
Por David Espriu
davide@mkrp.es
Lugar: Palau de la Música (Barcelona).
La luz de octubre se derrama como un licor dorado sobre el Mediterráneo barcelonés. Dentro de “El Palau” me encuentro con Iryna Liulchenko mientras se realizan preparativos en el escenario del solemne recinto. El espacio, ofrece una caricia tibia, casi impúdica frente a la inmensidad de la historia y cultura que en él se ha dado cita a lo largo de décadas… Su voz no necesita micrófonos; tiene la densidad de la seda y la calidez de la tierra mojada en un entorno inmejorable.
David. Empecemos por el principio. ¿Cómo llegaste a dedicarte a tu profesión? Porque intuyo que no te defines por una sola cosa.
Iryna. Nunca me ha atraído la idea de definirme únicamente por una sola profesión. Me interesan las personas, las ideas, la estética y el arte; todas estas esferas están presentes de diferentes maneras en mi vida. Mi experiencia profesional está relacionada con los recursos humanos, la búsqueda de talento y los proyectos estratégicos. A la hora de trabajar con personas, para mí es importante comprender lo que hay entre líneas. Es ahí donde se manifiesta mi interés por la naturaleza humana. Con el tiempo, mi interés se ha extendido a la estrategia, el posicionamiento y la identidad.

David. Sin embargo, hay una faceta tuya que hoy nos trae hasta este recinto. Una faceta que se escapa de las oficinas y los despachos. ¿Cuándo empezaste a coquetear con el canto clásico?
Iryna. Me interesé seriamente por el canto clásico aquí, en la isla, un año antes de incorporarme al coro Capella Mallorquina en 2018. Tenía 33 años. Una edad curiosa, ¿verdad? Siempre había querido cantar, pero la ópera y el canto clásico me parecían algo especial, casi un mundo aparte. Antes probablemente no me habría atrevido a dar ese paso. Ahora sigo desarrollando mi voz con clases de canto clásico con Cristina Van Roy. Poco a poco, la música se convirtió en algo mucho más importante que una simple afición.
David. Háblame de esa voz. No de la técnica fría, sino de la carne, del timbre. ¿Cómo se siente ser mezzosoprano?
Iryna. Mi voz pertenece al registro de mezzosoprano como bien dices. Me gusta trabajar con la expresividad del timbre, su profundidad y su calidez. El esfuerzo con la voz me ha descubierto una nueva forma de conocerme a mí misma. Es una experiencia en la que hay que aprender a escuchar, a sentir, a estar atenta a los matices más sutiles y, al mismo tiempo, atreverse a expresar aquello que no siempre se puede transmitir con palabras. Me he dado cuenta de que, incluso en la edad adulta, es posible descubrir nuevas facetas de una misma y dar espacio a deseos que llevaban mucho tiempo esperando hacerse realidad. Para mí, no es solo un pasatiempo, sino una necesidad interior, una forma de expresarme.
David. En el coro, la individualidad suele diluirse. ¿Cómo se conjuga tu voz personal con ese colectivo?
Iryna. En el coro, mi individualidad no desaparece, sino que adquiere otra dimensión, la voz personal pasa a formar parte de un todo que ningún intérprete podría crear por sí solo. Es una clara entrega. Tu timbre, tu yo más íntimo, se somete a una arquitectura mayor, y en esa rendición encuentras una plenitud que el solista, en su soledad, jamás alcanza.
David. Estás en un entorno idílico, con la cultura de siglos abrazándote. ¿Cómo se funde tu canto con esta poesía inmensa del Palau?
Iryna. (Sonríe, mientras me mira). Es una simbiosis. Cuando cantas aquí, la atmósfera te llena los pulmones y la resonancia cambia. La música se convierte en una necesidad, en una oportunidad para sentir una conexión con algo que trasciende los límites de la vida cotidiana. En Mallorca, cuando por fin empecé a dedicarme en serio a ésto, la música se convirtió en algo mucho más importante que una simple afición. Aquí la belleza no se revela de inmediato; hay que observarla con más atención, igual que se escucha un matiz en una partitura barroca.
David. Y llegamos al barroco. Me atrevo a decir que hay una fascinación casi erótica en cómo describes esa música…
Iryna. Me atrae especialmente la música barroca. En ella encuentro profundidad emocional, dramatismo, espiritualidad, complejidad intelectual y una estética increíble. Me fascina cómo la música puede ser a la vez compleja en su estructura y directa en su impacto sobre los sentimientos. Es un juego de seducción. De Händel me fascina la fuerza expresiva de su música, que puede ser solemne, íntima, dramática y luminosa, conservando al mismo tiempo una precisión extraordinaria. En diciembre viajaré a Estrasburgo junto con la Capella Mallorquina para participar en El Mesías de Georg Friedrich Händel, bajo la dirección de José María Moreno. Participarán la Orchestre du Rhin con instrumentos antiguos, la soprano Pauline Bonnet, el tenor Jingxuan Peng, y más de un centenar de cantantes. El programa incluirá también Zadok the Priest y Dixit Dominus. Es llevar ese éxtasis sonoro a su máxima potencia.
David. Más allá de la música, la imagen también forma parte de ti. Eres modelo y te gusta la fotografía. ¿Qué ves desde el otro lado del objetivo?
Iryna. Me interesa observar la imagen desde dos perspectivas, estar delante de la cámara y, al mismo tiempo, fijarme en la luz, la composición, el carácter de la persona y el momento. Es un ejercicio de empatía visual. Me encanta la moda, las proporciones armoniosas, los tejidos de calidad. Para mí, la elegancia no consiste tanto en una marca concreta o en seguir las tendencias, sino en saber elegir, comprender mi propia personalidad y sentirme cómoda con mi estilo. Me gusta la elegancia que no necesita llamar la atención para que se note. La seda, el terciopelo, los tejidos naturales… la caricia de lo bien hecho.
David. Hablemos de tus raíces. Vienes de Járkiv. ¿Cómo ha moldeado esa ciudad gris y rebelde a la artista que eres hoy?
Iryna. Soy de Járkiv, una ciudad con la que sigo identificándome y que, en muchos aspectos, me ha moldeado. Para mí, es una ciudad gris con alma propia. Una ciudad de hormigón, amplias avenidas, parques verdes, encuentros estudiantiles y charlas nocturnas. Una ciudad de intelecto, libertad, independencia interior y un poco de espíritu rebelde. No tenía una belleza evidente que saltara a la vista de inmediato, pero sí una atmósfera especial que había que sentir y aprender a apreciar. Quizá de ahí provenga mi deseo, a lo largo de toda mi vida, de descubrir otras culturas, buscar la belleza y percibirla allí donde no siempre se encuentra a simple vista. Mis raíces están en Ucrania, pero mi experiencia vital trasciende desde hace tiempo los límites de una sola cultura. Vivir en Mallorca me ha dado la oportunidad de entrar en contacto a diario con diferentes visiones del mundo.

