
Fernando Villena Madrid. Suite Información.– Cuando alguien habla de las fronteras españolas en el norte de África, casi inevitablemente aparecen dos nombres: Ceuta y Melilla. Y es lógico. Son las dos ciudades españolas al otro lado del Estrecho, las dos con población civil, ayuntamientos, colegios, hospitales, comercios, barrios y una vida cotidiana que las convierte, a todos los efectos, en ciudades españolas situadas en el continente africano. Pero si uno se detiene un poco más delante del mapa, descubre algo bastante más sorprendente: España tiene otras fronteras en África. Son diminutas, algunas apenas unos peñones o pequeñas islas, pero siguen siendo territorios de soberanía española. Son el Peñón de Vélez de la Gomera, el Peñón de Alhucemas y las islas Chafarinas. Y detrás de cada uno hay siglos de historia.
Quizá lo más curioso sea que su origen no está en el Protectorado español de Marruecos del siglo XX. Son bastante anteriores. España comenzó a ocupar diferentes enclaves del norte de África después de la conquista de Granada, cuando la desaparición del último reino musulmán de la Península no significó precisamente que terminaran las amenazas procedentes del Mediterráneo. La piratería, los ataques a las costas españolas y la necesidad de controlar determinadas posiciones estratégicas llevaron a la Corona a establecerse en distintos puntos del litoral africano. Melilla, por ejemplo, fue ocupada en 1497. Y en ese mismo contexto histórico hay que entender la presencia española en esos pequeños territorios que hoy vemos como simples manchas perdidas frente a la costa marroquí.
El Peñón de Vélez de la Gomera es probablemente el caso más extraordinario. España tomó posesión de él en 1508 y, aunque durante su historia hubo pérdidas y recuperaciones, permanece bajo soberanía española desde 1564. Durante siglos fue una fortaleza, un presidio y una posición militar de enorme valor estratégico. Pero la geografía decidió cambiar su aspecto de una manera que parece sacada de una novela: durante siglos fue una isla y en 1934 un terremoto provocó un desprendimiento que acabó formando un istmo y la unió físicamente al continente africano. Hoy existe, por tanto, una pequeña frontera terrestre entre España y Marruecos que prácticamente nadie recuerda cuando se habla de nuestras fronteras. Es un territorio español unido físicamente a África y, al mismo tiempo, separado de Marruecos por una línea fronteriza de apenas unos centenares de metros. Actualmente no existe allí una población civil estable; la presencia española es militar y el Ejército mantiene allí un destacamento permanente.
Después aparecen las islas de Alhucemas, un pequeño conjunto formado por el Peñón de Alhucemas y otros islotes. España tomó posesión del enclave en 1673, durante el reinado de Carlos II. También aquí la razón fue fundamentalmente estratégica: disponer de una posición desde la que controlar aquella zona del Mediterráneo y proteger las costas españolas. Con el paso de los siglos llegaron a existir habitantes civiles, además de militares, comerciantes y personas destinadas a los servicios de la plaza. Aquello fue mucho más que una roca con una bandera. Hubo una pequeña comunidad humana en medio del Mediterráneo y el lugar también tuvo funciones penitenciarias. Su importancia volvió a hacerse evidente durante la Guerra del Rif y, especialmente, en el contexto del desembarco de Alhucemas de 1925. Hoy la realidad es muy diferente: ya no existe una población civil permanente comparable a la que llegó a vivir allí y la presencia española es esencialmente militar. El Ejército continúa manteniendo personal destacado en el Peñón.
Y todavía nos quedan las Chafarinas, quizá las grandes desconocidas de esta historia. Son tres islas: Isabel II, Rey Francisco y Congreso, situadas frente a la costa norte de Marruecos, al este de Melilla. España tomó posesión de ellas en 1848 y su historia tiene incluso un pequeño episodio de rivalidad internacional: España se adelantó a Francia en la ocupación de las islas. Durante muchos años hubo allí una población civil considerable, además de la guarnición militar. Llegaron a tener casas, servicios, comerciantes y una pequeña vida social que hoy resulta difícil imaginar cuando uno contempla fotografías de aquellas islas. Con el tiempo, sin embargo, aquella población desapareció y las Chafarinas quedaron convertidas fundamentalmente en una posición militar y en un enclave de enorme interés natural. En la actualidad la presencia española continúa, con personal militar destacado de forma permanente.
