Xavi Altamirano. Suite Información.- Se suele decir — con más mito que ciencia, pero con gran fuerza simbólica — que los pitbull tienen un umbral del dolor extraordinariamente alto, que aguantan, resisten y soportan, sin inmutarse, lo que otros no tolerarían ni unos segundos. No es tanto una cuestión biológica como una metáfora, que hoy me sirve para comparar.
Porque, si hay un lugar donde ese concepto cobra sentido real, es en el cutrerío de la España de hoy.
Aquí no hablamos de resistencia física, sino de algo más sofisticado, la capacidad de la sociedad para absorber escándalos políticos aberrantes sin que pase absolutamente nada. Una especie de anestesia colectiva que convierte lo extraordinario en rutina y lo grave en un leve ruido de fondo. Lo que viene siendo “estar agilipollados”.
En este contexto, el Partido Socialista Obrero Español lleva tiempo instalado en una dinámica en la que cada nueva polémica parece no ser la última, sino simplemente la siguiente. Casos, investigaciones, titulares… y, sin embargo, la vida sigue. No hay ruptura. Nadie reacciona. Apenas hay consecuencias perceptibles en el día a día político ni social inmediato. Nadie levanta la voz.
Y lo más llamativo no es solo lo que ocurre fuera, sino lo que sucede dentro.
Ahí aparece Emiliano García-Page, una figura que parece haberse especializado en un género muy español, » la crítica feroz sin abandono del cargo «. Sus declaraciones son, en ocasiones, de una dureza que rozaría la ruptura… si no fuera porque nunca se materializa en nada más que palabras. Yo no tengo ninguna duda en llamarlo bocazas, ya que estar rajando de los tuyos mientras no abandonas tu sueldo es de ser muy poco de fiar. Con Susanita también hemos descubierto que ha tapado toda la mierda del congreso del intento de pucherazo, mientras ha estado chupando del bote público en el Senado y paseándose por los programas de tertulias televisivas; menos mal que Risto Mejide la ha puesto en su sitio.
Podemos resumir diciendo que, por más ministros y asesores puteros, por más presuntos delitos por los que procesen a la primera dama del sanchismo, por más mierda que se levante, aquí no pasa nada. Ellos siguen cobrando y la sociedad callando.
Imaginaos cuando el PP con sus torpezas, levante la alfombra de este sanchismo.
Y, mientras tanto, la sociedad seguirá agilipollada.
España no estalla. España aguanta.
Aguanta como ese pitbull al que le han enseñado a resistir sin quejarse. Aguanta hasta que ya no sabe exactamente qué debería dolerle.
Con nuestra gilipollez le hemos dado cuerpo al concepto de «umbral de la tolerancia».



