay palabras que pesan demasiado como para utilizarlas a la ligera. Racista es una de ellas. Xenófobo, la otra.
Son palabras muy graves. Palabras que señalan, que tratan de condenar moralmente y que, pronunciadas desde el poder, pueden convertirse en una manera bastante eficaz de evitar una discusión incómoda.
La ministra de Sanidad, Mónica García, se ha paseado por Ceuta y encontró una fórmula extraordinaria para enfrentarse a los problemas sanitarios de la ciudad: negar que exista un colapso, admitir que la sanidad está «tensionada» y advertir de que asociar inmigración con enfermedad, delincuencia y peligro es “xenófobo”. Magnífico.
Pero hay un pequeño inconveniente. Ceuta es su responsabilidad y Melilla también.
España culminó hace años las transferencias sanitarias a las comunidades autónomas. La gestión directa que quedó en manos de la Administración General del Estado se concentra precisamente, a través del INGESA, en Ceuta y Melilla.
Dicho de otra manera: la ministra que tiene competencias generales sobre un gigantesco Sistema Nacional de Salud cuya asistencia gestionan fundamentalmente las comunidades autónomas conserva bajo la Administración estatal dos territorios donde puede demostrar directamente la eficacia de su gestión.
Son solamente dos ciudades: Ceuta y Melilla. No cincuenta provincias. No diecisiete comunidades autónomas. Dos ciudades únicamente.
Por eso resulta particularmente llamativo que, cuando una de ellas atraviesa una situación sanitaria extraordinariamente difícil, la respuesta política consista en discutir si debemos llamarla «colapso» o «tensión». Eso al ciudadano que espera ser atendido le importa un comino la precisión semántica y no digamos al sanitario que encadena jornadas extraordinarias probablemente también.
La propia ministra reconoce que en quince días se ha atendido a miles de migrantes, que ha sido necesario contratar urgentemente a decenas de profesionales y que determinados servicios están especialmente “tensionados”. Podríamos discutir durante horas o días, si semejante situación merece técnicamente la palabra colapso. Lo indiscutible es la realidad. Una llegada masiva y extraordinaria de personas a una ciudad pequeña ejerce necesariamente presión sobre sus servicios públicos. Sobre sus centros de acogida, sobre la policía, los servicios sociales y, naturalmente, sobre la sanidad.
¿Decir eso es racismo?. Hablamos de aritmética.
Si mañana llegan de golpe decenas de miles de noruegos, franceses, japoneses o argentinos a una ciudad de las dimensiones de Ceuta, sus servicios públicos sufrirán exactamente la misma presión. Los hospitales no preguntan por ideologías. Preguntan por camas.
Y aquí aparece lo que es verdaderamente preocupante de las declaraciones de la ministra.
En una democracia, un gobernante tiene derecho a defender apasionadamente su política migratoria, incluso considerar que España debe recibir más inmigrantes, puede defender determinados mecanismos de acogida y puede enfrentarse políticamente a quienes proponen soluciones diferentes.
Lo que no debería hacer es utilizar una acusación moral tan grave como la xenofobia para cerrar una discusión sobre la capacidad de nuestros servicios públicos. Porque entonces dejamos de debatir sobre política y empezamos a repartir certificados de bondad
Quien piensa como yo es solidario y quien discrepa, xenófobo. ¿Que fácil, no?. Sí, demasiado fácil y….demasiado peligroso.
Naturalmente que existe xenofobia, por eso no deberíamos convertir esa palabra en una coletilla política de uso continuo que termine perdiendo su significado.
Una persona puede defender la inmigración legal y ordenada y exigir al mismo tiempo control fronterizo.
Gobernar consiste precisamente en resolver esas contradicciones. Ahí es donde una ministra debe demostrar para qué sirve su Ministerio.
Resulta paradójico que Mónica García, médica de profesión y ministra de Sanidad, prefiera dedicar parte de sus explicaciones a determinar quién merece o no el calificativo de xenófobo cuando tiene delante una oportunidad magnífica para demostrar capacidad de gestión.
Ceuta. Una de las dos únicas administraciones sanitarias territoriales cuya gestión continúa directamente en la órbita del Estado.
Quizá antes de repartir calificativos convendría garantizar médicos suficientes, camas suficientes, medios suficientes y condiciones suficientes para que los magníficos profesionales sanitarios que están soportando esta situación puedan hacer su trabajo.
Después podremos hablar de semántica. Porque el racismo es demasiado grave para utilizarlo como arma arrojadiza y la xenofobia también.
La sanidad, señora ministra, es la única manera en demasiado importante para esconder sus problemas detrás de una palabra.


