
Carlos Alcaraz ha vuelto al nivel al que lo dejó antes de su lesión, como ha demostrado en la final del ATP de Viena, donde ha levantado su primer título ante De Minaur. Un torneo de Viena muy convincente tras su corto paso por el M1000 de Shanghái le da alas para un final de temporada cargado en la búsqueda de dos trofeos que aún no tiene, el M1000 de París y la Copa Davis.
La final del ATP 500 de la capital austriaca fue posiblemente el duelo más plácido de la semana, donde demostró que, cuando está bien, es muy difícil encontrarle puntos débiles.
Inicio arrollador de Alcaraz
Desde el inicio comenzó mandando, con un 3-0 ante un De Minaur, que pese a empezar sacando con un buen porcentaje de primeros, no conseguía hacer cosquillas al de El Palmar. Alcaraz aprovechaba cada opción que tenía para acelerar la bola, con el único debe de varios fallos con el revés, que pese a todo no ponían en peligro el set.
El ‘momentum’ del choque era suyo y el australiano tan solo hacía por resistir el infernal ritmo de bola del número 3 del mundo. Tal era la superioridad del español que el público estalló cuando De Minaur logró su primer juego, el del 4-1, con el objetivo de insuflarle fuerzas y esperanzas para ver una final más larga de lo que parecía en ese momento.
Fue lo único que celebró De Minaur esta manga, ya que Alcaraz, a base de puntazos de todos los colores y un saque demoledor se imponía por 6-1 en apenas 36 minutos de juego.
De Minaur intenta despertar, Alcaraz no baja el nivel
El primer juego del murciano fue un buen resumen del partido. Un 40-0 en un minuto con dejadas, saques, derechas durísimas… que siguieron durante todo el set. Sin embargo, De Minaur pudo resistir la primera embestida de Alcaraz. Volvió a tener la opción de romper tras una dejada brillante, pero el número 10 del mundo se aferró a su saque para darse a sí mismo una vida extra.
Subió el nivel de entrega y de lucha, con un punto que a cualquier humano haría resoplar durante varios minutos. Se lo llevó Alcaraz, como la gran parte de puntos largos que hubo en el choque. El español seguía sumando sus juegos al saque y ponía tensión en cada resto.
De Minaur, que tenía que ganar muchas veces cada punto, se resistía a conceder una rotura. La finura de Alcaraz tampoco era la misma que la de la primera manga, haciendo que el australiano pudiera salvar una nueva bola de ‘break’ en el tercero.
El guion era un ‘dejá vu’ constante. Alcaraz sumaba el juego a su saque con una facilidad pasmosa, y el turno era para De Minaur, que buscaba agarrarse de cualquier forma al duelo.
Volvió a tener la opción de acercarse a la victoria Alcaraz en el octavo juego del partido. Una vez más un 30-40, y en otra ocasión el australiano volvía a sacar su mejor tenis para darse una oportunidad más.
Pero tres obras de arte en el siguiente juego al saque de De Minaur, con 4-5 para el español, serían suficientes para cerrar el partido y llevarse el título. Del 30-15 para el australiano al ansiado ‘break’ con un brillante ‘passing’ de revés, luego un resto inverosímil a la línea para acabar con un puntazo con dejada, globo y derecha a la línea incluida para levantar su primer título en Viena.



