Clara Villalba | Colaboradora de Náutica
Hay regatas que se ganan con velocidad. Otras, con tecnología, estrategia y equipos de tierra. Y después está la Golden Globe Race.
Una vuelta al mundo en solitario, sin escalas y sin asistencia exterior, en la que el navegante vuelve a enfrentarse al océano de una manera que recuerda a los grandes pioneros de la navegación oceánica. Aquí el GPS, el routing meteorológico desde tierra y buena parte de la tecnología que hoy domina las grandes regatas oceánicas dejan paso a las cartas, el sextante, el viento, las estrellas y, sobre todo, a la experiencia del navegante.
La filosofía de la Golden Globe puede resumirse en una idea muy sencilla: un navegante, un barco y los grandes océanos del mundo.
Una regata nacida en 1968
La Golden Globe tiene su origen en la histórica regata organizada por el Sunday Times en 1968. Nueve navegantes tomaron aquella primera salida y solamente uno consiguió completar la vuelta al mundo en solitario y sin escalas: Robin Knox-Johnston, cuyo nombre quedó para siempre unido a la historia de la navegación oceánica.
Décadas después, aquella aventura fue recuperada y transformada en una competición que mantiene buena parte de la filosofía original. La edición de 2026 vuelve a apostar por barcos de concepción clásica y por una navegación basada fundamentalmente en la capacidad del propio navegante.
Y ahí está buena parte de su atractivo. No estamos ante los gigantes tecnológicos de las modernas vueltas al mundo. Aquí los barcos son mucho más pequeños y la vida a bordo tiene otra dimensión. El océano parece mucho más grande cuando se navega solo.
6 de septiembre: comienza la aventura
El domingo 6 de septiembre de 2026, a las 14:30 horas, los participantes comenzaron a abandonar Les Sables-d’Olonne, en Francia. Los barcos fueron saliendo de la marina de dos en dos minutos para iniciar una aventura de aproximadamente 30.000 millas náuticas alrededor del planeta.
Desde el primer momento quedó claro que nadie iba a regalar nada. La flota comenzó a descender por el Atlántico, buscando las condiciones que permitieran poner rumbo hacia el sur y, posteriormente, hacia los grandes cabos australes.
Entre los primeros protagonistas apareció el francés Damien Guillou, a bordo de Solarem, que rápidamente se situó al frente. Muy cerca comenzó a navegar el irlandés Pat Lawless, con Silvermines Hydro.
Lanzarote, primera referencia
El paso por Lanzarote fue uno de los primeros puntos importantes de la regata. La organización estableció en Marina Rubicón un punto de filmación que los navegantes debían alcanzar antes de continuar hacia el sur.
Guillou fue el primero en llegar, el 16 de septiembre. Y la Golden Globe volvió a demostrar inmediatamente su carácter. Después de pasar por el punto establecido, el francés tuvo que realizar una reparación en la parte superior del mástil, sustituyendo una pieza del sistema del spinnaker. La reparación se realizó desde el propio barco y Guillou pudo continuar.
Poco después llegó Pat Lawless, que mantenía la presión sobre el líder. En aquellos primeros días, las diferencias entre ambos llegaron a reducirse considerablemente. La organización llegó a registrar a Lawless recortando alrededor de 30 millas en solamente 24 horas.
La Golden Globe comenzaba a ofrecer lo que todos esperaban: navegación, estrategia y aventura.
Y entonces llegó Gonzalo
La primera gran prueba meteorológica llegó con la tormenta tropical Gonzalo. Parte de la flota tuvo que enfrentarse a condiciones muy duras en el Atlántico. Gunnar Christensen llegó a describir vientos de alrededor de 50 nudos y olas de unos cinco metros, mientras sufría daños en distintos elementos de su embarcación.
Otros navegantes también tuvieron que reducir su ritmo o modificar temporalmente su rumbo. En una regata convencional, una tormenta puede ser una dificultad. En la Golden Globe, cuando estás solo en un pequeño velero a miles de kilómetros de tierra, la tormenta es otra cosa.
No hay un equipo esperando en el puerto. No hay un barco de apoyo. No hay nadie que pueda subir a bordo para ayudarte. Estás tú, tu barco y el océano.
Guillou y Lawless abren distancia
Después de superar las zonas de viento complicado y aproximarse a los alisios del Atlántico Sur, la situación comenzó a cambiar. Damien Guillou y Pat Lawless consiguieron abrir una importante diferencia respecto al grupo perseguidor.
El último parte oficial disponible señala que ambos se encontraban aproximadamente 550 millas por delante del grupo principal al alcanzar los vientos alisios del sureste.
Guillou continúa navegando en cabeza con Solarem, mientras Lawless mantiene la persecución con Silvermines Hydro. Detrás, la flota permanece mucho más agrupada y cualquier cambio meteorológico puede modificar rápidamente las posiciones.
Porque en la Golden Globe no basta con mirar quién está primero. Hay que mirar qué océano le espera.
La Golden Globe, hoy
A 1 de octubre de 2026, la regata se encuentra todavía en sus primeros compases. Los líderes avanzan hacia el Atlántico Sur mientras el resto de la flota intenta recuperar terreno después de las difíciles condiciones encontradas en el Atlántico Norte.
Pero quedan por delante miles y miles de millas. Todavía esperan a los navegantes el Cabo de Buena Esperanza, el océano Índico, el Pacífico y el Cabo de Hornos antes de afrontar el largo regreso hacia Francia.
Por eso sería un error pensar que una diferencia de 550 millas significa que la regata está decidida. En una vuelta al mundo de esta naturaleza, una avería, una tormenta, una zona de calmas o una decisión equivocada pueden cambiar una clasificación en cuestión de días.
La Golden Globe acaba de empezar.
El cuaderno de bitácora de Clara
Lo confieso: hay algo de esta regata que me resulta especialmente difícil de explicar. Quizá sea porque estamos acostumbrados a pensar que navegar hoy significa tenerlo todo controlado: pantallas, satélites, previsiones meteorológicas, comunicaciones permanentes…
Y aquí ocurre justo lo contrario.
Hay hombres y mujeres navegando solos en pequeños barcos, cruzando un océano enorme y tomando decisiones que pueden afectar a su propia seguridad sin tener a nadie al lado.
Por eso, más que una competición, la Golden Globe me parece una aventura humana. Me interesa saber quién va primero, por supuesto. Pero también quiero saber cómo están viviendo esos navegantes cada día, qué problemas encuentran, cómo responden sus barcos y qué sienten cuando delante solamente tienen agua.
Desde hoy, intentaré contar esa historia desde aquí.
Porque quizá lo más fascinante de la Golden Globe no sea quién llegará primero a Les Sables-d’Olonne. Quizá sea descubrir quién consigue llegar.


