Xavi Altamirano. Suite Información.- Hace ocho años, ese sueldo mínimo interprofesional tan bajito que había, llegaba para mucho más que el de hoy. Conseguir una vivienda en alquiler no era una quimera. Podíamos hablar de política solo discutiendo, sin tener que saltar un muro. Teníamos presupuestos generales del Estado, pero, sobre todo, los trenes no mataban.
No hemos avanzado en absolutamente nada. Hay un meme recurrente donde aparecen dos personas, y el progresista pretende asustar a su acompañante asegurándole que, si entra la derecha, íbamos a retroceder ocho años, y este le contesta que ojalá.
Hemos utilizado los recursos públicos para robarlos de muchas formas, incluso para poner pisos a las fulanas, para darles contratos de trabajo en empresas públicas, incluyendo el entorno de Renfe. Lo de Leire en Correos tampoco se queda corto. Hemos pasado la vergüenza internacional más severa de la historia de la democracia; lo del entorno más cercano del presidente es tremendo. Lo de Koldo, Ábalos y Cerdán solo es superable por la poca vergüenza del perfecto caballero de la ética socialista, el de «ser socialista es estar dispuesto a tener poco y dar mucho», frase que solo ha superado Ábalos con eso de «soy feminista porque soy socialista»: «dos cromos».
Si no tenemos presupuestos, o incluso teniéndolos, los politicuchos se dedican a gastar donde el relato se engrandece y compra votos. Lo de mantener los montes y cauces, los pantanos, las carreteras y las vías del tren no sale en las noticias de ninguna cadena, por lo que no vale la pena gastar ni un duro en esas cosas.
Mantener es gobernar bien.
No hace falta atribuir cada accidente o cada deterioro a un solo «currito» para no reconocer el problema verdadero. Las infraestructuras envejecen, el clima exige más prevención y los servicios públicos necesitan revisiones constantes. Cuando el mantenimiento se aplaza, el coste no desaparece: se acumula y puede acabar pagándose con dinero, tiempo y, como ayer se demostró de nuevo en nueve meses, con vidas humanas.
Intentar convencernos de que el accidente de ayer es culpa de unos empleados, además de llamarnos gilipollas, como hacen a diario, es de malnacido. Esas personas deben ser defendidas por sus compañeros a través de su sindicato y pedir la cabeza del cromañón de los coj……
Al final, el votante lógico no juzga a las instituciones solo por lo que anuncian, sino por lo que funciona en su vida diaria. Inaugurar puede dar votos hoy. Mantener bien es lo que permite confiar en que mañana todo seguirá en pie.
Esto va a hacer que lo paguen en las urnas.