Y aquí aparece una cuestión importante: ¿quién vive hoy en estos territorios? La respuesta es muy diferente a la de Ceuta y Melilla. En las dos ciudades existe una población civil estable y numerosa. En los peñones y las islas la situación es otra. No hay allí barrios, colegios ni una población civil permanente comparable. La presencia española es fundamentalmente militar, con los correspondientes servicios de apoyo y abastecimiento. El propio Ejército de Tierra confirma que la Compañía de Mar de Melilla mantiene personal permanentemente destacado en Chafarinas, Alhucemas y Vélez de la Gomera. En 2026, además, la propia Comandancia General de Melilla continúa realizando visitas de inspección a los destacamentos de estos territorios y los identifica expresamente como islas y peñones de soberanía.
Hay otro detalle que conviene recordar porque cambia completamente la perspectiva histórica. Estos territorios no son antiguas posesiones del Protectorado español que España conservase después de la independencia de Marruecos. Su historia es anterior. Vélez de la Gomera pertenece a la historia española desde hace más de cuatro siglos; Alhucemas desde el siglo XVII y Chafarinas desde 1848. Por eso España sostiene una distinción histórica entre estos territorios y el antiguo Protectorado. De hecho, en la terminología militar española se habla de las llamadas plazas de soberanía menores, frente a Ceuta y Melilla, que históricamente fueron consideradas plazas mayores. El Ejército de Tierra sigue utilizando actualmente esa denominación para Vélez, Alhucemas y Chafarinas.
Naturalmente, Marruecos no acepta esta interpretación española de la soberanía y reclama también estos territorios, además de Ceuta y Melilla. Sin embargo, la realidad sobre el terreno es clara: España mantiene allí su presencia militar y ejerce de manera efectiva su soberanía. Son territorios diminutos, pero no son territorios olvidados administrativamente. Hay militares españoles destinados allí, se izan las banderas españolas, reciben apoyo logístico desde Melilla y forman parte de la estructura de vigilancia y presencia de las Fuerzas Armadas. En abril de 2025, por ejemplo, el jefe del Mando de Canarias visitó personalmente los destacamentos de Vélez de la Gomera, Alhucemas y Chafarinas para inspeccionar las actividades de presencia y vigilancia.
Y luego está Perejil, el pequeño islote que muchos españoles incluyen automáticamente en esta lista. Conviene, sin embargo, hacer una distinción. Perejil fue escenario en 2002 de una de las crisis diplomáticas más graves entre España y Marruecos de las últimas décadas, después de que fuerzas marroquíes ocuparan el islote y España realizara una operación militar para desalojarlas. Pero Perejil no debe confundirse con las actuales plazas de soberanía españolas. Su situación es mucho más peculiar y, precisamente por ello, merece un artículo propio.
También existe Alborán, otra pieza de este rompecabezas que suele quedar fuera de las conversaciones. Es una isla española situada en el Mediterráneo, pero pertenece administrativamente a Almería y no forma parte de las llamadas plazas de soberanía del norte de África. El Ejército incluye actualmente el destacamento naval de Alborán junto a las ciudades de Ceuta y Melilla y los peñones e islas de soberanía en la estructura de presencia militar española.
Así que, si uno quisiera dibujar hoy el mapa de la presencia territorial española en el norte de África, tendría que mirar bastante más allá de Ceuta y Melilla. Están las dos ciudades, evidentemente, pero también ese pequeño rosario de territorios que se extiende frente a la costa marroquí: Vélez de la Gomera, Alhucemas y Chafarinas. Tres nombres que apenas aparecen en las conversaciones cotidianas y que, sin embargo, forman parte de la historia territorial de España.
Y quizá eso sea lo más fascinante. Una de nuestras fronteras está en una ciudad de cientos de miles de habitantes; otra, en un pequeño peñón unido a África por un terremoto; otra, en unas islas que llevan más de tres siglos bajo soberanía española; y otra, en un archipiélago ocupado en 1848 que hoy prácticamente solo visitan militares e investigadores.
Son territorios pequeños. Algunos son poco más que roca, fortificaciones y vegetación. Pero cuando uno mira la bandera que ondea allí entiende que las fronteras no siempre se explican por el tamaño de un territorio. A veces se explican por cinco siglos de historia.
Y resulta curioso que conozcamos perfectamente dónde termina España por los Pirineos, pero que muchos españoles no sepan que España también tiene pequeñas fronteras al otro lado del Mediterráneo.
Quizá sea hora de volver a mirar el mapa.



