Paloma Postigo Pérez. Suite Información.- Ilusión, prosperidad, nuevas posibilidades, así es la Navidad, y yo que me alegro porque son buenas palabras repletas de buenos sentimientos. Y me pregunto: ¿existe un espíritu de la Navidad?. ¿Alguien o algo que nos lleve a ser mejores personas?. Os saco de dudas.
Nata, una señora de avanzada edad, decidió que ya era hora de tener una conversación, pero Nata es muy especial, y decide esto mismo cada uno de diciembre. La rutina siempre la misma: moño elegantemente despeinado, botas altas, y el guardapolvo de terciopelo gordo color azul burdeos con el que sale a volar cada año, mismo día y misma hora en busca de una persona especial. La persona.
Ya os digo que es una mujer diferente, sus pasos no dejan huella y su figura no pasa inadvertida, por la belleza de su sombra y por ese soplo de viento de paz que desprende y se te mete hasta muy adentro. El paseo de Nata nunca es el mismo porque su vida carece de esa horrible tarea tan humana que es tener que decidir. Simplemente camina.
Es amante de las fundas de cojines, las colonias fresquitas y las buenas gentes, por eso paró a tomar una menta poleo en el bar más bonito del centro de Sevilla.
La decisión de sentarse junto a un hombre con muy mala cara, ojos cansados y pómulos marcados por el sufrimiento y la culpa, no fue baladí, sino necesario y, casi urgente diría yo.
-¿Le importaría que compartiéramos mesa caballero?
-Yo ya me iba, le dejo la mesa.
-No huya, como suele hacer habitualmente, esta vez… quédese.
Pedro la miró con desprecio pero no pudo moverse aunque quería, se había quedado pegado al asiento y sintió cómo había llegado la hora de la verdad.
-Querido Pedro, vamos a visitar lugares sin movernos de aquí, desde su SILLÓN, ¡Relájese!.
**VISITA I.**
Como por arte de magia, el señor de pómulos y mala cara se encuentra en un tren destino a Barcelona que, de repente, se para a pleno sol y sin aire acondicionado. Allí las horas eran más que agobiantes y la gente lo pasaba realmente mal. Esta experiencia duró unas 12 horas, sin agua, ni wifi, ni ná, hasta que, pasado ese tiempo, vuelve la cabeza y ve a Nata con su poleo humeante. No había pasado el tiempo y seguían allí.
-¿Cómo ha ido Pedro? Te pediré una Cruzcampo para que te hidrates un poco.
-Es una barbaridad, qué falta de profesionalidad! Qué calor!.
-Coge aire que te piras otra vez.
*VISITA II.*
La sala de espera del Hospital General está hasta arriba, las camas por los pasillos y cientos de personas quejándose de dolor en voz alta mientras los médicos y las enfermeras corren de un lado para otro.000
Pedro quiso echar a correr para salir de allí pero, oh! No puede, tiene un fuerte dolor que le lleva a mirar su pierna dándose cuenta de que la tiene rota.
De nuevo 12 horas de olores, sudores y lamentos humanos. Horas interminables, y él, con la pierna fastidiada. Se quedó adormilado del mismo dolor y, cuando despertó, encontró su Cruzcampo intacta y helada, como acabada de servir, ¡muy fresquita ella!.
Os preguntaréis porqué no salió corriendo del bar, pues porque le podía la avaricia, en el fondo no quería que le quitaran el SILLÓN. Tenía el mejor sitio, la mejor mesa y en el mejor bar de la ciudad.000
-Tienes malilla cara, afirmó Nata. Qué tal tu pierna?
Ya no dolía, estaba perfecta.
-Anda, bebe, que estos cuentos de Navidad, tradicionalmente, tienen tres viajes…000
*VISITA III*.
Uf, qué relax sintió cuando se encontró a punto de abrir la puerta con su llave de la Moncloa. Madre mía que tía más pesada la del guardapolvo, si lo llego a saber, le doy una cartera y me deja en paz seguro.000
Pero pronto descubre que sus llaves no entran en la cerradura y llama desesperado al timbre, a lo que sale un tipo lleno de tatuajes y hablando un poco raro.
-Qué hace usted en mi casa? Preguntó nuestro “prota”.
-Ya no es su kely, ahora es mía, y si quiere le cobro mil “eurasos” por una habitación. Wifi a parte y baño compartido.
Pedro pasó doce horas intentando que la policía lograra sacar a los okupas de la Moncloa, pero las leyes son las leyes y para todos igual. Doce horas de sufrimiento y sin descansar.
Sentado en las escaleras de la entrada sintió cómo se desvanecía algo dentro de él, y, sin saber bien qué le pasaba, deseó volver a estar con Nata, y así fue.
-Ahora, querido Pedro, después de estas tres experiencias, pide un deseo que te lo haré cumplir. Siempre y cuando no sea ilegal.
-Deseo volver a tener buena cara.
-Pues para éso debemos volver al principio, a tus principios y cambiar lo que has hecho mal, para que, dentro de un año, no volvamos a este bar y te deje para siempre en un tren a la deriva, ya me entiendes…….
Moraleja: es la lección moral que se extrae de un cuento, promoviendo valores y reflexión. (RAE).
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