Manuel Recio Abad. Suite Información.- Esta ha sido la opción planteada por el candidato del Partido Popular Juan Manuel Moreno durante la campaña de las pasadas elecciones autonómicas en Andalucía. Esta sorpresiva dualidad opcional merece atención especial y análisis atendiendo sobre todo a los 576.635 votos obtenidos por VOX, un 13,82 % y quince escaños conseguidos por esta formación.
La expresión “socialismo azul” aplicada al Partido Popular ha surgido desde sectores liberales y conservadores, más o menos duros, pero provenientes de posiciones ideológicas idénticas a las que mueven a votar al partido que en Andalucía lidera Juanma Moreno. Esa derecha es crítica al considerar que el PP, pese a presentarse como un partido de centroderecha, ha mantenido muchas, demasiadas estructuras, políticas, económicas, fiscales y sociales propias del modelo socialdemócrata, que ahora llaman progresista, impulsado históricamente por el Partido Socialista Obrero Español.
Esto no significa que ambos partidos, PSOE y PP sean idénticos, pero sí puede entenderse por un sector del electorado más conservador, que comparten una base de consenso político y económico en aspectos esenciales del Estado. De ahí parte la idea de que el PP aparente ser un PSOE con matices, especialmente en cuestiones como el gasto público, la estructura autonómica, la presión fiscal o el aumento elefantiasico de la administracion y el creciente número de profesionales de la política.
Son muchas las coincidencias ideológicas y programáticas que comparten PSOE y PP. Coinciden en los criterios aplicados en la defensa del llamado Estado del bienestar. Políticas idénticas en materias fundamentales como son la sanidad, la educación pública y su financiación masiva y el sistema público insostenible de pensiones subvenciones y ayudas. Solo se distinguen en ciertas formas de gestión y en el grado de mayor o menor intervención, pero en nada se diferencian en el modelo general.
Ninguna de las dos formaciones propone una reducción drástica del tamaño del Estado. Esto lleva aparejada una alta presión fiscal para el sostenimiento del gasto público.
El PP ha prometido bajadas de impuestos, pero cuando ha llegado al gobierno ha mantenido gran parte de la estructura tributaria creada por el gobierno socialista anterior, subiendo impuestos en momentos clave, sin importarle la situación económica de la ciudadanía, manteniendo los mismos niveles de gasto público.
Un claro ejemplo de lo expuesto fue la subida del IVA y de otros impuestos por el ministro Montoro, durante el gobierno de Mariano Rajoy. Esto hizo inevitable la percepción de que el PP no estaba aplicando políticas auténticamente liberales.
Otra coincidencia se produce en relación al Estado Autonómico, permitiendo un crecimiento institucional regional que provoca en no pocos casos duplicidad legislativa, gastos desorbitados y obstrucción en la gestión administrativa que en nada favorece a los intereses ciudadanos. Es lógico que para sectores críticos, ambos partidos han contribuido por igual al aumento del gasto político y burocrático.
En política europea se han hermanado, no sólo por ser profundamente partidarios de la UE, defendiendo a ciegas la integración. Además votan juntos todas las propuestas parlamentarias. Puede decirse que las aceptan y refrendan al alimón.
En materia económica ni PSoE ni PP defienden una economía plenamente liberal, pero sus privatizaciones masivas han terminado por debilitar profundamente al aparato productivo estatal.
Tanto gobiernos socialistas como populares han incrementado la normativa, ampliado la regulación empresarial e impuesto más controles administrativos ,de manera que muchos empresarios consideran que las diferencias prácticas entre ambos partidos han sido menores de lo esperado.
Sólo en sus programas marcan diferencias reales de relevancia.
El Partido Popular defiende reducción de impuestos, más apoyo a la empresa e iniciativa privada y una menor carga ideológica en la economía. Sus críticos sostienen que luego no ejecuta esos planteamientos con profundidad ni modifica una sola de las leyes de inspiración e imposición socialista, pues acepta, parece ser que con agrado, marcos legislativos ya establecidos.
¿Por qué cala tanto la expresión “socialismo azul”? Quizá sea debido a que una gran parte del electorado de derecha esperaba del PP otras políticas tales como una reducción profunda del Estado, mayor simplificación administrativa, reducción del gasto, bajadas fiscales estructurales y unas reformas liberales
más ambiciosas.
Sin embargo cuando gobernó el PP administró el mismo sistema, sin desmontar las estructuras creadas por el PSOE y por si fuera poco, terminó consolidando demasiadas políticas de claro matiz socialdemócrata.
Por eso se popularizó la idea de que “el PSOE crea estructuras y el PP las conserva”.
Las diferencias entre PSOE y PP siempre han existido, pero muchas veces han aparentado ser más de intensidad, estilo o prioridades culturales que de ruptura total del modelo. Por eso algunos analistas consideran que España ha tenido alternancia política, pero no un cambio profundo de sistema económico-administrativo entre gobiernos.
Ni mayoría absoluta ni lío. Lo que en realidad hace mucha falta son acuerdos programáticos leales sobre políticas diferentes, alejadas del populismo progresista, sin complejos, poniendo a cada cual y cada cosa en su sitio, vertebrando así el cambio que votación tras votación los españoles están pidiendo a gritos.


