
Manuel Recio Abad. Suite Información.- Desde los albores de la tauromaquia, desde siempre, los más jóvenes soñaron con ser un día matadores de toros, emulando a sus ídolos a los que vestidos de luces en las plazas de toros o vestidos de corto en el campo, veían torear ante la admiración y el aplauso del público. Desde niños se sintieron y aún se sienten…toreros.
La formación humana de ese niño va a ser diferente porque todos los días irá creciendo en responsabilidad, compromiso y valor. Aceptará las reglas eternas del buen hacer ante la cara de un astado con sangre brava. También ante la vida y desafiará a quienes le ven excesivamente joven como para correr ese riesgo que consiste ni más ni menos que en vivir o morir. ¿Hay algo más importante en el desarrollo de un ser humano que crecer aceptando lo fútil de nuestra existencia y aprender a ganar su vida en la pelea ante la posibilidad de que sus días acaben antes de tiempo?.
La infancia y la adolescencia sufren en un alto porcentaje entornos donde son testigos o víctimas de violencia. Esto puede provenir de familiares, educadores o incluso compañeros. También el acoso escolar puede tener efectos devastadores en la salud mental de los jóvenes, llevando a problemas como ansiedad, depresión y baja autoestima e incluso el suicidio.
La falta de recursos básicos como son una correcta y suficiente alimentación, vivienda y educación afecta el desarrollo emocional y físico de los niños y adolescentes. No digamos el daño que les está causando el acceso a las redes sociales. Aunque la tecnología tiene innegables beneficios, el uso excesivo y el ciberacoso son problemas crecientes que pueden afectar gravemente a su salud mental.
Así mismo sufren una enorme presión para llegar a cumplir con estándares sociales de belleza, éxito académico o aceptación social, lo que les puede generar altos niveles de estrés y ansiedad. Si a todos estos efectos nocivos le unimos la falta de apoyo emocional y la ausencia de adultos que brinden una ayuda real y efectiva de orientación, puede conducir a serios problemas de salud mental.
Para las “ilustres cabezas pensantes” de quienes nos gobiernan, todo lo ya expuesto les parece peccata minuta, faltas pequeñas y fijan su objetivo de cuidados paliativos en tratar de evitar que los menores de edad asistan a espectáculos taurinos y se les impida participar en ellos.
Craso error. Una equivocación garrafal pues precisamente está demostrado que vivir y sentir la tauromaquia reporta a niños y adolescente una importantísima semilla formativa, asumiendo valores que han permanecido inalterables durante siglos, una verdadera puesta a punto para mejor entender la vida, sus riesgos, el auto control y la superación del miedo frente a la adversidad.
Muchos de los grandes matadores de toros de la historia comenzaron su andadura lidiando becerros, a menudo en escuelas taurinas o festivales, forjando su estilo desde una edad muy temprana antes de convertirse en figura del toreo. Son ejemplos destacados de ello Juan Belmonte, José Gómez “Gallito”, Manolete, Enrique Ponce, Morante de la Puebla, José Tomás, Roca Rey…
Señores políticos de ultra izquierda, dejen de prohibir y preocúpense de verdad por cuidar de la salud mental de los más jóvenes, su estabilidad emocional, su correcta formación y procuren eliminar los estigmas sociales que les afectan ,implementen políticas públicas en programas que formen a los jóvenes sobre su propia salud mental y habilidades sociales, creando espacios seguros donde los niños y adolescentes puedan expresarse y decir lo que piensan, oírles antes de legislar con medidas absurdas y así detectar y abordar problemas reales antes de que se agraven.
Y de paso un consejo: saquen sus sucias manazas de la sagrada tauromaquia de una vez.


