VR.- Si algo singulariza a una sociedad madura como la de Málaga es que sabe, sobre todo, honrar la fidelidad, la ejemplaridad y el servicio. Málaga siempre ha sabido reconocer a quienes, con discreción, perseverancia y sacrificio, han contribuido a engrandecer el nombre de su tierra sin esperar nunca recompensa distinta de la satisfacción del deber cumplido. La reaparición de David Galán en la Feria de su tierra constituye una de esas ocasiones excepcionales en las que una ciudad tiene la oportunidad de reconciliarse con su propia memoria y rendir tributo al exponente de una de las sagas más leales.
El regreso de David Galán a La Malagueta trasciende la dimensión estrictamente taurina, ya que no se trata únicamente de la vuelta de un matador a su plaza, sino del reencuentro entre Málaga y un hombre que ha hecho del honor, la dignidad y la fidelidad a sus raíces la razón de ser de toda una trayectoria profesional y humana.
Existe, además, una dimensión profundamente simbólica en este regreso. David Galán es heredero de un legado cuya primera piedra fue colocada por su padre, Antonio José Galán, hombre que transmitió a su hijo no solo el amor por la tauromaquia, sino una manera de entender la vida sustentada en el esfuerzo, la humildad y el respeto. Ese patrimonio moral ha encontrado en David una continuidad ejemplar. No ha administrado una herencia; la ha engrandecido.
A lo largo de los años, pocas veces se ha reconocido con la justicia debida el extraordinario papel desempeñado por David Galán como embajador de Málaga. Allí donde ha vestido el traje de luces, el nombre de la ciudad ha viajado con él. En plazas de España y del extranjero ha proyectado una imagen de profesionalidad, seriedad y excelencia que ha contribuido a prestigiar a Málaga mucho más allá de los límites de su provincia. Conviene recordar que el verdadero prestigio nace del comportamiento y de la coherencia.
Pero si admirable resulta el torero, aún mayor es la estatura del hombre. Quienes han compartido con David Galán el camino de la vida coinciden en señalar una cualidad que no admite artificios: su inmensa calidad humana. La nobleza de carácter, la sencillez en el trato, la lealtad hacia los suyos y una permanente disposición al servicio de los demás configuran una personalidad excepcional en un tiempo demasiado inclinado al individualismo y la apariencia.
No menos relevante ha sido su compromiso ético con aquellas causas que dignifican a una sociedad. Sin estridencias, sin convertir la solidaridad en escaparate ni buscar el aplauso fácil, David Galán ha prestado su nombre, su tiempo y su esfuerzo a numerosas iniciativas de carácter benéfico, convencido de que el prestigio solo adquiere verdadero sentido cuando se pone al servicio de quienes más lo necesitan. Esa forma discreta de ejercer la generosidad revela la autenticidad de unos principios que no entienden de oportunismos.
Los pueblos construyen su identidad colectiva a partir de la memoria de quienes, como los Galán, la han representado y representan con honor. También Málaga. Por ello, la presencia de David Galán en esta Feria no debería contemplarse únicamente como un acontecimiento taurino, sino como una ocasión para expresar públicamente una gratitud largamente merecida, ya que existen trayectorias que no pueden medirse únicamente por las estadísticas, las puertas grandes o el número de trofeos conquistados. Hay vidas cuya verdadera dimensión reside en los valores que encarnan y en el ejemplo que dejan.
La afición malagueña tiene ahora la palabra. El aplauso que reciba David Galán en La Malagueta será mucho más que una ovación a un torero. Será el reconocimiento a un hombre íntegro; al heredero de una estirpe que comenzó con Antonio José Galán y que ha sabido honrarla con brillantez; al malagueño que jamás dejó de llevar el nombre de su ciudad con orgullo, decoro y dignidad; al profesional que ha engrandecido el prestigio de Málaga allí donde ha ejercido su vocación.
Las ciudades que olvidan a quienes las ennoblecen empobrecen su propia historia. Las que saben agradecer el ejemplo de sus mejores hombres fortalecen su identidad y proyectan un futuro cimentado sobre la memoria y el reconocimiento.
La reaparición de David Galán ofrece a Málaga una oportunidad que trasciende el calendario de la Feria. Es la ocasión de rendir homenaje, en vida, a quien ha servido a su ciudad con el lenguaje más elocuente de todos: el de la ejemplaridad. En ese sentido, pocas distinciones pueden resultar más nobles que el respeto y el afecto sinceros de un pueblo hacia uno de los suyos, cuando ese pueblo reconoce, por fin, que algunos legados no pertenecen únicamente a la historia de la tauromaquia, sino también al patrimonio moral de Málaga.
Redacción
Redactor de contenidos y director de Suite Información.
Ver todas sus noticias

