Paloma Postigo Pérez. Suite Información.- Estás sentada en una terraza y algo te llama la atención tanto como para volver la vista y mirar a una persona en concreto, alguien que destaca entre los demás.
Llamar la atención nos gusta a todos ,incluso a los tímidos, despertar un poco de envidia de vez en cuando no nos viene nada mal. Engorda nuestras ganas de proyectarnos, sentimos una felicidad orgullosa.
Y viene el pero, claro, porque no todo lo que percibimos es real.
Estoy sentada en un bar de El Palmar, Cádiz.
Algo me llama la atención. Vuelvo la cara y descubro que, envuelta en un sinfín de colorines y rayas, despeinada cuidadosamente y con un mojito en la mano… sí, es mi amiga, esa que no perdona si llegas dos minutos tarde, esa que no bebe más de una cerveza, y a la que la viste un enemigo, por lo poco acertada que suele ir.
Ella me ve y abre una sonrisa que jamás había usado conmigo, me da un abrazo apretado y se echa el pelo hacia atrás como para dejar ver la gargantilla turquesarosaamarilllaverde que lleva pegada al cuello.
La abrazo también, sin tener claro si es la hermana gemela de mi amiga, y aprovecho entonces para verla de cerca y asegurarme.
Cubierta de colorines combinados sin sentido y con el pelo revuelto pero estudiado con muy poca gracia, puse en marcha, sin querer queriendo, mi máquina de asesoramiento estético.
No puedo justificar nada de lo que lleva, imposible sacar, estilísticamente hablando, nada positivo porque estaba vestida de idiota, literalmente.
Entiéndase Idiota como adjetivo: Engreído sin fundamento para ello (RAE).
Sin embargo, seguimos conversando y llegó a sentarse conmigo, cosa que nunca antes me hubiera apetecido, no por su look, sino por su carácter apagado y monocromo.
Pasaban los minutos y la percibía cada vez más atractiva, simpática, polícroma, viva, y, de repente , la ropa le sentaba genial.
Usar la ropa y los accesorios para ser más auténticos debería ser parte de las terapias sicológicas. Según la usemos , nos aporta o nos apaga.
Los asesores debemos estar al día en cuestión de tendencias, pero descubrir esa hermana o hermano gemelo es fundamental a la hora de acertar en nuestro trabajo. De ello depende nuestro éxito: que el cliente sienta felicidad y despierte miradas furtivas.
¿Pasear entre la gente con buenas sensaciones , casi flotando , sintiéndonos únicos, después de elegir nuestro disfraz cada día, nos hace más idiotas?
Va a ser que no.


