Manuel Recio Abad. Suite Información.– La política es una profesión tan digna como cualquier otra, siempre que se ejerza con honestidad, vocación de servicio y respeto a los ciudadanos. Lo que no puede ser es una plataforma para hacer negocios, conseguir privilegios o enriquecerse aprovechando la posición que otorga el poder.
Quien quiera dedicarse a los negocios, que sea empresario. Quien quiera dedicarse a la política, que sea político. Ambas actividades son legítimas, necesarias y respetables, pero cuando se mezclan los intereses particulares con las responsabilidades públicas aparece un terreno peligroso donde la ética puede terminar subordinada al beneficio económico.
No estoy diciendo que un empresario no pueda dedicarse a la política. Todo lo contrario. La experiencia empresarial, profesional o laboral puede enriquecer extraordinariamente la gestión pública. Lo que sostengo es que, una vez asumida una responsabilidad política, debe existir una separación rigurosa entre el interés general y los intereses económicos particulares.
El político tiene derecho a cobrar un sueldo digno, acorde con sus responsabilidades. Tiene derecho a vivir de su trabajo, a mantener a su familia y a disfrutar de las mismas garantías que cualquier ciudadano. Pero ahí debe terminar su relación económica con el ejercicio del poder.
Su sueldo, a final de mes. Su patrimonio, perfectamente declarado. Sus intereses particulares, sometidos a las incompatibilidades legales. Y sus decisiones, exclusivamente al servicio de los ciudadanos.
No hacen falta políticos pobres. Hacen falta políticos honrados.
Tampoco hacen falta políticos que presuman de austeridad mientras encuentran fórmulas indirectas para beneficiarse de su posición. La honradez no consiste en aparentar modestia, sino en mantener una conducta irreprochable, tanto en la vida pública como en la privada.
El verdadero problema comienza cuando la política deja de entenderse como una responsabilidad temporal y se convierte en una carrera de intereses personales. Cuando los contactos institucionales se confunden con las oportunidades comerciales, cuando las relaciones de poder abren puertas que permanecen cerradas para los demás y cuando el cargo público termina siendo más rentable por lo que permite conseguir que por el salario que legítimamente corresponde.
Por supuesto, no todos los políticos actúan así. Sería profundamente injusto afirmarlo. Existen servidores públicos honestos, trabajadores y comprometidos, que merecen nuestro reconocimiento. Precisamente por ellos resulta imprescindible distinguir la política digna de los negocietes que pueden desarrollarse a su alrededor.
La transparencia, las incompatibilidades, la fiscalización del patrimonio y la prevención de los conflictos de intereses no deberían contemplarse como molestias burocráticas, sino como garantías fundamentales de una democracia sana.
Y esas exigencias deben extenderse también al entorno del poder. Familiares, intermediarios, asesores y personas próximas a los responsables públicos no pueden disfrutar de ventajas indebidas por sus relaciones personales. La igualdad ante la ley debe ser exactamente la misma para todos.
Desde una concepción liberal de la sociedad, defiendo la libertad de empresa, la propiedad privada y el legítimo beneficio económico. Pero precisamente por defender esos principios considero imprescindible que el poder político no altere las reglas de la competencia ni conceda privilegios a quienes disfrutan de mejores relaciones institucionales.
El empresario debe ganar dinero compitiendo en el mercado. El político debe ganarse su sueldo sirviendo al interés general. Así de sencillo.
La política no necesita santos ni mártires. Necesita personas preparadas, responsables y honradas, que sepan administrar lo que pertenece a todos y que comprendan que ocupar un cargo público no significa convertirse en propietario de una parcela del Estado.
Porque el poder no es un negocio, ni una herencia, ni una oportunidad comercial. Es una responsabilidad y quien quiera hacer negocietes, que deje la política y se dedique a los negocios.


