Manuel Recio Abad. Suite Información.- Hay programas de televisión que se ven por costumbre y otros que se siguen por interés. HORIZONTE, dirigido y presentado por Iker Jiménez junto a Carmen Porter, pertenece sin ningún género de dudas al segundo grupo.
Cada emisión aborda cuestiones que preocupan a miles de ciudadanos: conflictos internacionales, seguridad, economía, inmigración, inteligencia artificial, corrupción, ciencia o nuevas tecnologías. Lo hace reuniendo a periodistas, médicos, juristas, militares, economistas, investigadores y especialistas que, en muchas ocasiones, aportan conocimientos difíciles de encontrar en otros formatos televisivos.
Ese es, probablemente, su mayor mérito. En una época en la que la televisión parece rendirse con demasiada frecuencia al espectáculo, al titular rápido y a la discusión estéril, HORIZONTE apuesta por dedicar tiempo al análisis. Pregunta, investiga y ofrece al espectador la posibilidad de escuchar opiniones fundamentadas, aunque no siempre sean coincidentes. Reconozcamos esa vocación investigadora.
Pero precisamente porque considero que es uno de los programas más interesantes de la televisión española, me permito formular una reflexión crítica. Confieso que, en ocasiones, termino quedándome dormido viéndolo. No porque el contenido carezca de interés. Al contrario. Me interesan y mucho los temas que trata y valoro el esfuerzo de investigación que hay detrás de cada emisión. Sin embargo, a veces tengo la sensación de que el programa prolonga demasiado determinados debates o insiste reiteradamente sobre una misma idea.
El espectador comprende el mensaje mucho antes de que concluya la conversación. Cuando eso ocurre, la atención comienza a disminuir. No porque el asunto haya dejado de ser importante, sino porque la explicación ya ha cumplido su objetivo.
Existe además otro riesgo. Vivimos rodeados de incertidumbres. Cada día aparecen nuevos desafíos tecnológicos, económicos o geopolíticos. Informar sobre ellos es una obligación del periodismo. Pero convertir permanentemente la incertidumbre en un estado de alarma puede terminar produciendo el efecto contrario al deseado. Cuando todo parece urgente, extraordinario o preocupante, el espectador acaba desarrollando una cierta fatiga emocional. La tensión constante termina anestesiando.
También creo que el programa podría enriquecerse incorporando con mayor frecuencia voces que discrepen de la tesis predominante en la mesa. No porque las opiniones actuales carezcan de valor, sino porque la confrontación respetuosa de argumentos fortalece cualquier investigación seria. Una conclusión es mucho más sólida y consistente cuando ha resistido, haciendo frente, a preguntas difíciles y objeciones bien planteadas. La discrepancia no debilita el periodismo, lo enriquece y además lo hace más creíble.
Dicho esto, sería injusto no reconocer la enorme aportación de Iker Jiménez y Carmen Porter junto a sus tertulianos, a la televisión pues están demostrado que todavía existe un público dispuesto a dedicar tiempo a escuchar, reflexionar y hacerse preguntas. Han roto la idea de que el espectador solo busca entretenimiento fácil y han mantenido vivo un formato que exige mucha preparación, gran aporte de documentación y un notable esfuerzo en la producción de cada programa.
No siempre comparto todas las conclusiones del programa. Tampoco creo que todas las hipótesis deban aceptarse sin un contraste más riguroso y abierto a la discrepancia. Pero siempre he preferido una televisión que haga pensar antes que una televisión que únicamente persiga entretener.
El periodismo no consiste en decirle al ciudadano lo que debe pensar. Consiste en ofrecerle información, datos debidamente contrastados y argumentos para que pueda pensar por sí mismo y sacar sus propias conclusiones. Si HORIZONTE consigue preservar esa vocación investigadora, reforzar el contraste de ideas y evitar caer en la reiteración, seguirá siendo uno de los espacios más valiosos de la televisión española.
Porque un buen programa no es el que confirma nuestras certezas, sino el que nos obliga a seguir haciéndonos preguntas.



