Manuel Recio Abad. Suite Información.– La tauromaquia está de luto. Andrés Hernando, uno de los grandes matadores de toros de aquella extraordinaria generación que llenó de emoción las plazas españolas durante los años sesenta y setenta, ha fallecido a los 88 años en un accidente de tráfico ocurrido en la provincia de Ávila. Una noticia inesperada y dolorosa que nos priva de un torero de extraordinaria categoría y de un hombre que dedicó buena parte de su vida a la Fiesta.
Nacido en La Velilla de Pedraza, Segovia, en 1938, Andrés Hernando perteneció a una generación irrepetible, la de Paco Camino, Diego Puerta, Santiago Martín «El Viti», Jaime Ostos y tantos otros nombres que hicieron del toreo una de las grandes manifestaciones populares de aquella España.
Tomó la alternativa en Segovia el 1 de julio de 1962, de manos de Victoriano Valencia y con El Viti como testigo, cortando aquella tarde tres orejas y un rabo. Dos años después confirmó su doctorado en Las Ventas, donde llegaría a abrir en tres ocasiones la Puerta Grande, una de ellas en la histórica corrida de Beneficencia de 1964.
Tres puertas grandes en Madrid no son fruto de la casualidad. Son el reconocimiento de una afición exigente a un torero que supo conjugar el valor, el temple, el conocimiento de los terrenos y una personalidad propia delante de los toros.
También Sevilla conoció su categoría. Llegó a hacer el paseíllo en diecinueve ocasiones en la Real Maestranza, una plaza que sabe distinguir perfectamente entre el torero que simplemente cumple y aquel que tiene algo verdadero que decir con la muleta.
Su trayectoria estuvo jalonada de triunfos importantes, entre ellos el indulto del toro «Potrico», de Pablo Romero, en la Monumental de Barcelona en 1968, acontecimiento excepcional en aquellos tiempos. Se retiró definitivamente en 1974, en su Segovia natal, pero nunca abandonó su vinculación con el mundo taurino, al que siguió dedicado desde otras responsabilidades.
En 2023, la Comunidad de Madrid le rindió un merecido homenaje descubriendo un azulejo conmemorativo en Las Ventas, reconocimiento a una trayectoria que forma parte de la historia de nuestra tauromaquia.
Andrés Hernando fue, por encima de estadísticas y trofeos, un torero de los que se hicieron respetar por su entrega, su valor y su concepto del toreo. Perteneció a una época en la que alcanzar un puesto entre las figuras exigía competir con hombres extraordinarios y demostrar cada tarde que se merecía estar anunciado junto a ellos.
Hoy, cuando tanto hablamos de recuperar la autenticidad de la Fiesta, conviene recordar a quienes contribuyeron a engrandecerla con su esfuerzo, su sangre y su verdad.
Desde estas páginas quiero expresar mi más sentido pésame a su familia, a sus amigos y a toda la familia taurina, especialmente a la afición segoviana, que siempre lo consideró uno de sus grandes representantes.
Descanse en paz Andrés Hernando. Se nos ha ido un torero de verdad, pero su nombre permanecerá en la memoria de quienes sabemos que el toreo, cuando se hace con autenticidad, es mucho más que un espectáculo
foto portada: Diario de Avilés.


