José Manuel Otero Lastres. Suite Información.- “En el capitulo VIII de su obra “El Príncipe” escribe Nicolás Maquiavelo que “hay algunos que llegan con maldades al principado”. Este autor de refiere a los que usan el camino malvado y pérfido para ascender al principado. Al contrario de otros que lo consiguen por el favor de sus conciudadanos y se convierten en príncipes de su patria.
Como nuestro Presidente llegó a serlo gracias a una moción de censura y no mediante el voto mayoritario de la ciudadanía, me permitirán que encuadre a Sánchez en el primer lugar y no en el de los que fueron elegidos por el voto mayoritario de la ciudadanía.
Pues bien, Sánchez dijo recientemente que no quería convocar elecciones porque seguramente gobernaría la derecha y la ultraderecha.
El 24, nuestro Rey pronunció un discurso del todo pertinente tal y como está la situación de nuestros dos partidos de gobierno.
En efecto, dijo el Rey que en la democracia las ideas propias “nunca pueden ser dogmas, ni las ajenas amenazas”. Y añadió que “avanzar es dar pasos con acuerdos y renuncias, pero en una misma dirección, no correr a costa de la caída del otro. Habló, añadió el Rey, “estoy hablando de diálogo, porque las soluciones a nuestros problemas requieren del concurso, la responsabilidad y el compromiso de todos; estoy hablando de respeto en el lenguaje y de escucha de las opiniones ajenas; estoy hablando de especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos; también de empatía; y de la necesidad de situar la dignidad del ser humano, sobre todo de los más vulnerables, en el centro de todo discurso y de toda política”.
No voy a valorar lo que supone que uno, sin realizar consulta alguna a los ciudadanos, se proclame como el mejor para dirigir nuestra política. Lo único que digo es que es alucinante que no convoque elecciones porque las pueden ganar la derecha.
A esto es a lo que seguramente se refiere nuestro Rey. Nadie dice que lo que supone Sánchez es un dogma ni lo que gane la derecha es una “amenaza”.
El Rey pide dialogo. Que los dos partidos mayoritarios hagan lo que hicieron en el pasado. Porque las soluciones a nuestros problemas -insisto- “requieren del concurso, la responsabilidad y el compromiso de todos; estoy hablando de respeto en el lenguaje y de escucha de las opiniones ajenas; estoy hablando de especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos; también de empatía; y de la necesidad de situar la dignidad del ser humano, sobre todo de los más vulnerables, en el centro de todo discurso y de toda política”.
Decir que nadie tiene dogmas a su favor y que lo de los otros no son amenazas, supone situar las cosas en un punto de salida común para gane el que ofrezca lo mejor para la ciudadanía.”


