Mario Zottola. Suite Información.– El presidente del Gobierno Pedro Sánchez, nos tiene acostumbrados a no hacer lo que les exige a los demás. Y algo parecido la pasa al ministro de Asuntos Exteriores. Ambos, piden lo que no hacen. No se trata de esquizofrenia o de bipolaridad, sino de un simple recurso dialéctico muy usado en el populismo y particularmente por Sánchez y sus ministros.
El presidente promovió un pacto nacional sobre la emergencia climática según anunció con su tono monocorde en el Puesto de Mando Avanzado de Turre (Almería), donde se coordina la extincióndefinitiva del catastrófico incendio de Los Gallardos.
Aplaudimos la propuestas de Sánchez pero sus palabras suenan vacuas, frente al muro que propuso levantar el día que tomó posesión de su cargo. Tampoco podemos olvidar la estrategia de no reconocer y respetar la figura de “Jefe de la Oposición” y la mentira de los sucesivos Presupuestos del Estado, siempre prometidos y nunca presentados. Sin olvidar su práctica habitual en la Sesiones de Control en Diputados, donde cada respuesta presidencial se transforma en una pregunta a la oposición, una pregunta sobre hechos pasados, olvidados y hasta juzgados.
En cuanto al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, que ha pedido a Feijóo que desautorice a Rajoy por unas declaraciones sobre la selección de fútbol francesa, suenan a broma, porque Feijó le podría responder pidiéndolediciéndole que pida a Sánchez, que exija a Zapatero que explique la procedencia de sus multimillonarias joyas y sus falta de declaración a la Agencia Tributaria.
El populismo tiene varias premisas que conocemos muy bien. La primera es que siempre hay que decir lo que la claque, es decir, sus votantes, quieren escuchar. Prometer todo y anunciar leyes o presupuestos que nunca se presentan. Y la segunda práctica habitual es, “hacer lo que yo digo pero no lo que yo hago.


