Suite Información tiene el honor de contar desde esta temporada con uno de los mejores críticos de cine de este país. Ayer acudimos a la nueva película del Gran José Mota. Así lo vio nuestro especialista Jerónimo Rosales….
Jerónimo Rosales. Suite Información.- Hay películas que se disfrutan y otras que, además, tienen la extraña virtud de recordarnos algo que habíamos olvidado. Arriba Tutto pertenece, para mí, a esa segunda categoría.
José Mota debuta en la dirección con una seguridad sorprendente. Y no me refiero solo a la dirección de actores (territorio en el que cabía esperar que se desenvolviera con soltura), sino a algo bastante más difícil para un director novel: saber dónde mantener la cámara y, sobre todo, cuándo no moverla. Mota sabe aliviar los momentos de mayor tensión dramática sin desactivarlos y sostener las escenas cómicas sin precipitarlas ni convertirlas en una sucesión de gags. Hay detrás de la cámara una serenidad que no parece propia de un debut.
Karra Elejalde está extraordinario. Tiene esa rara capacidad de transitar de lo cómico a lo doloroso sin que se vea el mecanismo. Y el niño Pablo Cabello está sencillamente magnífico. Entre ambos se produce una química que sostiene la primera parte de la película y consigue algo dificilísimo que aceptes el planteamiento de la historia con la naturalidad de quién escucha hablar a un amigo.
El propio José Mota se reserva un papel difícil, probablemente porque comprende perfectamente el mundo que está contando y sabe cuál debe ser su lugar dentro de él. No renuncia a su esencia de cómico, pero tampoco se refugia en ella, no pretende sorprendernos, lo consigue, rezuma amor al cine en cada plano, en cada escena.
Diego Anido y Eugenio Barona realizan también dos interpretaciones destacables. Funcionan como contrapunto, sin excesos, tanto a la comicidad como al dramatismo de la historia. Nunca parecen empeñados en robar una escena; están exactamente dónde deben estar. Y Olivia Molina resulta maravillosamente natural, hay momentos en los que más que interpretar parece estar hablando directamente con el espectador. Pero quizá lo más interesante sea precisamente lo que supone Arriba Tutto para José Mota. Ha sido capaz de dar el salto desde la interpretación y la comedia a la dirección sin aparentes etapas intermedias, y hacerlo recreando desde detrás de la cámara un mundo que sigue siendo inequívocamente suyo. Tal vez eso solo pueda hacerlo alguien que llevaba muchos años dirigiendo películas dentro de su cabeza sin saber todavía que algún día iba a rodarlas.
Tiene también un enorme mérito el guion. Porque no era fácil navegar por aguas en las que inevitablemente aparecen ecos de La vida es bella, Cinema Paradiso o El viaje a ninguna parte, entre otras grandes películas, sin naufragar en sus procelosas influencias. Son obras demasiado poderosas como para acercarse a ellas sin correr el riesgo de acabar hablando con su voz. Arriba Tutto, sin embargo, consigue mantener la suya con un hallazgo sorprendente, la voz del niño que fuimos.
Y, curiosamente, mi momento mágico de la película no está en las escenas entre el niño y Karra Elejalde, por inigualables que estén ambos.
Está en Hendaya.
En esa maravillosa locura de hacer aparecer a Don Quijote en la estación de Hendaya, en medio de aquella cumbre histórica, frente a un mundo que se disponía a consumar algunas de sus mayores atrocidades.
De repente, nuestro loco maravilloso de La Mancha contempla la locura de los cuerdos.
Y ahí Mota recupera algo que demasiadas veces olvidamos de la verdadera esencia cervantina: el humor.
Don Quijote y José Mota se confunden entonces por un instante. Los dos avanzan con la lanza del humorismo en ristre frente a un mundo que se toma demasiado en serio a sí mismo.
Y mientras los poderosos hablan de fronteras, ejércitos, guerras y muerte, nuestro caballero sigue empeñado en su empresa imposible convertir las balas en flores.
Quizá por eso el título encierra mucho más de lo que parece. Tutto bambino.
Porque alguna vez todos fuimos ese niño.
Y quizá el verdadero viaje consista en conseguir no olvidarlo del todo.



