Xavi Altamirano. Suite Importación.– A la izquierda más manejable ya la vemos venir de lejos. Es esa izquierda ridícula, manifiestamente manipulable por cualquier impresentable con el mecanismo mental de una «boina», como es Rufián, que ha deducido — él solito — que como las manifestaciones más cafres y violentas favorecen el voto de VoX, entonces ve claro que las están organizando la extrema derecha; todo un lince. Pero no creáis: otros siguen diciendo que Trump seguro que tiene algo que ver con lo de anoche en Bilbao.
Permitirle a un tío como Rufián, hijo de Antonio Rufián, de La Bobadilla, pedanía de Alcaudete (Jaén), y de Pepi Romero, de Turón, precioso sitio de la Alpujarra, que nos tome a todos por gilipollas es para nota. Que este, definido en su tierra adoptiva como charnego, que nos lleva convenciendo toda la vida de su muy profundo sentimiento independentista, se postule con toda la cara como posible líder de la izquierda nacional, es definitivamente la demostración de que es un «agarra todo lo que pueda», vaya a ser que me quede sin sitio.
Ya saben que no van a tener ninguna posibilidad de chollos a cambio de sus votos, porque no van a decidir nada y lo saben muy bien, aunque hagan declaraciones optimistas con los resultados que ni siquiera sueñan para el día 29. Se van a quedar con los más insignificantes escaños del hemiciclo; se pegarán por disfrutar de ese tiempo de intervenciones que a nadie le importa.
Todo esto lleva a la izquierda a tener este mal perder que están demostrando, llamando a las bandas de chorizos que manipulan, para que incendien las calles, como dijo alguien, y a Manuela Bergerot gritando eso de «en las calles no va a haber paz». A esta señora, el colectivo de magníficos argentinos que viven inmejorablemente en nuestro país, que es el de ellos, debería mandarla de vuelta a La Plata, Argentina, que es de donde vino.
Los sanchistas han tirado la piedra y han escondido la mano, pero les ha explotado en la cara. No han calculado que la gran mayoría de socialistas de bien que forman parte de esos 150.000 afiliados al PSOE no son «mamanabos» y ven ilógico empujar a los cafres a quemar las calles y saquear negocios. «Son gente de bien», no son mamarrachos como esta patulea de ministros que ha puesto Sánchez al frente de ministerios innecesarios.
Estos imbéciles nos quieren hacer creer que tras los hechos de anoche en Bilbao, está la mano de Netanyahu animando a los mangantes a robar en la tienda de Apple, o Santiago Abascal regalando capuchas para que le revienten los actos, o incluso Trump preocupado por los perros flauta.
Todo lo que están liando les ha resultado muy fácil de organizar: les ha bastado con enviar mensajes a las «hordas» de mangantes y descerebrados — que tienen muy a mano — y dar las órdenes oportunas a las Delegaciones de Gobierno para que no den ni los medios imprescindibles a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
Pero no está bien calculada la jugada.
Y ya no pueden pararla.