David. Madre de un hijo de quince años. ¿Cómo se conjuga la maternidad con esa necesidad imperiosa de ser artista, de tener un mundo propio?
Iryna. La maternidad es una parte importante de mi vida, pero también considero importante conservar mi propia identidad, seguir desarrollándome, descubrir nuevos horizontes y tener sueños personales. Para mí, ser madre y, al mismo tiempo, seguir siendo una mujer con mis propios intereses, mi creatividad y mis aspiraciones son partes de una misma vida. No quiero tener que elegir entre mi realización profesional, la maternidad, la creatividad y mi vida personal. Me gustaría encontrar mi propio equilibrio, en el que todo ello pueda coexistir.
David. Cuéntame tus anécdotas, sueños… todo lo que le contarías a un amigo con el que te encuentras por primera vez.
Iryna. Siempre me han interesado las personas con diferentes experiencias, culturas y puntos de vista. Me encantan las conversaciones que van más allá de lo cotidiano y las personas que tienen su propio mundo. Me gusta cuando la belleza no se revela de inmediato. Probablemente por eso me entusiasman tanto los nuevos lugares, las personas y las culturas, me interesa observarlos con más atención y descubrir aquello que, a primera vista, puede pasar desapercibido. Al mismo tiempo, para mí es muy importante estar en contacto con la naturaleza; en ella encuentro fuerzas y equilibrio. También me identifico con la idea de que una persona puede cambiar a lo largo de toda su vida. No es necesario definir de una vez por todas quién eres y qué lugar debes ocupar en el mundo.

David. Siempre sonríes. ¿Cuál es el secreto para tener siempre una sonrisa en los labios, incluso cuando la vida aprieta?
Iryna. No sé, ¿de verdad sonrío siempre? (exclama mientras sonríe)… Parece que así es como tú me ves. La verdad es que intento mantener la curiosidad por la vida y disfrutar de las pequeñas cosas, una buena conversación, la música, un paisaje, una exposición, una cena con amigos o un momento inesperado. A veces, la sonrisa y el sentido del humor también pueden ser una forma de protegernos; lo sé bien. Pero creo que lo importante es no perder el interés por el mundo, incluso en los momentos difíciles. Además, valoro mucho a las personas con sentido del humor. La inteligencia y la capacidad de reírse de uno mismo son una combinación maravillosa.
David. Antes de terminar, hablemos del futuro. ¿Cómo te gustaría que fuera?
Iryna. Me gustaría construir una vida en la que la realización profesional, el arte, las relaciones personales y la libertad tengan su propio lugar. Por ahora, no quiero limitarme a una sola línea de trabajo concreta. Me interesa dejar margen para posibilidades que quizá ni siquiera me haya planteado todavía. Obviamente la música debe jugar un papel predominante…, desarrollar mi voz, descubrir nuevas obras y participar en proyectos musicales interesantes. Ya es una parte importante de mi vida y no me gustaría que quedara en un segundo plano. Me gusta llevar una vida bonita y plena: lugares interesantes, viajes, arte, buenas conversaciones y gente que tiene su propio mundo. Pero para mí es importante no solo tener muchas experiencias, sino también estar en un entorno con el que me sienta identificada. Y, al mismo tiempo, necesito libertad, la posibilidad de cambiar de rumbo, descubrir nuevas facetas de mí misma y probar cosas que antes no había hecho. Probablemente, para mí, el futuro no es tanto un plan concreto como la oportunidad de construir mi vida de acuerdo con mis propios intereses y valores, sin dejar de estar abierta a lo nuevo.
David. Un color. ¿Por qué?
Iryna. Para mí, esta pregunta es del mismo tipo que la de cuál es mi libro o mi música favoritos. Nunca he tenido un único color favorito. Me encantan los colores intensos y profundos. En mi armario, el negro es la base, pero siempre hay algún toque de rojo o coral. También me encantan los tonos azules y verdes profundos. Curiosamente, hay un color, un tono menta suave y claro, que me recuerda al mar en un día soleado. Vuelvo a él una y otra vez. Últimamente está muy presente en mi vida. Algo significará, ¿no? No sé si significa algo, pero me gusta.
Mientras las luces brillan con esquinas doradas acústicamente perfectas, me despido de ella al tiempo que se adentra hacia un escenario deseoso de mostrar nuevas notas, nuevos cantos para un público que siempre será entregado. Me alejo dejando atrás al éxito que viene y los aplausos que la buscan…



